Opinión

EMILIO J. SÁNCHEZ: Elogio de Miami 21

En Aura (1962), joya de relato del mexicano Carlos Fuentes, la protagonista se queja de las nuevas construcciones que aprisionan las casas coloniales del centro histórico de Ciudad de México. “Es que nos amurallaron, señor Montero. Han construido alrededor de nosotras, nos han quitado la luz”.

Las aberraciones urbanísticas ocurren en todo el mundo. Estados Unidos no es excepción, mucho menos el condado Miami-Dade. La diferencia es que en este país la Primera Enmienda permite el flujo libre de opiniones y la prensa aún se precia de ser “perro guardián”, destapando escándalos, alertando y denunciando para beneficio de los ciudadanos. Fue la prensa (The Boston Globe), no la Policía, la que destapó el caso de los curas pederastas en el 2002, que recoge espléndidamente la multinominada a los Oscar Spotlight, de Tom McCarthy.

Imperfecta y admirable democracia

Aquí todavía los electores pueden interpelar a sus gobernantes, ponerlos bajo escrutinio y premiarlos o castigarlos con su voto. Las sesiones del Congreso —federal y estatal— son públicas y abiertas, y actualmente transmitidas en videostreaming.

Es cierto: no siempre votamos por el mejor (a veces solo hay peores) y la mayor parte de las veces nos ignoran. Es la democracia: imperfecta, pero admirable en su solidez.

En América Latina son los sobornos millonarios los que con frecuencia trazan el mapa de ciudades y barrios. Caso aparte merecen los regímenes autoritarios, donde el líder-caudillo decide, según sus inspiraciones, el enclave de un pueblo y la ruta de una supercarretera. La gente ni siquiera se plantea la posibilidad de cuestionar la palabra del jefe, presentado como genial, sabio y especialista en todos los campos del saber. Los ejemplos de Cuba y Venezuela son contundentes.

En todos los casos los daños al entorno arquitectónico, a la calidad de vida de los ciudadanos y al ecosistema son irreparables. Este es el efecto que, precisamente, buscaba evitar Miami 21 cuando se aprobó en el 2010.

Pues bien, este periodista debe reconocer —a contrapelo de lo que escribió días atrás— que el proyecto de ciudad del futuro (bella, acogedora, habitable, respetuosa de sus vecindarios) no es aún letra muerta. A juzgar por la audiencia del 28 de enero en el ayuntamiento de la Ciudad de Miami, el Plan Maestro es suficientemente reconocido como para que los escépticos crónicos, como yo, revisen su opinión. Con todo, su vigencia y aplicación no está libre de embates. Por ejemplo, se han hecho ya cerca de 500 modificaciones: por este camino pudiera convertirse en algo muy diferente al texto original.

El que calla, pierde

Lo anterior se puso de manifiesto durante la primera parte de la audiencia, que tuvo como punto central la propuesta de cambio de zonificación en la Isla Watson.

Detrás de la petición estaba Nautilus Enterprises LLC y la compañía de hidroaviones Chalk, interesados en construir una base de naves, proyecto que no autorizaban los códigos de Miami 21. Durante el debate, de más de tres horas, el Plan Maestro fue llevado y traído por partidarios y opositores. Finalmente la Comisión votó 4 a 1 a favor de la rezonificación del terreno, antes designado como espacio para parques. En lo adelante se permitirían instalaciones públicas y de transporte.

Frank Carollo fue el único que votó en contra de la rezonificación y cuestionó la validez del contrato existente desde 1926 entre Chalk y la Autoridad de Deportes y Exposiciones de Miami (MSEA). "Discrepo con la forma en que todo esto se ha hecho", dijo Carollo. "Son propiedades frente al mar, de las más valiosas de la ciudad, y su uso nunca fue sometido a consulta popular".

En efecto, los comisionados obviaron decisiones de la Ciudad sobre la necesidad de un referendo para este caso. Salvo cierta resistencia de Miami Beach por la posible congestión de tráfico, los residentes de la isla no manifestaron objeciones de peso. Miami 21 fue esquinada y los empresarios se salieron con la suya.

Pecado de rezonificación

La segunda parte se enfocó mayormente en una petición de cambio de zonificación de una parcela en la 13 avenida y 22 Terrace del SW. La empresa 1300 Coral Brickell LLC planeaba levantar allí un garaje desproporcionado y, de paso, agigantar la estructura de un proyecto habitacional en Coral Way. Cinco audiencias habían tratado el asunto, sin que pudiera llegarse a una conclusión.

Los vecinos, convocados por Luis Herrera, presidente de Vizcaya Roads Homeowners Association, hicieron numerosas intervenciones para rechazar el cambio, alegando efectos negativos como congestión de tráfico, ruido, polución y precedente para construcciones gigantes. Miami Neighborhoods United, una coalición de 18 asociaciones, manifestó su oposición a través de su vicepresidenta, Graciela Solares.

El abogado contratado por la empresa repitió el sonsonete engañoso de siempre, prometiendo villas y castillas.

Los comisionados decidieron por consenso rechazar la petición. Tomaron en cuenta la preocupación generalizada sobre los efectos negativos en el estilo y calidad de vida de los residentes, y sobre todo el peligro de sentar un precedente que incentivara la construcción de construcciones similares.

Descartes al rescate

Los asistentes sintieron esta vez un ambiente de mayor receptividad por parte de los comisionados. Frank Carollo y Francis Suárez —como es de esperar en representantes de distritos— comprendieron el fundamento de las preocupaciones de los electores. Al mismo tiempo, como políticos, pensaron más allá y consideraron los efectos de una mala decisión para la ciudad y el condado. No obstante, trataron de buscar alternativas e instaron al empresario a que presentara otro proyecto, respetando los códigos y el interés de los residentes.

Como encargado del distrito 3, Carollo llevó la voz cantante en este segmento de la audiencia; se mostró atento al escuchar las intervenciones de todas las partes y subrayó la necesidad de “escuchar la voz de los residentes”. Tuvo momentos destacados, como cuando —sin mencionar a Descartes— defendió la “duda metódica” como hábito profesional y por ello justificó y hasta compartió el escepticismo de los vecinos. El comisionado fue quien propuso, al hacer balance de pros y contras, denegar el cambio solicitado. Otro momento singular fue cuando ripostó al abogado de la empresa, quien se sorprendió de la decisión: “¿Y por qué no podríamos rechazar esta petición?”.

Francis Suárez apoyó la moción de Carollo, se solidarizó con las preocupaciones expresadas y fue más allá. Aunque ponderó el valor de Miami 21, admitió que tiene fallos que sirven de base a peticiones impropias de empresarios. Propuso entonces elaborar una enmienda que permitiera la construcción de estacionamientos de altura comparable con las viviendas adyacentes pero sin modificar la zonificación. Tal enmienda debe de favorecer a los dueños de casas de toda la ciudad de Miami. “A aquellos que pidan cambio de zonificación, les recomiendo que hablen primero con los vecinos”.

Un par de lecciones

Comisionados, vecinos y funcionarios, por igual, apelaron a Miami 21 para enmarcar el debate, aclarar una información o apuntalar un argumento.

Ken Russell se acaba de estrenar como comisionado y se le nota la bisoñez. Pero tuvo una intervención memorable cuando propuso que, en caso de levantar el edificio, se preservaran los árboles del área (caobas y cedros). Esa conciencia ecológica debería imitarse por los políticos.

Fue en verdad un final feliz después de una batalla de casi un año. Y esta vez Miami 21 cumplió su formidable misión de escudo.

Esa noche, más que nunca, brilló Beba Sardiña Mann, de Silver Bluff Homeowners Association, quien ha sido portavoz y guía experimentada en las demandas de los ciudadanos. Junto a su esposo, Paul Mann, se entregó a esta causa con inteligencia, integridad y pasión. Años atrás fue contrincante de Carollo en el puesto vacante de comisionado. Beba tiene pedigrí mambí y se le nota. Su bisabuelo fue el Mayor General del Ejército Libertador y presidente de la República Cuba Mario García Menocal. Sería una formidable servidora pública en cualquier puesto de la ciudad, el condado o el estado.

La persistencia de los vecinos y la decisión correcta de la Comisión dejaron un par de importantes lecciones. Una: hay que respetar los códigos sobre todo en beneficio de los residentes. Otra: las empresas y sus abogados no siempre pueden sobornar a los políticos.

Sí, fue una buena noche. Conversé con algunos amigos y todos mostraban un sentimiento de felicidad compartida. Acaso sin saberlo, habían sido protagonistas de una experiencia de civismo democrático. Impidieron que les arrebataran la luz.

Periodista, exprofesor universitario.

emilscj@gmail.com

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