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Opinión

Una tragedia nacional

Habrá en Estados Unidos jueces tan brillantes, equilibrados, modestos, íntegros, justos y capacitados como el juez Merrick Garland, pero son pocos. En Garland, el presidente Barack Obama ha elegido el candidato idóneo para sustituir al recién fallecido juez Antonin Scalia en el Tribunal Supremo. Garland es un magistrado cuya ejecutoria y filosofía no se ajustan a las categorías simplistas de “liberal” o “conservador”. A lo largo de los 18 años que lleva en uno de los tribunales de apelaciones más importantes del país, Garland ha tomado posiciones liberales y conservadoras. De ahí que goce del respeto y la admiración de saduceos, fariseos, tirios y troyanos. Ha demostrado ser un juez que rehúye el dogmatismo sectario.

Antes de su nombramiento pensaba que, en una atmósfera política nacional envenenada por la ira y la polarización, un moderado sabio como Merrick Garland sería una opción inmejorable para llenar la actual vacante en la Corte Suprema. Lamentablemente, la dirigencia republicana en un senado (que tiene la facultad constitucional de brindarle al ejecutivo “consejos y consentimiento” en lo referente a nombramientos a ciertos cargos) ha optado por convertir la postulación de Garland en una batalla más de la guerra contra Obama. Es una postura que lesiona al país y desprestigia al Senado. Empleando falacias y mentiras, senadores republicanos encabezados por Mitch McConnell, el líder de la mayoría, afirman que ni siquiera van a celebrar vistas de confirmación para el juez Garland porque, según estos legisladores, hace falta permitir que “el pueblo exprese su criterio”; es decir que en un año de elecciones presidenciales Obama debería dejarle el nombramiento al próximo presidente, aun corriendo el peligro (para el GOP) de que en el caso del triunfo de Hillary Clinton, la presidenta nombre un juez (o una jueza) mucho más liberal y menos capacitado que Merrick Garland.

El senador McConnell pasa por alto, porque le conviene a la hora de formular sus seudo argumentos tendenciosos, que “el pueblo” ya expresó su criterio: nos guste o no en dos ocasiones el pueblo eligió a Barack Obama y no hay duda de que la Constitución le da al presidente la autoridad para llenar vacantes al Tribunal Supremo.

El senador republicano Orrin Hatch, integrante de la Comisión Judicial del Senado que estaría a cargo de las vistas de confirmación (un político que ha cantado las loas del juez Merrick Garland en varias ocasiones) ha confesado que, si gana Clinton en noviembre, los republicanos estarían dispuestos a considerar la ratificación de Garland entre noviembre de este año y enero del año próximo, antes de la toma de posesión de Clinton. Lo harían a fin de evitar que la presidenta nombre un magistrado más liberal que Garland. El senador Hatch ha hecho una confesión vergonzosa que nos revela las incongruencias mezquinas y las contradicciones de la postura de McConnell.

Mientras tanto la ofensiva contra el nombramiento del juez Garland no sólo cuestiona la autoridad del presidente, comienza a divulgar mentiras sobre el historial judicial de Garland, un magistrado que más de un senador republicano ha elogiado presentándolo como una mezcla del rey Salomón y otro gran jurista estadounidense, Oliver Wendell Holmes Jr.

No están lejos de la verdad. Conocí brevemente a Merrick Garland a mediados de los noventa cuando el juez era un fiscal federal que tenía la responsabilidad de casos de terrorismo. Me impresionó su inteligencia descomunal, su cultura, su modestia y su sentido de humor. Garland estuvo a cargo del juicio exitoso a los salvajes que perpetraron el atentado terrorista de Oklahoma City y también fue uno de los fiscales que le fue arriba a Marion Barry, un corrupto ex alcalde del Distrito de Columbia que fumaba cocaína crack antes de las reuniones del ayuntamiento. También conozco un abogado que trabajó con el juez Garland en el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia (el cual Garland lleva tres años presidiendo). Me comenta este abogado que jamás ha conocido un juez más trabajador, más justo, más escrupuloso, más desprovisto de prejuicios políticos que Merrick Garland. Para el país sería una tragedia que los cálculos sectarios del presidente y la mayoría senatorial republicana estén usando al juez Garland como otro cordero de sacrificio de nuestros tempestuosos rituales electorales.

Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de marzo de 2016, 0:36 p. m. with the headline "Una tragedia nacional."

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