La crucifixión es la misericordia
Algo extraordinario sucede este año. El Viernes Santo de 2016 cae el 25 de marzo, el mismo día de la Anunciación, en que Jesús fue concebido en el vientre de María. Dios se hace hombre para redimirnos el mismo día que lo crucifican y muere. Extraordinario porque durante siglos, en la Edad Media, se creyó que la Anunciación coincidía con la Pasión del Cristo. Eso según Ireneo de Lyon (nacido en el 130 y muerto en 202); la leyenda dorada –relatos de la vida de los santos reunida por el dominico Santiago (o Jacobo) de la Vorágine, arzobispo de Génova, a mediados del siglo XIII- muy popular en su época; y San Osmundo de Salisbury (siglo XII), en Inglaterra, Escocia e Irlanda, conocido por establecer el rito de Sarum, que unía la fecha de la Crucifixión de Cristo con la Encarnación, cuando Dios decidió entrar en la Historia. Esto se observo así hasta que fue sustituido por el rito romano reformado por san Pío V. Todos los 25 de marzo la Iglesia celebra la Fiesta de la Anunciación, pero la fecha de la Pascua cambia todos los años, porque corresponde con el calendario judío, que celebraba su fiesta de Pascua, conmemorando el fin de la esclavitud en Egipto y la salida rumbo a la Tierra Prometida.
Según el judaísmo, los hebreos deben celebrar cada año la fiesta de Pascua durante toda una semana entre el 22 de marzo y el 25 de abril, en hebreo mes de Nisán (Éxodo, 12,2), primer mes del calendario hebreo bíblico, que empieza con la primera luna llena de primavera.
La noche en la que el pueblo judío salió de Egipto, había luna llena y esto les permitió a los judíos huir de noche sin ser descubiertos por el ejército del Faraón al no depender de lámparas.
La Última Cena, llevada a cabo el Jueves Santo, los apóstoles celebraron con Jesús la Pascua Judía, era una noche de luna llena.
El Domingo de Resurrección sería siempre el domingo siguiente a la primera luna llena primaveral para no hacerla coincidir con la Pascua judía. Si el día de luna llena cae en domingo, la Pascua cristiana siempre se celebrará el domingo siguiente, fiesta central del cristianismo, en la que se conmemora la resurrección de Jesús al tercer día después de haber sido crucificado y muerto.
Este año, la Fiesta de la Anunciación la celebraremos el 4 de abril.
Extraordinario será algo que sucede también en 2016: la exhortación postsinodal redactada por el papa Francisco, que recogerá, editadas y cambiadas si así lo decide el papa en su exhortación final, las conclusiones de los dos sínodos sobre la familia convocados por Francisco en 2014 y 2015. Será el Santo Padre quien tiene la última palabra. Según informó la agencia Agi, el cardenal teólogo Walter Kasper dijo que el documento marcará “el primer paso para una reforma que marcará la ‘vuelta de página’ en la historia de la Iglesia después de 1,700 años”.
El Sínodo ha sido una llamada a toda la Iglesia para que, desde la mirada amorosa y la escucha atenta a la realidad, anhelos y necesidades de las familias hoy, haga una reflexión y revisión profunda y autocrítica de su propia praxis pastoral. La pretensión sinodal no era tanto hacer un juicio sobre la situación o estado de la familia hoy, cuanto valorar y revisar de qué modo y por qué vías podría la Iglesia cumplir mejor su función salvífica y evangelizadora.
No es casual que esto suceda en el Año de la Misericordia, un Año Santo en el que el Santo Padre invita a “anteponer la misericordia al juicio”. Y en él caen sobre todo las parejas divorciadas vueltas a casar, las parejas sin casar y las parejas homosexuales.
El Papa Bergoglio afirmó que este Año Santo se nos ofrece para experimentar en nuestra vida el toque dulce y suave del perdón de Dios con su presencia y cercanía, de modo especial en los momentos de mayor necesidad. Por eso lo definió como un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir únicamente “lo que a Dios más le gusta”, es decir, “perdonar a sus hijos, tener misericordia de ellos, a fin de que ellos, a su vez, puedan perdonar a sus hermanos, resplandeciendo como antorchas de la misericordia de Dios en el mundo”.
El Santo Padre destacó que la necesaria obra de renovación de las instituciones y de las estructuras de la Iglesia es un medio que debe conducirnos a experimentar la misericordia de Dios, que es la que garantiza a la Iglesia que sea luz, la “ciudad sobre un monte que no se puede esconder” (Mateo 5,14).
Cristo, tú que te diste todo por amor incondicional a cada uno de nosotros en un día como hoy, que por tus heridas hemos sido sanados, y por tu sangre salvados, ten misericordia de Cuba y de mí.
Escritora cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de marzo de 2016, 11:24 a. m. with the headline "La crucifixión es la misericordia."