Opinión

ARIEL HIDALGO: El gran hastío

Partidarios del senador Bernie Sanders expresan su apoyo al candidato demócrata en Concord, New Hampshire, durante las primarias del martes pasado.
Partidarios del senador Bernie Sanders expresan su apoyo al candidato demócrata en Concord, New Hampshire, durante las primarias del martes pasado. AFP/Getty Images

La agudización de los grandes conflictos de nuestro tiempo está conduciendo a una radicalización en ambos polos del pensamiento político y esto puede apreciarse muy claramente en la campaña por la candidatura presidencial 2016 de los Estados Unidos. El aspirante republicano Donald Trump con sus propuestas ultraconservadoras y el demócrata Bernie Sanders con su programa de socialismo democrático, dan fe de ello. El que los dos –para sorpresa de sus rivales correligionarios– hayan alcanzado amplio respaldo del electorado en sus respectivas organizaciones, es indicativo de un gran hastío de amplios sectores hacia el establishment, hacia el sistema y los políticos tradicionales.

Sin embargo, suele decirse que esas posiciones extremas que ganan respaldo en el seno de sus propias bases, no tienen luego el mismo resultado en las elecciones generales, porque participan electores de todos los partidos y sobre todo, los independientes, en su gran mayoría, moderados. De ahí que los superdelegados de ambos partidos generalmente se inclinen a favorecer, entre los aspirantes, ya sean conservadores o liberales, a los más comedidos o pragmáticos, esto es, candidatos que tendrían mayor posibilidad de ganar al partido rival en unas elecciones presidenciales. De acuerdo con esta teoría, aquellos con más probabilidades de ser nominados serían, Hillary Clinton por los demócratas, y republicanos como Marco Rubio, joven carismático, también conservador pero que no llega a los extremos de Trump y Ted Cruz. Sin embargo para que estos posibles favoritos puedan ser nominados, requieren un suficiente respaldo de las bases electorales al mismo nivel o superior al de sus contendientes.

Pese a la buena lógica de este razonamiento, en las elecciones de New Hampshire, el único estado donde los independientes pueden votar en elecciones de primaria –lo cual puede considerarse como muestra anticipada de lo que podría ser el resultado de unas elecciones generales–, las victorias de Sanders y Trump fueron aplastantes, el primero con 60 por ciento contra 38 de Hillary y el segundo con 35 por ciento, 18 puntos por sobre el aspirante del segundo lugar.

Si miramos bien, ambos ganadores, pese a sus propuestas diametralmente opuestas, tienen mucho en común: se diferencian del resto de los políticos en sus expresiones políticamente “incorrectas”, son las ovejas negras de ambos partidos, y sobre todo, ambos ofrecen, por caminos diferentes, soluciones extremas o radicales a los conflictos nacionales. Pero lo realmente importante no son sus propuestas sino el hecho de que hayan recibido tan amplio respaldo, lo cual refleja la inconformidad de gran parte del electorado con el status quo. El hecho fue captado inmediatamente por la derrotada aspirante demócrata, quien expresó al reconocer la victoria de su contendiente: “La gente está enojada”.

Incluso los precandidatos republicanos que más se han acercado a Trump en número de votos, como Ted Cruz, y hasta el propio Rubio, provienen del Tea Party, un movimiento contestatario que ha criticado a ambos partidos. Si ninguno de ellos logra aminorar la distancia que los separa de Trump, es muy posible que éste sea el nominado. Esto último sería casi catastrófico para los republicanos por las probables divisiones que se generarían en el propio partido. Y si a pesar de todo no es nominado, se arriesgan a que corra de forma independiente como ya ha amenazado antes, lo cual dividiría al electorado republicano frente a los demócratas. Y en el caso de Sanders, del cual se alega que tiene ya una edad avanzada para ser presidente, aun cuando no sea nominado, será ya inevitable que su mensaje cale hondo, y genere un gran movimiento que sería una contrapartida del Tea Party republicano. Porque lo verdaderamente importante no es su edad, sino la marejada de jóvenes que lo apoyan –alrededor del 83 por ciento–, lo cual puede considerarse la generación del relevo. Ese relevo empezará muy pronto a tocar la puerta de la Historia.

Escritor e historiador.

Concordiaencuba@outlook.com

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