ORESTES RODRÍGUEZ: Soberanía y libertad
Por estos tiempos referidos a Cuba, se viene expresando lo relacionado con su soberanía y articulistas de este Diario han expuesto que Cuba goza de soberanía y otros que la soberanía reside en el pueblo.
Juan Jacobo Rousseau, uno de los enciclopedistas franceses, sostuvo que quien tiene el derecho de ejercer soberanía es el pueblo. Que todos los ciudadanos son iguales y pueden conducirse con libertad. Y se explica esta afirmacián, porque en el ámbito de la politica, la soberanía está asociada al hecho de ejercer la autoridad de un cierto territorio. Esta autoridad recae en el pueblo, aunque la gente no realiza un ejercicio directo de la misma, sino que delega dicho poder en sus representantes. Y aqui viene el nudo giordano, cuando los pueblos están sometidos a dictaduras y se ven impedidos de ejercer sus elementales derechos, entre ellos, el del sufragio.
En Cuba, la gran ironía es que examinando la Constitución socialista, leemos en su articulo 3: En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado. Conforme a la precedente definición de la soberanía, la autoridad del pueblo cubano no existe como tal, porque jamás ha delegado su poder en representantes previamente elegidos a través del sufragio universal.
En consecuencia, la Asamblea Nacional del Poder Popular no es reflejo de la voluntad general del pueblo cubano, sino que el proceso para darle paso a los diputados que la integran no posibilita que alguien ajeno al partidismo único existente en la isla pueda intervenir en la puja electoral, y siendo asi, fácil es entender que el pueblo se encuentra sin la autoridad a que se ha hecho referencia más arriba.
Por consiguiente, al estar ausente la soberanía que debe ejercer el pueblo, según reconoce dicha la Constitucion socialista, entonces esta deficiencia politica se traslada a la zona de la libertad, de la cual se halla privado teórica y prácticamente. Si la democracia se fundamenta en la opinión pública y presupone un sistema de sufragio, los partidos politicos, que interpretan las corrientes de voluntad popular y las traducen, a traves del sufragio, en maneras de poder, son consustanciales con ella, por lo que el nudo no se puede desenredar por la existencia del monopatidismo.
Cuando leemos el Capítulo VII de la supradicha Constitución, en el que se fijan y definen los derechos, deberes y garantías fundamentales, nos encontramos reseñados lo que pudiera encajar en los derechos humanos, pero nos tropezamos con el articulo 62 que expresa que “Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejecida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, lo que encasilla al cubano y tenga que bailar con la música que le baje el Estado en materia politica.
No basta proclamar la libertad en las Constituciones, ni siquiera arraigar su culto en la conciencia de los pueblo. Es preciso defenderla contra las veleidades del Poder y las transgresiones de sus propios funcionarios. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, observamos que en Cuba, dada la caracteristica del sistema politico que no tiene el propósito de ser modificado o cambiado, como sostiene el régimen, la suerte del cubano quedará enclaustrada en ese diseño politico, sin ver la luz que le permita participar en las funciones administrativas.
Ese es el panorama que encontrará el Presidente y su Secretario de Estado, de esta nación, cuando arriben a la isla de Cuba el 21 de marzo quienes, por supuesto, lo conocen y también la gestion del pueblo de a pie y los castigos que sufre cuando alza su voz reclamando el ejercicio de los derechos que se le mantienen secuestrados. ¿Se dan cuenta los lectores que los conceptos de soberanía y libertad, en regímenes dictatoriales están reñidos, como es el caso de Cuba?
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de marzo de 2016, 2:45 p. m. with the headline "ORESTES RODRÍGUEZ: Soberanía y libertad."