RAMÓN A. MESTRE: Una victoria brasileña en la lucha contra la impunidad
Si repartiesen premios a los mayores escándalos de corrupción pública, el entramado brasileño conocido como “Lava Jato” quedaría entre los finalistas. “Lava Jato” se ha ganado un lugar en la historia de los latrocinios más infames del mundo. El caso parece una creación del gran escritor brasileño Rubem Fonseca, con la diferencia de que en las novelas negras de Fonseca fiscales y policías incorruptibles sufren derrotas a manos de empresarios y políticos corruptos que gozan de impunidad.
De momento, en Brasil la impunidad que han disfrutado tantos poderosos durante tanto tiempo ha recibido varios golpes certeros de la justicia. “Lava Jato” representa un cambio esperanzador en el estado de derecho en el país sudamericano. ¿Un ejemplo reciente, y notable, de estos triunfos brasileños en la lucha contra la impunidad? El viernes pasado la policía detuvo e interrogó al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva tras allanar su residencia y la sede del Instituto Lula en Sao Paulo. Existen pruebas de que Lula recibió “pagos disimulados” de la red de delincuentes de cuello blanco, políticos y empresarios, que saquearon la petrolera estatal Petrobras durante la presidencia de Lula y robaron más de tres mil millones de dólares.
Haría falta más de un libro para narrar la intrincada naturaleza de “Lava Jato” y las actividades de los personajes implicados en el escándalo. Comienza a destaparse en el verano de 2013 cuando la Policía Federal y un pequeño equipo conformado por valientes fiscales de Curitiba, la capital del estado de Paraná, investigaban una operación de lavado de dinero que funcionaba en Brasilia y Sao Paulo. Los investigadores jamás se imaginaron que unos lavadores relativamente insignificantes les iban a proporcionar las claves del mayor escándalo de corrupción pública en la historia de Brasil. “Lava Jato” es una referencia a algunos negocios de fregado de autos que los delincuentes usaban para el lavado de dinero, al igual que el protagonista de Breaking Bad, una brillante serie televisiva estadounidense. Un soplón detenido condujo a fiscales y policías a otros implicados devenidos informantes y gracias a sus testimonios los investigadores fueron descubriendo los desmanes cometidos por decenas de corruptos. En esencia, los depredadores se valían de los inmensos recursos de Petrobras y desviaban millones de dólares procedentes de contratos inflados concedidos por la petrolera. Los empresarios utilizaban la plata para pagar los sobornos que garantizaban la adjudicación de los contratos. Y los políticos usaban los sobornos, entre otras cosas, para enriquecerse y para financiar a sus partidos y campañas electorales. Según los fiscales de Curitiba, un “cartel” de 20 empresas que incluye las mayores constructoras de obras públicas de Brasil, se repartían los contratos sobrevalorados con la complicidad de directores de Petrobras. Una de las compañías implicadas en el saqueo es la misma Odebrecht, que tantas obras públicas lucrativas ha realizado en la Cuba de los Castro, con el apoyo de Lula y la presidenta Dilma Rousseff, y aquí en Miami-Dade con el respaldo de políticos locales.
Como era de esperar un Lula de Silva indignado ha negado su participación en una red de corrupción en la cual están implicados varios colaboradores cercanos del ex mandatario. Tras el interrogatorio de la fiscalía, Lula se defendió siguiendo el banal guión que han empleado otros corruptos prominentes. Acusó a los medios y a una fiscalía supuestamente politizada cuyas acciones tildó de “arbitrarias, ilegales, e injustificables”. Haciendo el papel de víctima arengó a miles de seguidores congregados en las calles, devotos ilusionados con el posible retorno de Lula a la presidencia (un proyecto herido de muerte por “Lava Jato”). Como otros poderosos acostumbrados a la impunidad el santo socialista daba la impresión de que a él no se le podían aplicar las leyes de la plebe. Allá Lula. Le guste o no, tendrá que responder a las presuntas evidencias de una fiscalía que lo acusa de enriquecerse ilícitamente y de faltarle a sus responsabilidades como presidente y líder partidario, “el responsable final por la decisión de quiénes serían los directores de Petrobras y uno de los principales beneficiarios de los delitos”.
Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2016, 11:58 a. m. with the headline "RAMÓN A. MESTRE: Una victoria brasileña en la lucha contra la impunidad."