Perú: los tronos efímeros
En la poco envidiable lista de los seres con una expectativa de vida no mayor de dos meses están, entre los insectos, algunas mariposas, el vector mosquito, la latosa mosca doméstica y la diligente aunque dañina hormiga faraón; entre los peces, el mínimo gobio pigmeo, y entre los mamíferos, los candidatos presidenciales en segunda vuelta. Es la ley de la vida y de la política.
Con tan poco tiempo y mucho por hacer, la naturaleza ha provisto a los dos primeros grupos de una memoria genética vital breve y clara que hasta hoy ha permitido la supervivencia de sus especies. Es en el tercer conglomerado que la cosa se complica. Se tiene clara la meta, pero no la ruta. Entran en juego lo mejor y lo peor de cada candidato, sus aprensiones e intuiciones, prejuicios y cábalas, sin dejar de lado al partido, el entorno íntimo y los asesores.
Está visto entonces que en esta suerte de play-offs de ocho semanas que enfrenta a Keiko Fujimori (Fuerza Popular, FP) y Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio, PPK), más que por el despliegue de sagacidades y tácticas, ganará el bando que menos errores cometa. Y poco ayuda tener congresistas electos como los de FP que alardean su inminente mayoría (73 de 130 curules), como el que advirtió que el próximo Congreso aprobaría las leyes fujimoristas “como por un tubo” –ya que “el pueblo no desea concertaciones con las minorías”, afirmó otro– o la que avizoró a Alberto Fujimori –líder in pectore de buena parte de la bancada, a despecho de su candidata oficial– abandonando “por la puerta grande” la cárcel en la que purga hasta cinco condenas por delitos de corrupción y contra los derechos humanos.
Ante los gritos de incendio antidemocrático por parte de virtualmente todo el espectro político y la sociedad civil, Keiko tuvo que desmentir primero, rechazar y desautorizar después y, por último, tratar de explicar la insostenible pasión piromaníaca de su entorno por calcinar la imagen de moderación y respeto al juego democrático con que ella pretendió presentar al partido. Para peor, las llamas de esas petulancias sirvieron para avivar, si eso fuera necesario, al movimiento antifujimorista.
Aunque cueste creerlo, no fue lo peor que le ha pasado a KF en lo que va de la segunda vuelta. La noche del domingo 24, para disipar las sospechas de que un gobierno suyo enmendaría la Constitución para permitirle reelegirse, afirmó tajantemente que en el 2021 nadie con el apellido Fujimori estaría en la liza presidencial. Buena jugada. No había terminado de salir del canal donde tuvo lugar la entrevista, cuando su hermano Kenji inició lo que la prensa dio en llamar la versión peruana de “Juego de tronos”.
Si en su momento Alberto Fujimori aprovechó el avance tecnológico y renunció a la presidencia del Perú vía fax, el menor de sus hijos –el engreído– discrepó abiertamente por Twitter con su hermana –jefa del partido– candidata en segunda vuelta. En un ataque de incontinencia textual que le duró día y medio, desmintió su desestimación a postular –que la Constitución prohíbe tácitamente a los parientes del presidente en curso– reclamó que la alternancia “empiece por casa” y denunció una cúpula enquistada en FP.
Ante el indetenible escándalo, Keiko reunió al Consejo Ejecutivo fujimorista para redactar un comunicado que ella misma leyó ante la prensa. El texto desautorizó a su hermano –el congresista más votado de FP por segundo quinquenio consecutivo– en todos los puntos y le conminó a obedecer los estatutos partidarios.
Para muchos, las ínfulas de congresistas y del junior son agüeros de una nueva versión de la aplanadora 1995-2000 del segundo gobierno del padre. Para otros, los más maquiavélicos, forman parte de un psicosocial que busca victimizar a Keiko al tiempo de hacerla ver capaz de domar chúcaros.
A todo esto, PPK también ha cometido errores, algunos de ellos francamente tontos, como demorarse en retomar la campaña, dando imagen de fatiga; no responder convenientemente al mote de “candidato de los empresarios” que le intenta colocar el fujimorismo, y dejar la cancha para un sospechoso o por lo menos poco bien explicado viaje a Estados Unidos (de toda una semana). Pero es cierto que, comparado con los harakiris del fujimorismo, los suyos son los raspones de todo roce. El elector decidirá el 5 de junio quién de ellos sobreviva y pasa a ocupar el discutible trono en juego. Es lo que hay.
Periodista y editor.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de mayo de 2016, 8:54 a. m. with the headline "Perú: los tronos efímeros."