Opinión

El miedo que atraviesa continentes

Una multitud se reúne el miércoles pasado en la Plaza de la Bolsa, en Bruselas, para rendir tributo a las víctimas de los atentados cometidos el martes pasado por terroristas del Estado Islámico.
Una multitud se reúne el miércoles pasado en la Plaza de la Bolsa, en Bruselas, para rendir tributo a las víctimas de los atentados cometidos el martes pasado por terroristas del Estado Islámico. AP

Empieza el miedo en un 11 de septiembre y se sigue propagando. Llevándose vidas, atravesando continentes, infundiendo el pánico. No discriminando, pero teniendo una base discriminatoria. Propagando el pánico en grandes y niños. Recuerdo las preguntas de mi hijo de siente años la fecha de los ataques terroristas en París, las mismas preguntas que me ha hecho ahora que se ha enterado de los ataques en Bruselas. Inevitable que no se enteren los chicos de la tristeza que se propaga cuando se pierden vidas. En un mundo globalizado, con internet por doquier, radio encendido en cada recinto o televisión en los restaurantes, ni apagando la TV en casa y escondiendo los periódicos los más pequeños se darán por desentendidos de la realidad que respiramos. El mundo está en una oscura transición y nos hemos llenado de miedo.

En plena campaña electoral en Estados Unidos, los candidatos a ser presidente de la nación más poderosa del mundo tratan de explicar cómo nos protegerían de ataques terroristas. Cada día se vuelve más incómodo estar en un aeropuerto, por las revisiones y la seguridad, pero es necesario. ¿Terminarán las calles militarizadas? Bruselas a diferencia de París después de la dolorosa treintena de muertes abre su metro, las escuelas funcionan y la gente, como también hicieron los parisinos, trata de volver a la normalidad. La recuperación tarda, el impacto es fuerte.

El rey de Bélgica les ha pedido a los ciudadanos determinación y calma. Son los dos dones que creo que debemos adoptar todos los ciudadanos ante el inminente peligro que estamos viviendo de parte de terroristas, pero también la unidad: la Unión Europea tiene la tarea de defenderse y no puede ser de manera independiente. Mientras que esta semana el presidente Barack Obama visitaba Cuba y Argentina, estrechando lazos con los ciudadanos de Cuba, pidiéndole a Raúl Castro no temerle a las voces diferentes y haciendo un llamado a la libre expresión, y conociendo el cono sur del nuevo continente, el viejo continente sufre más muertes a manos del Estado Islámico.

Conozco musulmanes, estudié las religiones muy de cerca. Y cuando supe del ataque en Bélgica, estando yo en un aeropuerto al otro lado del mundo, no supe qué sentir. Está claro que es un grupo de radicales, está claro que este grupo no representa a todos, está claro que no se les debe cerrar las puertas de Estados Unidos, como, por ejemplo, ha propuesto Donald Trump, pero también está claro que hay una guerra psicológica, ideológica y mortal en la que Occidente es el enemigo y en la que la historia se está escribiendo de una manera sumamente complicada para las generaciones venideras.

En el 2004, la periodista italiana Oriana Fallaci publicó en su libro La Fuerza de la Razón (que fue condenado por contenido xenofóbico y no publicado en algunos países como Suecia por esa razón) que “Europa se convierte en una colonia del Islam” y llama a “la resistencia contra quien nos invade”. En el 2016, Fallaci se debe estar retorciendo en su tumba, de dolor y rabia, aunque no pienso que rechazar el islam con un absolutismo sea la solución. Recordemos que hay refugiados huyendo de los mismos terroristas de sus mismos países y territorios. Personas de carne y hueso, madres y niños. Para Fallaci, el mundo terminaría sumiso a la “arrogancia de la religión islámica”. Esperemos que no sea así. Para mí, el mundo quedará más bien sumiso a la falta de unidad, tolerancia y entendimiento.

Periodista y presentadora de televisión y radio.

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