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Opinión

Racismo e ignorancia

El candidato republicano Donald Trump habla con sus simpatizantes en Charleston, Virginia Occidental. El magnate obtuvo una victoria abrumadora en Indiana el martes pasado.
El candidato republicano Donald Trump habla con sus simpatizantes en Charleston, Virginia Occidental. El magnate obtuvo una victoria abrumadora en Indiana el martes pasado. Getty Images

Mucho se ha comentado (me incluyo) durante estos meses de la frustración del pueblo norteamericano con su clase política y la nueva economía global, que ha trasladado fábricas a otros países, y cómo es a raíz de esto que ha emergido el candidato republicano para las elecciones: Donald Trump. Pero éstas no son las únicas razones. Porque en la candidatura de Trump se conjugan elementos tanto de racismo como de una ignorancia colectiva que su condición de showman ha sabido explotar al máximo.

Culpar al otro, en este caso al extranjero, de los males que aquejan a una sociedad, no es nuevo. Ha sido uno de los componentes más arraigados de la historia de la humanidad, y también uno que ha estado detrás de muchas de sus guerras. Pero tampoco es nuevo en el partido que hoy lidera Trump, y no es casual que haya sido él quien primero puso en duda la nacionalidad del presidente Obama, sin que ningún líder de su partido lo contradijera o lo llamara al orden.

Leyes como las de Arizona y Alabama, presentadas cuando la gran recesión dejada por el gobierno de Bush tenía las cifras de desempleo por los cielos, fueron iniciativas de gobernadores y legislaturas del GOP. También es indudable que gran parte de la oposición salvaje, del bloqueo absoluto a todas las políticas del presidente en el Congreso, tuvieron mucho que ver con el color de su piel, más que con sus ideas. Al candidato Obama casi se le acusó de ser un híbrido de Stalin y Mao reencarnado. También de ser amigo de terroristas y de ser un musulmán infiltrado.

Tampoco me parece que sea casual que la primera aparición en campaña del hoy candidato del GOP, fuese aquella en la que acusó a México de exportar violadores y bandidos a los Estados Unidos. Puede retratarse con todos los tacos y burritos que quiera (como lo hizo este 5 de mayo) pero eso no le quita lo racista. Sí, Donald Trump es un racista y lo ha demostrado con creces. No le gustan los latinos, quiere que se cierren las fronteras del país a los que practican el islam, y no le importa que lo apoye uno de los máximos líderes del Ku Klux Klan.

Que en un día normal de su (espero) hipotética presidencia se despierte con la idea de expulsarnos a los nacidos en Colombia, en Cuba, en México, en Brasil, en Argentina, en Kenia, en China, en Irak, seamos o no residentes, seamos o no ciudadanos, no sería raro. No hay peor amenaza actualmente para el mundo que el hombre que domina los ratings a punta de insultos y Twitter, termine siendo el primer mandatario del país más poderoso del planeta. Y que quede claro, el partido del que hace parte es tan responsable como él de la locura que estamos presenciando.

Pero esta locura también nace de que gente como Trump ha explotado algo igual de peligroso: la ignorancia. En un mundo en el que tenemos 250 canales en un paquete básico de cable, sumados a Twitter, Facebook, Snapchat, Instagram y demás, en el que reina una mujer llamada Kim Kardashian, que nadie sabe en realidad qué hace, y en el que un tema de discusión es el tamaño de las manos como referencia a otra cosa en los debates de uno de los dos partidos más importantes de USA, cualquier idiota vanidoso con el pelo arreglado para que no se le vea la calva, que invoca el período menstrual de una periodista para esquivar una pregunta que le incomoda, puede ser el nominado.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de mayo de 2016, 4:35 a. m. with the headline "Racismo e ignorancia."

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