Tiempos duros
No podemos escapar del barullo electorero. Y parece que la lata tendrá por término de duración una buena parte de lo que resta de año; por lo menos hasta los comicios de noviembre, cuando las urnas harán de confesionarios. El hecho es que por mucho que uno se lo proponga, no hay forma de librarse de los dimes y diretes de la política, ni de los exabruptos que ha generado esta vez la campaña en pos de la presidencia. Las campanas repican ensordecedoramente por todos lados. El caso es que el fenómeno Trump tiene muy exaltados a sus partidarios, inquietos a sus detractores, y en vilo a toda la nación. En eso y las consecuencias radica el detalle: los diarios y la tele apenas hablan de otra cosa.
El show funciona a las mil maravillas, porque a la gente le gusta el espectáculo, el tira y afloja. Pero también le preocupa el porvenir. De manera que los televidentes están de antemano asegurados. Y en política como en los deportes, la gente suele ser extremadamente apasionada; tanto, que el mundo puede estar cayéndose a pedazos y nadie para mientes. Los medios de prensa se rigen por la competitividad, aunque no lo parezca cuando todos hablan de lo mismo. Me quedé dándole vueltas al asunto el otro día, después de otra tanda de trifulcas provocadas por una de las arengas del señor Trump, y los titulares de nuestros principales diarios nada tenían que ver, por contraste, con los de otras capitales del planeta.
A ver si me explico: que a la gente bien informada en este país hay que cogerla con pinzas. Hagan la prueba un día como internautas y verán lo que les digo. El día de marras, a diferencia de los nuestros, los periódicos de París o Madrid, de Londres o Bogotá, publicaban en sus primeras planas que un artero bombazo había sembrado el terror en Ankara; que masivas movilizaciones en Brasil clamaban por la destitución de Roussef y prisión para Lula; que las tensiones iban de mal en peor en Europa por el drama de millones de refugiados sirios; que además de seguir cortando cabezas los yihadistas coleccionan esclavas sexuales, y que los astrofísicos descubrieron extrañas señales provenientes del cúmulo de Perseo, un gigantesco enjambre de galaxias a 250 millones de años luz de la Tierra. Al grano: que si no es porque existe la web probablemente uno ni se entera de cómo están las cosas.
Lo de que sigamos siendo blanco predilecto de los terroristas islámicos, buscando el equilibrio entre seguridad y libertad, nos tiene a todos en franco hervidero. Pero también la confusión que se ha creado en una nación de inmigrantes con los inmigrantes; la irremisible exacerbación de los conflictos raciales; la vulgarización de la política a extremos vergonzosos, y encima de eso, la ignorancia de lo que realmente sucede en el extranjero de nuestros expertos, que desconocen o desestiman lo que está escrito en cualquier libro de Historia.
Años atrás, destacaba yo que después de todo podíamos considerarnos afortunados. Porque vivimos en un país donde por ninguna palabra mal colocada, por insubordinársele a un jefe bruto, por decirle hasta del mal que se va a morir a un presidente o por gritar abiertamente lo que se piensa, a nadie le tuercen el cuello; a ninguna mujer la lapidan por serle infiel al marido, y ningún hombre paga con su vida por haber blasfemado contra el Dios propio o el ajeno. Confiemos en que continúe siendo así, in sécula, a pesar de que sigamos estando tan mal informados. Porque los que se avecinan van a ser tiempos duros.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de marzo de 2016, 1:45 p. m. with the headline "Tiempos duros."