Perder el miedo
Existe una tendencia hoy en día en la que a todo a quien de una forma u otra critique el sistema capitalista de inmediato se le tilda de comunista. Es algo que le ha hecho mucho daño al mundo, pero que además le ha convenido, en demasía, a los que abusan del sistema. No hay mejor forma de esconder las fechorías que acusando al que las descubre de pertenecer al enemigo.
Es innegable que el capitalismo, aunado a la democracia, ha demostrado ser una opción repleta de bondades para el progreso de la raza humana. Pero quizá el problema sea que, de un tiempo para acá, esa unión entre capitalismo y democracia se está rompiendo.
Que haya multimillonarios y billonarios me parece excelente; sin embargo, en un sistema verdaderamente exitoso, ¿le podrían éstos pagar impunemente a los políticos para que elaboren y aprueben leyes que los beneficien? ¿No rompe eso con la igualdad de condiciones que se supone en una democracia? ¿En qué Constitución de qué país libre está escrito que la empresa privada puede manipular con dinero a los funcionarios públicos?
¿Será por eso que hay quienes llaman un éxito que los alimentos sean tratados hasta que una hamburguesa, papas fritas y cualquier cantidad de una bebida gaseosa, cueste un dólar? ¿No es más bien un fracaso que millones de personas se vean en la necesidad de nutrirse con comida basura? ¿Lo exitoso no sería que todos pudieran pagar por alimentos sanos?
Sí, habrá quien me replique que hay países en los que se pasa físicamente hambre, pero eso es como si criticáramos al Miami Heat porque jugaron mal un partido, y la respuesta fuese que los equipos de baloncesto de la Unión Soviética eran los peores.
En ese mismo orden de ideas, ¿es una muestra de éxito la cantidad de artefactos que produce el sistema, más la cantidad de personas que pueden consumirlos, o lo sería más bien que existiese un equilibrio en el que tanto producción como consumo tuvieran en cuenta al medio ambiente? Imaginemos un pueblo que consiga elaborar la máquina más eficaz para producir un bien a un precio muy bajo, pero que su puesta en funcionamiento implicara que se secara el río que los provee de agua potable. ¿Esa máquina sería un éxito o un fracaso? Pero además me pregunto hasta qué punto puede ser exitoso un sistema donde la felicidad de las personas se base meramente en la adquisición de objetos.
¿Es un éxito que se fabriquen y vendan armas que disparen trescientas balas en una milésima de segundo con una letalidad del 110%, o un fracaso que las personas necesiten poseer estos artefactos para sentirse seguros? ¿No es un fracaso que los cuatrillones que se gastan en la industria de artefactos que quitan vidas no sean invertidos en salud y bienes que salvan vidas?
¿Es un éxito que exista una pastilla para cada condición (depresión, ansiedad, nervios, defectos de atención, etc.), o un fracaso que ahora tantos necesiten de éstas? Y de otras…
Que quede claro, por mí, los Chávez, los Castro y los Maduro se pueden ir para donde sabemos. Pero también los Trump, los Pinochet y los Mussolini. Yo digo que viva la democracia, el capitalismo y la libertad, cada uno como consecuencia del otro. Pero no el capitalismo que se consume hasta a la democracia, ni los extremismos.
No hay que dejarse engatusar de aquellos que, cuando pedimos una mejoría, nos tildan inmediatamente de la lista de siempre. Esos generalmente lo que quieren es seguir abusando impunemente, para continuar repletando sus bolsillos a costa del bienestar de la gente.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de marzo de 2016, 11:54 a. m. with the headline "Perder el miedo."