JOSÉ MANUEL PALLÍ: Los peligros de la vida
Sé bien que esto que voy a decir me garantiza, a los ojos de muchos, la papeleta con el número ganador en la rifa del premio al “más perfecto entre los perfectos idiotas”.
Pero como me ha dicho un amigo columnista (y también un par de amigos comunistas), pareciera que he elegido como mías a tres de las tribus más difíciles: los cubanos, los argentinos y los venezolanos. Nací en Cuba (qué culpa tengo yo…), me llevaron a la Argentina a los 8 años (nadie me dio a elegir) y llevo más de 35 años de idilio con una venezolana (pero ni aquí veo a esa circunstancia como electiva: sería demasiado arrogante si pensara que el haberme casado con mi propio ángel de la guardia fuera obra de mi propio designio).
Me despierto hoy, 7 de enero de 2015, habiendo escrito ya gran parte de este comentario, con la noticia de la horrenda masacre en la sede de una revista satírica francesa. Cuando digo que lo que aquí digo me asegura el premio a la “perfecta idiotez”, lo digo en previsión de que sucesos como éste –que pueden repetirse en cualquier momento, claro– pudieran desvirtuar lo que sostengo en este escrito. Pero a mí, amante de lo difícil, no me arredra esa aterradora noticia, sino que, por el contrario, me confirma en mi argumento. Y les explico por qué.
La visión que cada quien tiene del mundo que lo rodea está condicionada, en gran medida, por la visión que cada quien tiene de sí mismo, y sobre todo de su prójimo, del ser humano en general. Por ejemplo, mi amigo el columnista ve al ser humano en estos términos (y lo cito, de una de sus columnas publicada no hace mucho tiempo): a esa “criatura tan rabiosamente peligrosa había que sujetarla con leyes e instituciones para que no destrozara a mordidas a sus congéneres”. De ahí que su visión del mundo sea la que es, un mundo lleno de peligros que acechan a la vuelta de cada esquina, un mundo movido por los miedos y los sustos que condicionan las políticas públicas.
Yo, les confieso, no puedo ver a mis congéneres de esa forma –como tampoco veo a mi amigo columnista desde esa óptica. Puede que eso me convierta en un iluso, en un wishful thinker, en fin, en un “perfecto idiota”.
Cuando me preguntan si creo que el amor, el perdón y la tolerancia son herramientas más idóneas que los miedos para convertir el mundo en algo mejor para mis nietos (que, hoy por hoy, es todo lo que me preocupa, pero me preocupa sin miedos y sin sentir la necesidad de atemorizarlos con los peligros de la vida) mi respuesta es que sí, que son esas las herramientas que hay que utilizar, porque, en mi visión del ser humano, son rasgos característicos y hasta esenciales de lo que significa “ser” humano, son sus herramientas naturales, canalizables a través de la interacción y el diálogo con nuestros semejantes. El amor, el perdón y la tolerancia son, además, los pilares de las doctrinas más exitosas que ha conocido la humanidad.
Por eso, y a pesar de la masacre reciente, soy optimista frente a este año 2015 todavía en pañales, especialmente optimista en lo que hace a la oportunidad que tenemos frente nuestro TODOS los cubanos de hacer uso de esas herramientas para construir un futuro mejor para nuestra nación. Conscientes todos de que la oportunidad que tenemos por delante no sirve sino para aprovecharla, y de que no todo tiene que ser exactamente como deseamos que sea para ser mejor de lo que es. Y lo que vale para los cubanos vale también para mis otras dos tribus difíciles.
En un mundo dividido entre dos grupos, los indignados (que a veces me asustan un poco por su incoherencia) y los asustados (que invariablemente me indignan con sus sermones pesimistas y maniqueos en defensa de la inamovilidad del status quo), a nosotros los cubanos nos toca demostrar que podemos retomar el camino de la unidad e identidad cultural y de los consensos con vista al futuro, contando incluso con mis amigos comunistas.
Ver al ser humano como lo ve mi amigo el columnista según la cita que transcribo arriba no me permitiría mirar a mis hijos y a mis nietos a los ojos, ni mucho menos mirarme en el espejo.
Abogado cubanoamericano.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de enero de 2015, 2:00 p. m. with the headline "JOSÉ MANUEL PALLÍ: Los peligros de la vida."