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Opinión

Perú: Pensar y sopesar el voto

Las cosas estaban quedando claras en las elecciones peruanas, tras semanas de zancadillas, tachas y vituperios varios, cuando de pronto el panorama parece haberse enturbiado. ¿Qué ha pasado para que, tras el constante bombardeo de ofrecimientos, promesas, envites, juramentos, acusaciones, anatemas y autoflagelaciones públicas buscando que el elector se defina, ahora, llegada la hora de las urnas, en redes sociales y artículos de opinión en la prensa escrita –en el último día en que está permitido– se esté pidiendo sopesar el voto, incluso si se lo tiene sólidamente decidido por cualquiera de las opciones? Veamos.

Saldo de debate

Nada que ver. La noche del domingo 3 no pasó nada del otro mundo. O sí: dos candidatos metieron la pata más que otros y un tercero hizo realidad su sueño más delirante.

Porque que Keiko Fujimori (Fuerza Popular) firmara un “compromiso solemne” de que no atropellará derechos humanos ni disolverá el Congreso solo revivió en todos –por si hiciera falta– que eso mismo hizo Alberto Fujimori, actualmente preso. Va primera de lejos, con voto sólido, pero su harakiri verbal no era lo más aconsejable para atraer al elector aún indeciso, sobre todo porque lo hizo a dos días de cumplirse 24 años del autogolpe paterno y cuando estaba convocada una marcha del movimiento “Keiko no va más”. Mejor cálculo para la próxima.

Que Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio) se despidiera leyendo líneas de lo que parecía ser su propio epitafio solo puede achacarse al travieso consejo del imaginativo que nunca falta en los equipos de asesores. La elegía de PPK no hizo sino incidir en uno de los puntos débiles que le señalan sus adversarios: una edad (77 años) que le impediría gobernar eficazmente el quinquenio para el que postula. Hecho el focus group correspondiente, tuvo que pasar los días siguientes declarando a grito pelado que le sobraba fuerza y acabó saltando sobre la tarima en su mitin de cierre de campaña.

Que el candidato Fernando Olivera (Frente Esperanza) cumpliera su más febril delirio y tuviera la oportunidad de espetarle en propia cara, en vivo y en directo, en HD y sonido estéreo cuanta denuncia y presunción había y hay sobre las dos administraciones de Alan García (Apra, integrante de la coalición Alianza Popular) solo trajo el beneplácito del rating. Nada de lo que se dijo –y fueron 27 las acusaciones– era nuevo y, aún si lo hubiera sido, tampoco incidiría en el resultado de las elecciones, toda vez que el alguna vez conocido como el mayor “animal político” peruano anda por las patas de los caballos en esta carrera.

El (no) Poder Legislativo

Para los que no lo saben, estas elecciones, como la mayoría de las que se realizan en los países al sur del Río Grande, son generales, vale decir que de ellas saldrá un presidente del Poder Ejecutivo y el total de los integrantes del Poder Legislativo, que en el caso peruano es un ente unicameral de 130 miembros. A esto hay que agregar que la complicada fórmula para la obtención de una curul hace que no necesariamente el porcentaje de votos a nivel nacional (que es el que decide la elección del Presidente) se traduzca simétricamente en la cuota de representantes obtenidos para la asamblea. Por ejemplo, siendo Lima, con 10 millones de habitantes, el 35 por ciento del electorado, el mayor bolsón de votos para el Ejecutivo, solo representa el 28 por ciento del Legislativo.

Para el domingo pasado, la mayoría de los sondeos sugerían que el Congreso que surja este 10 de abril tendrá una amplia bancada de Fuerza Popular (FA, fujimorista, derecha), en un tamaño que va del 40 al 45 por ciento. A ella le seguirían, números más, números menos, las del Partido por el Kambio (PPK, derecha, 18-20 por ciento), del Frente Amplio (FA, izquierda, 14-15 por ciento), Acción Popular (AP, centro, 12/13 por ciento), Alianza para el Progreso (APP, derecha, 7-8 por ciento) y Alianza Popular (Apra más el Partido Popular Cristiano, derecha, 6-7 por ciento).

Llevados por la vorágine del fin de la contienda y por las puyas (pocas) del debate, las cifras del posible futuro Legislativo han pasado sin pena ni gloria, pero en ellas se encuentra la clave del acertijo que deberá resolver el próximo gobierno. Una rápida mirada al espectro congresal arroja una inevitable tendencia a favor del sistema económico y del modelo político que rige el país los últimos 25 años, lo que sin duda permitirá cambios y adecuaciones que surjan del nuevo Ejecutivo, pero que difícilmente se prestará a modificaciones mayores, mucho menos radicales y en lo absoluto ninguna que contemple un cambio de Constitución.

¿Es esta la razón para tanto ajetreo en el éter? Debiera ser un tema de la mayor atención por parte del votante, pero no, será solo, como siempre, la sorpresiva realidad a la que despertará cuando ya esté todo consumado y se pase lista a los nuevos inquilinos del hemiciclo.

Son rumores, son rumores

Sí, pues, como de costumbre, a medida que avanza el cierre de las campañas electorales se disparan las alarmas en quienes ven que las sumas no dan y se multiplican sus miedos y aprensiones. Es comprensible. No hay mañana para ellos. Por lo menos no en el siguiente lustro. Tradicionalmente, esto se canalizaba en rumores de presagios apocalípticos ante la posible victoria del rival más temido u odiado, negros augurios que eran llevados boca a boca y, algunos, alcanzaban un in crescendo wagneriano. Bueno, ya no es así.

Hoy, en tiempos de redes sociales, son decenas de miles de mensajes en whatsapp y twitter los que están yendo de smartphone en smartphone cargados de supuestas denuncias de última hora, renuncias falsas, documentos trucados y, sobre todo, datos secretos de los más recientes sondeos de intención de voto. Cuidado con estos últimos, que suelen ser monstruos de tres caras. Es cierto que tienen el encanto de lo prohibido –en Perú la ley no permite la difusión pública de las encuestas electorales desde una semana antes de los comicios–, la impronta de lo incongruente –esa misma ley no prohíbe la realización de los sondeos; ergo, existen sus datos, algunos (periodistas, analistas, políticos, alguien simplemente poderoso) los tienen y todos quisieran tenerlos– y son por eso mismo, en un 95% de los casos, falsos de toda falsedad, frutos de la manipulación de quienes buscan dirigir el voto –bajo el lema del voto responsable, patriótico, consciente o como lo llamen, en contra de un supuesto "voto perdido" – hacia sus rediles.

Por ejemplo, andan por el éter mensajes sobre una candidatura que estaría a punto de quedar afuera de la segunda vuelta y reclama respiración a boca de urna. Absurdo. Tiene el “voto duro” más consistente –también el “antivoto” más energético, es cierto, pero ese es otro asunto que deberá resolver en los siguientes dos meses– así que no necesita que nadie redirija su voto para salvarla.

Otra cadena sugiere una ilegalidad cometida por una candidatura y hasta muestra supuestas pruebas. Esto corrió un par de días, para luego, en otros mensajes, derrumbar la denuncia por lógica simple y con declaraciones definitivas. Evidentemente, todo fue creado por el mismo equipo para que su candidatura se luciera con la respuesta a las “injurias”, se victimice y surja luego luminosa del pretendido barro en que se la quería hundir.

Entonces, es lo mismo de siempre, pero en versión online. El domingo vote usted por quien más le gusta, por quien cree que es el mejor candidato y que lo representa a usted en sus ideales y en lo que desea para el país. Es su privilegio en esta que será sin duda solo la primera vuelta. Total, ya en la segunda, si no sobrevivió su favorito, siempre puede votar por el menos malo. Muy posiblemente, no será la primera vez.

Periodista y editor.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de abril de 2016, 4:41 p. m. with the headline "Perú: Pensar y sopesar el voto."

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