¿Mosquitos para qué?
Los Cayos floridanos se han convertido en el campo de batalla en una guerra contra una especie maligna de mosquito. Una de las tácticas que se discuten para acabar con estos zancudos peligrosos ha suscitado una polémica que enfrenta hechos corroborados con la histeria. Lamentablemente, en los “Keys” la histeria se ha ido imponiendo. En lugar de aprobar una propuesta segura y eficaz para eliminar el detestable Aedes aegypti, el bicho portador del virus zika, el chikunguña y el dengue hemorrágico, la llamada Florida Keys Mosquito Control Board (una junta cuyos cinco miembros son elegidos por los votantes del condado Monroe) ha decidido evadir su responsabilidad. Es la reacción instintiva de políticos picados por el miedo.
La junta les ha delegado la decisión a los 780 votantes de Key Haven, un suburbio de Cayo Hueso. Por medio de un referendo no vinculante (aunque la junta ha declarado que acatará los resultados) el próximo mes de agosto los electores de Key Haven determinarán si aceptan el plan de una empresa británica que garantiza la erradicación de más del 90 por ciento de los Aedes aegypti en la comarca.
La histeria de incontables residentes (y de un enjambre alebrestado que se encuentra fuera de los Cayos) ha sido desatada por las armas que la firma británica utiliza para erradicar mosquitos. La obra conjunta de científicos de la universidad de Oxford en Inglaterra y la empresa de biotecnología Oxitec, el método consiste en modificar genéticamente machos Aedes aegypti, soltar millones de ellos a fin de que desplacen a los machos silvestres de la zona y después se apareen con el mayor número posible de hembras. (Aquí hace falta aclarar que los machos no chupan nuestra sangre; sólo las hembras chupan sangre y, en el caso de algunas especies, sólo las hembras nos transmiten enfermedades).
Los mosquitos que Oxitec propone liberar en los Cayos llevan una mutación genética que condena sus crías a la muerte antes de que los bichos puedan pasar las fases de larva o de pupa. Millones de estos mosquitos modificados fueron lanzados a la guerra contra el Aedes aegypti en un lugar de las islas Caimán entre 2009 y 2010. Oxitec informó que se registró una disminución del 96 por ciento en el número de mosquitos, comparado con la población adulta de los zancudos en zonas aledañas. La misma prueba se realizó en Brasil en Juazeiro, en el estado de Bahía, entre 2010 y 2011. Al cabo de un año, en las zonas donde habían liberado machos genéticamente modificados la población adulta de Aedes aegypti se había reducido en un 95 por ciento.
El invento funciona. Entonces, ¿cuáles son las objeciones de los histéricos? Que la tecnología emplea criaturas “modificadas genéticamente”, dos palabras que automáticamente avivan los recelos irracionales de muchos ambientalistas. Recelos que los llevan a adoptar posturas que repudian cualquier prueba empírica, cualquier estudio científico en torno a las modificaciones genéticas cuyas conclusiones no coinciden con sus prejuicios. ¿Será posible que prefieran los odiosos insecticidas a los Aedes aegypti con mutaciones genéticas? Que se lo digan a las mujeres brasileñas cuyos bebés nacen con microcefalia por culpa del zika.
En este caso los histéricos me tienen sin cuidado. Es más, en cuanto al uso de los mosquitos genéticamente modificados, iría más allá de lo que se propone en los Cayos y en Brasil. Emplearía la tecnología de Oxitec para acabar con todos los malditos Aedes aegypti y Anopheles gambiae (portadores de la malaria) del planeta. Coinciden conmigo E.O. Wilson, un brillante sociobiólogo defensor de la biodiversidad, y varios científicos respetados. Los mosquitos no sólo constituyen un suplicio local; enferman a millones y matan más personas que los propios seres humanos con nuestras guerras y otros actos de violencia. Según la Fundación Gates, 725,000 individuos mueren anualmente de enfermedades transmitidas por Aedes aegypti y Anopheles gambiae. Viviríamos mejor sin ellos, en los Cayos y en todas partes.
Periodista cubano, ejecutivo de una empresa internética.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de mayo de 2016, 11:43 a. m. with the headline "¿Mosquitos para qué?."