UVA DE ARAGÓN: Cervantes est Charlie
Este año se cumplen cuatro siglos de la publicación del segundo tomo de El Quijote. Como hago cada cierto tiempo, a principios de enero comencé a releerlo, porque cada vez que regreso a este libro inagotable encuentro cosas nuevas. A la luz de los ataques terroristas en París, comprobé una vez más su vigencia.
Se trata de uno de esos casos en que el personaje sobrepasa la fama de su creador. Conviene, sin embargo, no olvidar a Cervantes. El escritor tuvo una vida difícil. Fue soldado, minusválido, preso varias veces, pobre, excomulgado, recaudador de impuestos —trabajo nada fácil— y poeta y dramaturgo frustrado. Nacido en España en 1547, sufrió la atmósfera de terror de la Inquisición que acosaba a los humanistas ilustrados y decretaba índices de libros prohibidos. Habían muerto los héroes medievales en la vida real así como en la literatura. Todos —pero muy en especial los judíos conversos— vivían con el constante temor de tener que demostrar su limpieza de sangre. Era, como ahora, una época de persecución religiosa.
Ante este cuadro, Cervantes sólo tenía como arma la pluma. Basta leer los primeros capítulos de El Quijote, para consagrarlo como un gran caricaturista. En la España cervantina se acostumbraba que los escritores pidieran a personas encumbradas versos laudatorios para las páginas iniciales de sus obras. Don Miguel inserta una serie de poesías burlescas con la firma de fabulosos personajes, de los mismos libros de caballería que ya en el prólogo nos ha revelado intentaría satirizar. La imprecisión sobre el nombre del personaje central y del pueblo de la Mancha donde reside (cuando los episodios en los libros de caballería solían ocurrir en tierras lejanas y exóticas) son muestras adicionales de cómo el autor se burla de las convenciones literarias. La quema de los libros representa asimismo una crítica a la censura que ejercía la Iglesia.
Es un lugar común considerar la obra cervantina como un contraste entre el idealismo de Don Quijote y el pragmatismo de Sancho, la locura y la cordura, la cultura libresca y la popular. Cierto, pero hay mucho más. De ahí que quizás pocos libros sean tan locales y universales, tan conocidos y desconocidos, tan analizados y mal interpretados, como El Quijote.
No por eso dejan autor y obra de encerrar aún misterios. Uno de ellos es si Cervantes era de origen judío. Algunos críticos aseguran que dejó claves en el texto de El Quijote, y que parte del éxito inmediato de la publicación se debió a que los judíos conversos descifraran en seguida los mensajes subliminales de la novela —el sutil guiño cervantino. Nada ha podido comprobarse, pero varios académicos defienden esta tesis. Algunos cuestionan incluso que Cervantes haya nacido en Alcalá de Henares, e insisten en que los apellidos Cervantes y Saavedra son nombres de dos pequeños pueblos de Galicia, cerca de las montañas de León, de donde especulan pudiera ser oriunda su familia
En realidad, es irrelevante que haya pertenecido a la casta de los conversos o no. Su pluma, pese a todas las dificultades personales y de la era que le tocó vivir, se alza como un monumento al valor imperecedero de la sátira y la libertad de expresión, que nadie podrá asesinar, jamás.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de enero de 2015, 2:00 p. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: Cervantes est Charlie."