Los Papeles de Panamá: El sancocho
Es el nombre de una sopa típica en mi tierra que contiene una buena cantidad de carnes, tubérculos y verduras. Los hay de costilla de res, de gallina y de pescado. Pero también trifásicos, es decir de tres carnes, pero los hay de hasta cinco o seis; costillas de res, pollo, carne salada, cerdo y ubre de vaca. A esto se le suma la yuca, el ñame, el plátano, la ahuyama, la papa, la batata, el maíz, además de trocitos de verduras, como la zanahoria y la cebolla. Hay quienes le agregan suero, una especie de sour cream, y le esparcen chorritos de limón y picante. Generalmente se acompaña con arroz. Dicen que la costumbre proviene de los indígenas que, para celebrar la cosecha, elaboraban un plato con cada uno de los componentes de la siembra. Sea como sea, es una de las comidas preferidas de la región caribe de mi país, donde su puesta en escena como plato principal es todo un ritual.
¿Y por qué estoy hablando de cocina? Pues porque algo parecido al sancocho, aunque no rico y nutritivo como éste, me parecen los llamados “Papeles de Panamá”.
Sus primeros ingredientes son dos: blanqueo de dinero y evasión fiscal. Pero a partir de aquí comienza la revoltura. Tenemos entonces por una parte a los dictadorzuelos y tiranos, y sus compinches, que ahora se disfrazan de mandatarios elegidos democráticamente, ocultando las inmensas fortunas que contradicen sus demagogos discursos, y también a los corruptos de toda índole. A estos se le suman los que comercian con bienes y servicios ilegales; no han aparecido capos del narcotráfico en estos “papeles”, pero hay que ser muy ingenuo para no saber que, no solo en los bancos de Panamá sino del mundo, hay dinero de esta industria por doquier; ciudades enteras (quizá hasta países) han florecido gracias a estos dineros.
Por otra parte, están los millonarios que, no habiendo amasado sus fortunas a través de empresas ilegales, quieren escapar al pago de impuestos. Una práctica deplorable, con personajes que lo tienen todo y no son capaces de devolver a sus patrias lo que la ley les exige por funcionar dentro de éstas.
Pero es entonces cuando el caldo del sancocho se pone espeso.
Pensemos por ejemplo en un empresario venezolano, ¿podemos culparlo de querer esconder sus ganancias de las aves de rapiña del gobierno de Maduro, cuyos integrantes las toman como propias y acto seguido las esconden en paraísos fiscales sin importarles que el pueblo esté pasando hambre? O un país que no esté gobernado por un régimen que sea la exaltación absoluta de la corrupción y el descaro, todavía con algo de democracia en su atmósfera, pero corrupto; uno de esos donde no se roban el 100% pero sí el 50% o el 60% de cada contrato con el estado. ¿Qué le conviene más a ese país, que el empresario oculte sus ganancias y luego las reinvierta en desarrollo privado, o que se las entregue completas a los parásitos políticos, que la sacan del país por medio de sociedades como Mossack Fonseca y luego las invierten comprándose mansiones en Cocoplum y penthouses en Manhattan?
No alcanzarían cien columnas para analizar la complejidad de este problema. Pero lo cierto es que, si queremos que la gente cumpla con la ley y respete las instituciones, lo primero que necesitamos son gobiernos y representantes del estado ¡que cumplan con la ley y respeten las instituciones!
De todas formas, el dinerito sigue allí, rebotando entre bancos, mientras los que continúan perdiendo siempre son los más débiles.
La ley de la selva en su estado más puro.
Escritor colombiano.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de abril de 2016, 0:47 a. m. with the headline "Los Papeles de Panamá: El sancocho."