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Opinión

Primero de mayo... ¿y los derechos de los trabajadores?

Un trabajador camina por el túnel de la State Route 99, que se encuentra en construcción, en Seattle.
Un trabajador camina por el túnel de la State Route 99, que se encuentra en construcción, en Seattle. AP

Casi todo el mundo celebra el 1ro. de mayo como Día Internacional del Trabajo. Los obreros, además del asueto, usan la celebración para realizar actos públicos, desfiles y manifestaciones para pedir reivindicaciones, casi siempre relacionadas con mejores pagos y beneficios.

Aunque esta celebración se remonta al movimiento socialista y anarquista y toma como fecha la huelga en Chicago de un grupo de obreros que reclamaban jornadas laborales de ocho horas, la conmemoración tiene como centro el permanente conflicto obrero-patrón.

En Estados Unidos, donde el sindicalismo es débil e ineficaz, el día del trabajo, Labor Day, se celebra el primer lunes de septiembre sin protestas públicas y demandas laborales. En general los derechos laborales son muy limitados. Se garantiza el salario mínimo federal (cada estado dispone del suyo), y el pago de tiempo y medio después de las 40 horas de trabajo, entre otras pocas disposiciones. Por otra parte, la mayoría de los centros de trabajo carecen de gremios.

Donde hay uniones

Donde hay grupos organizados de empleados, existe un contrato laboral que en sentido general traza las reglas, los beneficios y pagos. Usualmente estos acuerdos, están redactados de manera muy ambigua y cualquier disputa se debe ventilar mediante un árbitro laboral. No importa cuáles sean las reclamaciones, algo está claro: no puede haber huelga, detenerse la producción o disminuir el ritmo. Todo debe resolverse ante un intermediario, cuya decisión es inapelable. Eso hace que muchas querellas se resuelvan el día del arbitraje entre las dos partes, para evitar que el intermediario tenga la decisión final.

Muchos de los contratos laborales determinan beneficios importantes, como el respeto al tiempo en la compañía (quizás el más significativo), impide despidos injustos, fija salarios más altos que el promedio, y salvaguarda vacaciones, días de enfermedad, días festivos y derecho a regresar al puesto laboral en caso de cesantía temporal.

Donde no hay uniones

Donde no hay gremios, los patrones a su discreción manejan su negocio, determinando a quién contratan y a quién despiden, sin necesidad de dar explicaciones. Se dan casos de trabajadores con 20 años de servicio que son cesanteados para traer a otra persona a la misma posición con menos salario. Muchos no ofrecen vacaciones, días de enfermedad y sólo unos pocos días festivos al año.

Polos opuestos

Se ha dicho que el sindicalismo es un mal necesario. Si malo es no tener apenas derechos, inconveniente es también tener demasiados. Se dan casos de personas que no merecen continuar laborando por ser ineficientes, o tener un largo historial de ausentismo y llegadas tarde, pero hay que mantenerlos porque existe un contrato laboral. Está lo contrario. Un empleado eficiente y serio, que es dejado en la calle sin explicación, por la sola decisión del patrón que tiene otros planes. Dos extremos que se tocan.

El problema actual

Quizás el problema más complejo para los trabajadores en estos momentos parta del cada vez más extendido uso de los subcontratistas. Antes, una empresa tenía su propia empleomanía, y las grandes corporaciones se sentían orgullosas de sus empleados, pero eso ha cambiado. Muchas industrias recurren a otras fuentes que le facilitan los trabajadores que necesitan. En esencia son compañías parásitas, que reciben un beneficio por proporcionar empleados para determinadas labores. El subcontratista saca salario por cada empleado, y no brinda ningún beneficio, en muchos casos ni siquiera les hace descuentos para no verse obligados a cumplir con otras disposiciones federales. Esta realidad hace que las empresas tengan cada día menos empleados propios, lo que lleva a mayores ganancias y a no tener obligaciones legales con ese personal subcontratado.

Otro factor de actualidad es la ley de salud conocida como Obamacare. Se establece que todo trabajador con más de 32 horas semanales de servicio, reciba seguro de salud de su empleador. Para evadir esta disposición legal, muchos empleadores limitan las jornadas laborales. También no llegar a las 40 horas, obliga a muchos trabajadores a tener hasta dos o tres empleos para poder sobrevivir. Si las estadísticas solo tomaran en cuenta los trabajos de 40 horas, la tasa de desempleo se dispararía a índices alarmantes.

Qué se pude hacer

Los trabajadores no pueden hacer mucho. Los sindicatos carecen de fuerza. Toda solución pasa por el gobierno, pero este crea leyes con mucho margen de interpretación que favorecen a los empleadores. Si se legisla que todo patrón tiene que proporcionar cobertura médica a sus empleados, sin importar las horas que este trabaje, eso probablemente conducirá a jornadas semanales de 40 horas. Si, por otro lado, se les requiere a los subcontratistas que asuman el rol de lo que dicen ser, empleadores, y no meros intermediarios, más trabajadores tendrían mejores beneficios. Si los congresistas establecen que no se puede despedir a discreción, sino respetando la antigüedad, menos personas perderán sus empleos de años. Otras medidas justas y balanceadas se pueden implementar entre todas las partes.

Se puede hacer mucho, se debe hacer más. Los sindicatos deben luchar más por sus miembros, no acomodarse y vivir de parásitos con lo que pagan los afiliados cada mes. Los empresarios deben dignificar a su personal y el gobierno defender a quien le permite vivir en sus cargos a costa de los contribuyentes.

Escritor cubano. Reside en Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de mayo de 2016, 5:31 a. m. with the headline "Primero de mayo... ¿y los derechos de los trabajadores?."

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