El único desenlace que le da el triunfo a Sanders
Dentro del desmadre electoral nacional el senador Bernie Sanders ha montado una campaña casi tan impresionante como la de Donald Trump. Impresionante e inusitada. Aunque su ejecutoria describe una órbita mayormente demócrata, a lo largo de su carrera pública el senador se ha definido como un cuerpo celestial socialista democrático e independiente.
Cuando declaró su candidatura Sanders apenas era conocido fuera de su estado y de los circuitos cerrados de Washington. ¿Qué decían de Sanders los videntes demócratas profesionales en los inicios de la actual temporada electoral? Decían, con cierta razón, que debido a su ideología, su falta de name recognition y organización, su oratoria desprovista de artificios (y un discurso articulado con el acento de un cascarrabias de Brooklyn casi idéntico a la imitación de George Steinbrenner que hacía el comediante Larry David en la década de los 90) en las primeras primarias demócratas, Sanders haría el papel del tábano excéntrico, una criatura de vida efímera que, a lo sumo, picaría un par de veces a Hillary Rodham Clinton sin detener la marcha inexorable de la ex secretaria de Estado hacia la candidatura presidencial.
Pero Sanders ha hecho mucho más que picar a su contrincante. Le ha hecho un gran daño incalculable. El senador ha tronado contra aquello que denuncia como la inmoralidad de bancos colosales, corporaciones tramposas, tratados de libre comercio que se llevan demasiados buenos empleos al exterior y la acción corruptora de las donaciones multimillonarias a políticos y campañas; y ha prometido instituir matrículas universitarias gratuitas para todos, un servicio de sanidad universal de bajos costos y proyectos de infraestructura que crearían miles de trabajos. En el proceso, Sanders ha movilizado a millones de votantes, mayoritariamente jóvenes, que se sienten maltratados por un sistema que, a sus ojos, está dominado y corrompido por los ricos. Todo indica que los devotos de “Bernie” rechazan la trayectoria reciente del Partido Demócrata y los supuestos amoríos de Hillary Clinton con corporaciones tildadas de instituciones desalmadas. Se ha convertido en una campaña encarnizada que ha puesto de manifiesto las debilidades de Hillary como candidata. La ha obligado a gastar recursos que la senadora hubiese preferido dedicarle a la elección general. También la ha obligado a defenderse de los golpes que Sanders le lanza a diario, los cuales han ido aumentando en intensidad sin descender a la vulgaridad y el infantilismo de los insultos que han intercambiado varios aspirantes republicanos.
Aun así, Sanders no puede alcanzar a Clinton. Olvídense de los triunfos notables del senador y de los millones de dólares que, increíblemente, el candidato sigue recaudando, un caudal que le permitirá batallar hasta la convención demócrata. Quienes elaboran escenarios electorales que le conceden el triunfo a Sanders no sólo ignoran la aritmética, ignoran la realidad demográfica de los principales estados cuyas primarias se llevan a cabo en abril, mayo y en junio.
El único hecho que pudiera arrebatarle la candidatura a Clinton sería un indictment devastador, una acusación formulada por el Departamento de Justicia basada en el supuesto manejo ilícito de información confidencial en un servidor privado que Clinton instaló en su residencia cuando era secretaria de Estado. Hace seis meses me parecía que semejante acusación era un hecho muy improbable. Me persuadían los razonamientos del profesor de derecho Stephen Vladeck, un experto en las imputaciones relacionadas con la información clasificada. Pero hace seis meses el doctor Vladeck no contaba con los elementos de juicio que hoy tienen en sus manos fiscales y agentes del FBI. Estos funcionarios están a punto de cuestionar a Clinton y a varios ex empleados del Departamento de Estado. A su vez Ronald J. Sievert, un veterano del Departamento de Justicia, experto conocedor de estos misterios, acaba de presentar un extenso argumento legal a favor de la acusación contra la aspirante. Así en la imprevisible tragicomedia política del 2016, la caída penal de Clinton es el único desenlace que le da la candidatura demócrata al senador Bernie Sanders.
Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de abril de 2016, 0:12 p. m. with the headline "El único desenlace que le da el triunfo a Sanders."