El segundo Supermartes y sus consecuencias
Pasó el segundo Supermartes y nuestro principal temor se hizo realidad: las encuestas probaron ser correctas.
Nuestras esperanzas de que Marco Rubio pudiera ganar Florida, que Ted Cruz pudiera lograr resultados prometedores en Missouri, Illinois, Ohio y Carolina del Norte y así frenar el paso de Donald Trump no llegaron lejos y hoy nos vemos, como país, en una encrucijada que puede, muy bien, resultar histórica.
Esta encrucijada se basa, simplemente, en que los aparentes ganadores de ambos partidos no son solo inadecuados, son pasmosamente inadecuados, y el voto del Supermartes no alteró las proyecciones para el resto de la campaña.
En otra época y en otras condiciones, un mal presidente no podría arruinar a una gran nación. Sobrevivimos a Jimmy Carter y podemos sobrevivir a Barack Obama. Pero no hay garantía que podamos sobrevivir un número ilimitado de decisiones incompetentes en un mundo cada vez más peligroso.
Los peligros son internos y externos. Dos de nuestros peores enemigos, Irán y Corea del Norte, públicamente expresan sus deseos de destruirnos, y tanto uno como el otro ya poseen proyectiles intercontinentales que pueden ser armados con cabezas nucleares.
Estos y otros peligros mortales son el producto de una política exterior incompetente dirigida por la Secretaria de Estado Hillary Clinton, mientras la administración Obama debilitaba nuestras fuerzas armadas y nuestros adversarios, alrededor del mundo, fortalecían las suyas.
Ojalá podamos sobrevivir el daño que ya se ha causado. Un tercer período presidencial como esos, con Hillary Clinton en la Casa Blanca, nos llevaría, aún más, al extremo.
Internamente, la carrera política de Hillary Clinton ha consistido en polarizar a la población de Estados Unidos por raza, sexo, clase y cualquier otra forma que sirva sus intereses políticos. Esta clase de explotación cínica puede suprimir el “Unidos” del nombre del país y balcanizarnos en un conflicto interno de unos contra otros. Ese es un conflicto en el que todos perdemos.
En cuanto a los republicanos, ¿qué queda por decir sobre Donald Trump? Casi a diario nos demuestra su falta de madurez y del carácter requerido para ser líder de una nación que enfrenta tantos serios peligros.
No es, simplemente, tener defectos. Esos los tenemos todos. Pero ¿qué clase de carácter perverso puede mofarse de un prisionero de guerra que fue torturado por años por nuestros enemigos, mofarse de alguien con un defecto físico, contestar preguntas con insultos y ofrecer alardes juveniles sobre “lo que va a hacer” en lugar de especificar “cómo”.
Esos no son matices sutiles, son revelaciones flagrantes de un carácter fundamentalmente erróneo. Mucha gente pasó por alto revelaciones sobre Barack Obama. Por eso ya hemos pagado un precio y lo continuaremos pagando aún después que cese su mandato.
Hay razones abundantes de por qué las encuestas muestran a Donald Trump con el más alto nivel de reacciones negativas de todos los candidatos. Pero sus seguidores más fieles ignoran sus bufonadas, sus imprudencias, su egolatría. Para seguidores de bajo intelecto, esto es comprensible pero no para los de alto intelecto. A veces se requiere un alto cociente de inteligencia para ignorar lo obvio.
¿Qué les ofrece Trump a sus seguidores que los lleva a ignorar tanto? Trump articula muy bien el resentimiento y la ira que ellos sienten por haber sido traicionados por las élites, en general, y por el establishment republicano en particular.
Ahora, el único candidato que pudiera detener a Trump en las urnas es Ted Cruz. Pero las élites republicanas, que nunca han simpatizado con Cruz, podrían preferir detener a Trump mediante una trampa legal en la Convención en Cleveland. Eso puede costarles a los republicanos el voto de los seguidores de Trump. Esto pondría a Hillary en la Casa Blanca y al país en un camino ruinoso del cual no tendría retorno.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de marzo de 2016, 2:15 p. m. with the headline "El segundo Supermartes y sus consecuencias."