Opinión

Escuela asediada en la Pequeña Habana sufre ‘déjà vu’… ‘de nuevo’

Varios días antes que la Casa Blanca anunciara que normalizaría sus relaciones con Cuba, un estudiante de segundo año de una preparatoria ubicada en el vecindario de la Pequeña Habana en Miami pronunció un discurso que cautivó a un grupo bipartidista de legisladores estatales y de defensores de la reforma educacional durante una conferencia auspiciada por el Hispanic Council for Reform and Educational Options (HCREO).

En su discurso, Valentín Méndez elogió la reforma de una educación innovadora que ha ayudado a transformar su vida. Y les habló a los conferencistas de la HCREO (incluyendo a Frank, hermano del vicepresidente Joe Biden) sobre La Progresiva, una escuela pequeña y privada, la cual tenía un pasado extraordinario… y un futuro muy incierto.

La Escuela Presbiteriana La Progresiva fue inaugurada en 1900 en el pueblo costero de Cárdenas, Cuba. La escuela contó con alumnos pertenecientes a tres generaciones hasta que Fidel Castro la cerró en 1961. Después que muchas familias que habían asistido a la escuela abandonaron Cuba y se ubicaron en Miami, La Progresiva reabrió sus puertas en 1971 en la Pequeña Habana. En la actualidad, la escuela cuenta con cerca de 500 estudiantes, muchos de los cuales vienen de hogares de bajos recursos, y su idioma primario es el español.

Valentín comenzó en La Progresiva tras una larga temporada tras tener que abandonar la escuela cuando era alumno de sexto grado. Anteriormente, había asistido a dos escuelas públicas, pero fue acosado implacablemente en ambas. “Estaba enojado, frustrado; casi todos los días lloraba”, Valentín le manifestó a la HCREO. “No tenía esperanzas”.

Decidida a encontrarle una solución a los problemas escolares de su hijo, la madre de Valentín oyó hablar de La Progresiva y decidió indagar sobre esa escuela. Se enteró de que muchos de los alumnos recibían algo llamado Step Up for Students Scholarship, un programa que ayudaba a los muchachos necesitados, establecido por Jeb Bush cuando fue gobernador de la Florida.

La madre de Valentín se inscribió para recibir ayuda y, gracias al programa Step Up, Valentín comenzó las clases en esta escuela nueva hace casi cinco años (precisamente en el día de San Valentín).

Después de superar un escepticismo inicial acerca de La Progresiva, Valentín comenzó a avanzar en la clase. “Todo cambió en mi nueva escuela”, le dijo a la HCREO. “Comencé a interesarme; comencé a soñar; comencé a vislumbrar un futuro para mí”.

Mientras asistía a la escuela, Valentín pasó muchas noches durmiendo en el piso frío de la estación de gasolina donde su madre trabajaba el turno de madrugada (ella no se sentía cómoda dejando a su hijo solo en la casa). “Pero eso no me importaba porque yo estaba feliz y al fin estaba aprendiendo”, dijo él. De hecho, Valentín se esforzó para progresar hasta llegar al nivel escolar que le correspondía después del retraso que había sufrido.

Desafortunadamente, el trayecto educacional de Valentín –así como el de cerca de 70,000 estudiantes del Step Up en la Florida– quizás no tenga un final feliz. Por esta razón, la Florida Education Association (FEA) recientemente presentó una demanda para buscar la manera de cerrar el programa de becas por crédito para estudiantes de bajos recursos.

El sindicato de maestros aduce que ofrecer becas de Step Up, con el propósito que los estudiantes necesitados puedan asistir a escuelas privadas, desviarían los recursos del sistema escolar público. Pero Raoul Cantero, quien pertenecía a la Corte Suprema de Justicia en la Florida, ha manifestado que eso no es exactamente cierto, y aclaró que las becas de Step Up son financiadas por las donaciones de empresas de la Florida, las cuales son favorecidas por las ventajas fiscales y no por los recursos estatales.

Por supuesto, aunque las becas del Step Up fueran financiadas con dinero estatal, el interés público en ayudar a los estudiantes necesitados como Valentín para que triunfen en sus clases, definitivamente merece una prioridad superior a la de preocuparse si cada estudiante asiste a una escuela gubernamental. Estamos en EE.UU., que al fin y al cabo, no es la Cuba de Castro. Cancelar los programas educacionales que están ayudando a los estudiantes necesitados, difícilmente pueda ser “progresivo”.

Decenas de miles de padres del Step Up confían desesperadamente en que las Cortes de la Florida no se pronuncien en contra de ellos. Se han organizado para luchar contra la demanda, y su fuerza política se está sintiendo en las urnas. De hecho, un grupo de analistas de elecciones le han atribuido a Rick Scott el estrecho margen de votos por encima de Charlie Crist en las elecciones gubernamentales de 2014 por el hecho de la reacción negativa de los padres afroamericanos e hispanos que objetaban el apoyo de Crist a la demanda de la FEA.

Para las familias de varias generaciones de La Progresiva, quienes aún recuerdan cómo Castro un buen día cerró su escuela, la demanda de la FEA les recuerda la frase “déja vu… de nuevo”. Y mientras tanto, muchos padres, cuyos hijos han sido beneficiados por las escuelas públicas, no pueden comprender completamente esta lucha. Todos tenemos casi 70,000 buenas razones para estar esperanzados en que FEA retire su demanda, empezando por un estudiante impresionante llamado Valentín Méndez.

William Mattox es miembro de la Junta de Contribuidores. Su esposa, Jill, anteriormente ejerció como defensora de una reforma educacional para la organización de ciudadanos latinoamericanos radicada en Washington. Ambos están ahora afiliados con The James Madison Institute, un grupo de estudio en la Florida.

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