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Opinión

Solo un divorcio les salvará

Sé fuerte, Paul. No te rindas. Tú eres la esperanza de la resistencia. Cuando hoy entres a esa reunión-trampa de “reconciliación” con Donald, recuerda que eres su rehén. Tú y tu partido. Y la ideología conservadora, sobre todo la ideología, que él desprecia o utiliza, según le convenga. Ya sabes que además de secuestrador del GOP, mendaz y vulgar, Trump es errático, sin principios: hoy dice que bajará los taxes y mañana que los subirá; hoy está a favor de las armas y el aborto y mañana en contra… Y además ya te advirtió hace días que “El partido se llama republicano, no conservador”.

Un claro aviso de su infidelidad a los dogmas conservadores. Y de lealtad a su filosofía de siempre, la misma de Groucho Marx: poseer varios juegos de principios y sacarlos según las circunstancias. A lo único que se compromete es conquistar el poder. Y para ello necesita la escenificación de hoy de reconciliación y unidad. Reconciliación que en su diccionario significa tu/vuestra claudicación. Una pantomima orquestada para que más ovejas entren al redil.

No se trata de la disciplina partidista tradicional. ¡Estáis en una guerra civil! Con diferencias tan irreconciliables que caben sólo dos opciones: rendirse (por cobardía o autoengaño) o luchar. La primera implica el suicidio del partido de Lincoln. La segunda un divorcio, para salvar lo que queda de la herencia política y empezar una nueva vida.

No hay vuelta atrás, Mr. Ryan. Con su matonismo zafio “el Donald” os ha dado un golpe de estado. Peor aún, quiere corromper el templo de la democracia USA con su tele-cracia. Sí. El veneno de odio y miedo que ha inoculado en la sociedad trasciende las fronteras de ambos partidos. Así es que recae hoy sobre tus hombros el peso de evitar que se consolide esa desgracia. Que lo sería para este país y para el mundo.

Por cierto, el mundo está alarmado. Salvo Putín, que es su alma gemela, los demás líderes temen una debacle, empezando por la recesión global que causaría el plan económico de Trump. Sobre todo desde que esta semana ha declarado que “le encanta la deuda” y no ve problema en seguir gastando porque “tenemos la máquina de imprimir dólares”. Aparentemente desconoce el significado de la política monetaria. Pura estulticia.

Y para qué hablar del estupor que suscitan sus amenazas contra la OTAN, Oriente Medio, China y todo el que no se pliegue a sus órdenes. O no pague. Como si el mundo fuera una gran empresa de real estate, en la que alquila terreno y servicios. En su profunda ignorancia de la política internacional, pretende que Estados Unidos actúe sólo como un “guardaespaldas de pago”. Y los países que no quieran pagar “renta” tendrán que protegerse obteniendo bombas nucleares. No es un invento mío, lo ha dicho refiriéndose a Japón y Corea del Sur, entre otros países.

Es tan surrealista la idea de que un candidato a la Casa Blanca en el siglo XXI dé la bienvenida a la proliferación nuclear, que ni el mismísimo Stanley Kubrick la hubiera imaginado en su fantástico filme en plena Guerra Fría, Dr. Strangelove (1964).

Escondida en su demagogia mesiánica y maniqueísta (no maniqueísta entre el bien y el mal, sino entre “él y el resto”) hay una falta absoluta de empatía con las necesidades humanas, sobre todo con los más débiles, los inmigrantes, los pobres, las minorías… Los grandes líderes de la historia han sido los que inspiran un mundo mejor, precisamente ocupándose de los débiles. Trump es lo contrario, es un motivador de resentimiento, que atiza el odio y el miedo. Y desprecia o se burla de los que cree “perdedores” en la ruleta de la vida.

Quienes ya han entrado en su redil, han cruzado la frontera de la moral. Y en esa frontera es donde SÍ hay que poner una valla. Lo más alta posible. Empieza a construirla, Paul. El primer ladrillo es mantener hoy la dignidad en esa reunión envenenada. Y de paso labrarte un gran porvenir político. A veces para ganar el futuro hay que perder el presente. Perder en noviembre.

Además, de todas formas, todo indica que el presunt-uoso nominado sufrirá una ignominiosa derrota frente a Hillary. Y aunque en política nunca hay garantías, sirva como indicador las numerosas deserciones de republicanos que prefieren votar por alguien conocido –a pesar de todos sus lastres– que por un autócrata impredecible embriagado de arrogancia. Y que quienes históricamente deciden las elecciones, que son los independientes, en su mayoría (incluida servidora) piensan votar a la señora Clinton.

Sería un grave error histórico Mr. Ryan, vender el alma republicana al populismo de un déspota narcisista para intentar –sólo intentar– ganar la Casa Blanca.

Periodista y analista internacional.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de mayo de 2016, 4:36 p. m. with the headline "Solo un divorcio les salvará."

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