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Opinión

DANIEL FERNÁNDEZ: Mitos: Piratas, guerrilleros, narcotraficantes

El actor Ray Stevenson interpreta al pirata , Blackbeard en la serie ‘Black Sails’, de Starz.
El actor Ray Stevenson interpreta al pirata , Blackbeard en la serie ‘Black Sails’, de Starz. TNS

La serie Black Sails (Velas negras), del canal de cable Starz, ha puesto de moda nuevamente a los piratas. Aunque posiblemente el tema nunca ha estado fuera del candelero, pues la estirpe de estos bandoleros sanguinarios casi desde sus inicios ha estado nimbada de un aura mítica que ha alimentado una saga de obras literarias y cinematográficas que glorifican al ladrón asesino. Con el mismo fervor, en nuestros días se glorifica a dos versiones contemporáneas del pirata: los guerrilleros y los narcotraficantes. Tiro Fijo y El Chapo figuran en la misma galería infamante que acoge a Morgan y a Barbanegra.

La Canción del pirata, de Espronceda, se corresponde con los “narcorridos” de hoy, y como anillo al dedo cae la comparación de los guerrilleros secuestradores de políticos, acaudalados, periodistas o simples ciudadanos con los piratas y corsarios que del siglo XVI al XIX hacía del secuestro un lucrativo deporte. La literatura cubana se inicia justamente con un poema sobre uno de estos secuestros, el Espejo de Paciencia (1608), de Silvestre de Balboa, donde un arzobispo es secuestrado por el corsario Gilberto Girón. Fidel Castro fue pionero de los secuestros modernos con el del famoso piloto de carreras Juan Manuel Fangio, y con el primer secuestro de avión, el del vuelo 495 Miami-Varadero, ambos en 1958, perpetrado por sus seguidores.

La historia de Cuba y de todo el Caribe ha estado siempre inmersa en la historia de la piratería, pues Morgan, Francis Drake y otros famosos asaltantes de los mares incursionaban en las ricas ciudades caribeñas robando, violando, asesinando y quemando. A veces por cuenta propia, o a veces a favor de algún gobierno que los protegía, y les cambiaba el nombre de piratas a corsarios, pues hacían del robo un acto de patriotismo. Igual “patriotismo” ostentan los guerrilleros de hoy.

Horrible nos parece, pero en realidad toda esa riqueza de las distintas metrópolis europeas eran resultado también de la piratería de los gobiernos que se apoderaron del continente americano, y con igual saña e inhumanidad, destruyeron las culturas, quemaron las ciudades, robaron sus riquezas, violaron a las mujeres y asesinaron a la mayoría de los nativos. Fue justo el Caribe la zona que primero perdió sus originales pobladores.

Podríamos ver, sin mucho ejercicio de la especulación, que la piratería y sus derivados (bucaneros, filibusteros, contrabandistas, negreros, etc.) no eran más que la respuesta violenta al poder legalmente violento y ladrón de las monarquías europeas; la respuesta de hombres (y hasta mujeres) que a veces habían pertenecido al ejército o la nobleza y que habían comprendido que era mucho más lucrativo arriesgar la vida para ganancia propia que para las arcas del rey y sus miñones.

Las guerrillas latinoamericanas, tan conectadas al narcotráfico, han tenido un barniz ideológico vagamente marxista, más los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que preconizaba la Revolución Francesa de 1789. Curiosamente estos ideales ya se encontraban en la primera “Constitución pirata”. En 1620, en la Isla Tortuga se creó la Cofradía de Hermanos de la Costa que promulgaba: “la igualdad entre sus miembros, la inexistencia de la propiedad privada y la libertad para abandonar la cofradía cuando se deseara”.

Parece que esto de las revoluciones y el marxismo es cosa de piratas. Si lo sabremos los cubanos que hace más de medio siglo tenemos una banda de piratas guerrilleros y narcotraficantes en el poder.

Volviendo a las Velas negras, el capítulo 205 incluye una escena que saca del clóset el toque homoerótico que tiene la panoplia de piratas, guerrilleros y narcotraficantes. Sin que el espectador estuviera preparado para el golpe, con toda la osadía que da el contar con un público cautivo y actores de primera línea, el machazo pirata (entonces aún militar) Capitán Flint (Toby Stephens), acepta el enamorado beso del aristócrata Thomas Hamilton (Rupert Penry-Jones), y luego hay una discreta escena poscoital de los dos héroes en su cama de placeres machos. Priceless!

Sin duda la piratería, la guerrilla y el tráfico ilegal (que en los siglos piratas era de ron, tabaco y armas) cobran relieve con el sexo. Dejamos atrás el mito del parche en el ojo, la pata de palo y el guacamayo en el hombro, para ver a los piratas con una mirada posmoderna, donde se comprende (¿y aplaude?) que los fornidos delincuentes paliaban la soledad de los mares con encuentros clandestinos en las bodegas o santabárbaras de los buques bajo la bandera negra. No olvidemos que aquellos aguerridos machotes, como nos muestra la serie televisiva, entre abordaje y abordaje, se hacían trenzas en las luengas cabelleras y crespos y tirabuzones en las tupidas barbas, y a veces eran tan extravagantes como el Jack Sparrow de los filmes Piratas del Caribe de la firma Disney.

Lo mismo puede decirse de algunos guerrilleros icónicos, como el Che Guevara, adorado por los homosexuales izquierdosos, que ignoran que fue un fascista, sanguinario perseguidor de libertades, entre ellas, las sexuales.

Los “barbudos” cubanos cuando bajaron de las lomas (el Che incluido), a falta de joyas de tesoros piratas, ornaban sus guerrilleras humanidades con rosarios, medallas de santos, collares de santajuana y otras semillas manigüeras, amén de distintivos, pasadores y brochecitos que prendían en sus boinas y uniformes. Esta pasión ornamental de los guerrilleros-piratas inspiró un bello cuento a Norberto Fuentes en su libro Condenados de Condado (1968), que fue censurado por orden explícita del pirata en jefe Fidel Castro. La moda se mantuvo por años, aunque declinó a partir del momento en que Raúl Castro se cortó su sospechoso “rabo de mula” que mucho dio que hablar en su momento.

La fascinación que ejercen los piratas de antaño y los guerrilleros o narcotraficantes de hoy quizá se deba a que, al igual que en siglos anteriores, muchos países no son más que saqueadores de sus propios pueblos o los ajenos, y ahora la corrupción es tanta en tantos gobiernos y es tal el abuso de las megaempresas globales, que no es una exageración decir que, lo mismo los de izquierda que los de derecha, los gobernantes no son más que piratas en el poder. Ahora sin los adornos ni los mitos románticos, sino con la dura realidad del robo constitucional y autorizado.

Puesto a elegir, el ciudadano de a pie, solo puede escoger entre los corsarios del gobierno que roban y abusan “como Dios manda” y amparados en las leyes, o los piratas de hoy: guerrilleros y narcotraficantes, de dudoso código moral y que, si llegan a tomar el poder, suelen terminar igual o peor que los “piratas legales” a quienes quitaron del trono. Y si lo duda, pregunte a cubanos, venezolanos, rusos… La trama política actual merece una serie como la de Velas negras, porque más negra no puede ser.

Crítico de arte y periodista cubano

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de marzo de 2016, 2:06 p. m. with the headline "DANIEL FERNÁNDEZ: Mitos: Piratas, guerrilleros, narcotraficantes."

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