Opinión

CARLOS DUGUECH: La Kalashnikov de ‘Dios’

Es una de las más difundidas armas de asalto en el mundo y originada en la URSS de los tiempos de la posguerra (IIGM) gracias a la inventiva de su creador cuyo nombre la identifica. Mayoritariamente utilizada por grupos guerrilleros, es el arma con la que tres terroristas segaron la vida de 12 personas, en París (que no “era una fiesta”, a lo Hemingway). La revista satírica Charlie Hebdo (¿se prohibirá ese estilo periodístico?) pagó con muerte violenta la osadía de su originalidad en el ejercicio libre de la prensa, nada menos que en Francia, la que deviene de su estructura recordada de 1789, en tiempos de su revolución.

La angustia, tristeza y humillación de los parisinos por la ocupación de los militares nazis iniciada en 1940 (la liberación recién se produjo en 1945) se repitió casi de igual modo frente a esta tragedia llevada a cabo por tres fundamentalistas autoidentificados de confesión islámica. El Islam, la religión nacida con Mahoma (siglo VII) tiene múltiples rostros. El que se perfila a través de las exaltadas palabras de los asesinos en París con su “allahu akbar” (Dios es grande) y el de los que lo profesan –aunque de variadas formas– en actitud religiosa y sin agresiones a los no creyentes de esa religión o a los seguidores de otra distinta. Los fundamentalismos religiosos, los ideológicos, los de cualquier tipo (desde lo atinente al mercado y hasta los ligados con el deporte mismo) son la peor expresión de la capacidad humana para el mal, para los demás. Si los periodistas y caricaturistas del semanario francés asesinados –en un ejercicio de sana imaginación– pudieran plasmar en sus páginas lo sucedido, dibujarían a un dios barbado, probablemente, empuñando no una sino varias Kalashnikov al grito de “soy el grande” disparando a diestra y siniestra sobre toda la humanidad no creyente.

Ese dios ni es el de los cristianos, ni el de los judíos ni el de los islámicos. Es una monstruosidad generada por la locura fundamentalista. Para desterrar este terrorismo enlazado a lo religioso sería, entre otras cosas, muy útil que en el mundo se repita la experiencia del Instituto Islam para la Paz con sede en Buenos Aires. En su comunicado del 7 de enero, expresaba: “El Instituto Islam Para la Paz condena y expresa su más enérgico repudio contra el atentado a la revista satírica francesa Charlie Hebdo, que causó la muerte de 12 personas. Asimismo las autoridades del Instituto desean manifestar su profundo pesar a los familiares, allegados y a toda la ciudadanía francesa, así también como su solidaridad”.

En el comunicado hacen mención de la Conferencia sobre la lucha contra el terrorismo, que se llevó a cabo en la Universidad Al Azhar, El Cairo, los días 3 y 4 de diciembre de 2014. Es de destacar lo que reproducen ahora: “Todos los grupos armados y milicias sectarias que utilizan la violencia y el terrorismo contra los hijos de una nación, utilizando banderas religiosas, son condenados sin reservas, como una realidad que no tiene nada que ver con el Islam. Aterrorizar a quienes están desarmados, asesinar a los inocentes, asaltar las propiedades y lugares sagrados, son crímenes contra la humanidad que el Islam condena sin excepción. Estos crímenes no solamente contradicen a las enseñanzas del Islam, sino que también distorsionan la imagen de una religión de paz y unidad, una religión de justicia y hermandad humana”. En suma, una sensata y necesaria participación esclarecedora y convocante de una confesión religiosa interesada efectivamente en la paz. Sería necesaria, urgente, una conferencia universal de religiones por la paz. Pensamos en la capacidad convocante del papa Francisco.

Columnista argentino.

  Comentarios