El gran dilema del Partido Republicano
Cientos de personas protestaron después de un evento de campaña del magnate de bienes raíces Donald Trump, en California. Unas veinte personas fueron arrestadas. Los que protestaban acusaban a Trump de racista. Hubo enfrentamientos entre opositores y simpatizantes de Trump que según informes de los medios californianos bloquearon una intersección importante en las afueras del centro de eventos. Se vieron fotografías de un hombre con la cara ensangrentada, y carros dañados.
El incidente ocurre dos días después de que Donald Trump ganara cinco estados en el noreste del país, posicionándose así cada día más cerca de llegar a la convención republicana de julio como el claro favorito con los delegados necesarios. Ocurre un día después de que el magnate diera su primer discurso “presidenciable”, como lo han llamado los analistas norteamericanos, sobre política exterior, en el que criticó fuertemente al presidente Barack Obama, entre otras cosas asegurando que no lo respetaban, porque dictadores como Raúl Castro no lo habían ido a saludar al aeropuerto cuando visitó Cuba, por ejemplo. Y también asegurando que los países aliados a Estados Unidos tendrían que pagar más por ser defendidos por el país, y que estrecharía lazos con China y Rusia (siempre y cuando se porten bien), y en el que no mencionó a Latinoamérica más que para criticar la falta de hospitalidad de Castro con Obama.
El incidente ocurre además tan solo horas después de que varios republicanos considerados del establishment o tradicionales del partido, empezaran a moderar sus opiniones con respecto a Trump. Uno de Tennessee, por ejemplo, aseguró que el discurso había sido “bien pensado”, mientras que otros críticos aseguraron que era la primera vez que Trump leía el teleprompter, porque seguro los términos de política exterior le costaban para expresarlos espontáneamente.
El magnate se ha reunido un par de veces con el Comité Nacional Republicano para limar asperezas. La última sin éxito ya que fue seguida de varios mensajes en las redes sociales entre el presidente y él criticando la modalidad de entrega de los delegados. Pero con 990 delegados, ¿qué debe hacer el Partido Republicano? No apoyan muchos de ellos a Trump (el ex gobernador de la Florida Jeb Bush finalmente reapareció después de su aplastante derrota y aseguró que estaba con Ted Cruz), al que esta semana el ex líder de la cámara de representantes John Boehner lo llamó “Lucifer”. Nunca el partido se había dividido tanto con respecto al líder de su elección primaria, con la excusa de que Trump no representa los valores del partido, y, que no le ganaría a Hillary Clinton.
Como están las cosas dudo que Ted Cruz le pueda ganar a Hillary Clinton. Lo que está muy claro en el Partido Republicano es que están cansados de los políticos tradicionales, se han alineado detrás de Trump, y como van las cosas (y habrá que esperar los estados del Oeste), si el magnate gana el 50% de los delegados que quedan será el nominado. Noviembre está lejos, pero el tiempo vuela. Si quieren darles la batalla a los demócratas deberán alinearse detrás del líder de su partido. Y cómo va la cosa, a menos que ocurra una maraña extraoficial, será Donald Trump.
Periodista y presentadora de televisión y radio.
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Esta historia fue publicada originalmente el 30 de abril de 2016, 4:34 a. m. with the headline "El gran dilema del Partido Republicano."