Keiko Fujimori: Ni puerta grande ni dilema chico
Terminada la primera ronda electoral en Perú, Keiko Fujimori tiene las cosas claras: no es momento de cantar victoria. Es cierto que ha obtenido el 40% de los votos para su aspiración presidencial y 72 (quizás 73) curules –vale decir, el 55% de los 130 asientos del Congreso– para su partido, Fuerza Popular (FP), pero, sin pretender mezquinar tamaños porcentajes, sabe muy bien que lo acontecido en las urnas fue insuficiente cuando no contraproducente para sus anhelos, y porque su contendiente en el balotage no será la izquierdista Verónika Mendoza sino el ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski.
Por un lado, si bien acabó dando un salto de ocho puntos porcentuales por sobre el constante 32% que le acompañó durante meses, quedó lejos del 50% más un voto necesario para alcanzar la Presidencia; por otro, el aluvión parlamentario ha generado una pregunta que desde la noche del domingo 10 les quita el sueño a ella y a su equipo de campaña: cómo pasar por alto a un antifujimorismo al que las encuestas cifran en el 52% y convencer al elector a darle carta blanca a su partido para asumir por un quinquenio el Ejecutivo y el Legislativo.
Keiko tiene en su contra que la última vez que algo así ocurrió en el Perú fue cuando en 1995 el patriarca de la familia, Alberto, accedió a la reelección y obtuvo 65 de las entonces 120 butacas del Congreso. La cosa acabó mal y ese segundo período del ya autogolpista ingeniero agrónomo es considerado hoy como el más corrupto y antidemocrático de la historia del país. En el 2000 forzó una nueva reelección, escandalosamente fraudulenta pero permitida por un Poder Judicial cogido del cuello, seguida a los pocos meses de su renuncia por fax desde el extranjero. Con ello se inició un periplo que comprendió un exilio dorado en Japón –donde incluso postuló a un puesto en la Dieta– y ha concluido con él en una cárcel peruana, condenado por corrupción y violación de los derechos humanos.
El despotismo nada ilustrado del padre, entonces, no refulge en el escudo familiar y los adalides del antifujimorismo lo esgrimen, oprobio en ristre, para evitar que la hija repita la historia. Claro, es injusto cargar las culpas paternas en las espaldas filiales, e incluso poco serio ubicar supuestos genes dictatoriales en el ADN de los Fujimori, y es lo primero a lo que aluden Keiko y sus seguidores para refutar que vayan a seguir el mal ejemplo. Atendible.
Pero entonces aparece ante cámaras y micrófonos una congresista reelecta –no cualquiera: la número 1 de la lista– avizorando, solo horas después de anunciados los resultados, que Alberto Fujimori “saldrá por la puerta grande” de la prisión, ya que “el Poder Judicial debe rectificar” su condena. Adiós a la independencia de poderes. A media semana, otro legislador reincidente –tampoco cualquiera: el vocero oficial de la bancada fujimorista– interpretó la mayoría obtenida como que “el pueblo no quiere el consenso de las minorías”. Hasta nunca, diálogo parlamentario. Y para completar, la propia candidata, con voz destemplada y gesto adusto, critica al presidente Ollanta Humala “ahora que tengo el derecho de llamarle la atención”, confirmando que al autoritarismo le gusta la puerta grande. Mal inicio.
El otro problema para Keiko es su ocasional antagonista en la segunda vuelta. En cualquier país con un sistema estable de partidos serios y con ideologías asentadas, una pugna Fujimori-PPK sería una primaria entre dos profesos de la misma doctrina, con las diferencias inevitables de sus historias de vida, preferencias (la una es populista y el otro, liberal) y estilos (ella, autoritaria; él, demócrata). De hecho, durante la segunda ronda de las elecciones del 2011, PPK –que quedó tercero en la primera– no solo endosó su apoyo a Keiko sino que se ofreció como ministro de Economía en caso ella triunfara sobre Humala, lo que no sucedió. Entonces, siendo difícil diferenciarse más allá de procederes y formas, es básico para Keiko hacerlo y capturar el 10% del electorado que le falta para llegar a la Presidencia. ¿Lo logrará? Se aceptan apuestas, pero como se dice en el Perú en estos casos, lo más seguro es quién sabe. Es lo que hay.
Periodista y editor.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de abril de 2016, 9:34 a. m. with the headline "Keiko Fujimori: Ni puerta grande ni dilema chico."