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Opinión

SERGIO MUÑOZ BATA: Unidos contra la barbarie


Una mujer alza un cartel que dice: “Yo soy Charlie, yo soy judía, yo soy musulmana, yo soy francesa”, en una manifestación el domingo pasado en París en protesta por el ataque a la revista Charlie Hebdo.
Una mujer alza un cartel que dice: “Yo soy Charlie, yo soy judía, yo soy musulmana, yo soy francesa”, en una manifestación el domingo pasado en París en protesta por el ataque a la revista Charlie Hebdo. AFP/Getty Images

Si creyeron que iban a silenciar la libertad de expresión se equivocaron; si pensaron que iban a intimidar a la gente erraron; si imaginaron que iban a dividir a los seres humanos se engañaron. Este miércoles, cuando el semanario satírico Charlie Hebdo salga a la venta en las calles de París tendrá más lectores que nunca en su historia. En vez de imprimir 60 mil ejemplares que tradicionalmente imprimían sus editores han programado una edición de 1 millón de copias con un propósito deliberado: mostrar que los lápices de un puñado de hombres libres son armas infinitamente más poderosas que las balas con las que un par de fanáticos intentaron restringir la libertad de expresión.

El periódico Liberation ha cedido espacio en su redacción para que el personal de Hebdo pueda trabajar; Le Monde les ha facilitado las computadoras, impresoras y los lápices que necesitan. Google, el gobierno francés, samaritanos e inversionistas privados les han dado suficiente dinero para superar la emergencia y mantener la publicación por tiempo indefinido. Así mismo, el número de suscriptores se ha multiplicado.

Cuentan también con el respaldo de millones de personas que por todo el mundo han manifestado su solidaridad con las víctimas, y su repudio a los intolerantes que por la fuerza buscan imponer su intransigente y deformada visión del mundo. En un hecho sin precedente en la historia, este domingo en París, la manifestación popular en contra del yihadismo terrorista convocó a más de un millón y medio de personas, incluidos los jefes de estado de 50 países.

En los trágicos sucesos de principios de enero en Francia no hubo un enfrentamiento entre dos civilizaciones como algunos precipitados se han apresurado a diagnosticar. Lo que hubo fue un acto de barbarie de un trío de salvajes en contra de 17 víctimas inocentes. ¿Cómo puede nadie atribuirles un grado de civilización a tres cretinos que se expresaron a balazos? Los tres fanáticos que sembraron el terror en la redacción de Charlie Hebdo y en el mercado de París, no representaban a ninguna comunidad civilizada sino a una banda de asesinos apátridas que profanan a una religión que no prescribe ningún castigo a quien blasfema. En el Corán no se hace mención de la palabra blasfemia. Los gobiernos musulmanes totalitarios que practican los castigos corporales lo hacen por razones políticas.

Hoy el mundo entero ha salido a manifestarse contra los violentos. Los judíos han proclamado orgullosamente su judaísmo y los musulmanes han exigido a los bárbaros que dejen de hablar en su nombre.

A unos días de la tragedia no sólo han sido los diarios de Occidente los que han manifestado su solidaridad con las víctimas. En El Cairo, Beirut, Rabat, Ramala, no han faltado voces condenando los asesinatos en Francia y apuntando que este tipo de acciones violentas en nombre de la religión son las que distorsionan la imagen del islam. “Han clavado un puñal en el corazón del islam y de los musulmanes en el mundo entero”, escribió el editorialista de un diario en Marruecos.

El líder del grupo chiita Hezbollah dijo el viernes que los terroristas islamistas han hecho más daño al islam que cualquier caricatura o libro, refiriéndose al ataque de presuntos militantes islamistas a los caricaturistas de Charlie Hebdo. Hassan Nasrallah dijo que los “grupos terroristas takfiri” habían insultado al islam más que “aquellos que han atacado al mensajero de Dios a través de los libros o películas que muestran al profeta en caricatura”.

El clamor es universal. “No solo la ‘Civilización de Occidente se está movilizando contra las organizaciones terroristas islámicas”, escribió Zvi Bar’el en el periódico israelita Haaretz, “la ‘Civilización Islámica’, está haciendo lo mismo visualizando el terrorismo extremista como un peligro a su cultura y a su reputación”. Pero el riesgo subsiste porque hay fanáticos que dicen que les ofende una caricatura y sin embargo no les ofende el desamparo de los desplazados en Siria y Líbano. Son terroristas cuya meta es polarizar más a la sociedad, dividirla porque más que celo religioso lo suyo es una acción política.

Para honrar debidamente a los muertos, hoy más que nunca, los medios occidentales tienen que renunciar a la autocensura en respuesta a las amenazas de extremistas.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de enero de 2015, 2:00 p. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Unidos contra la barbarie."

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