Opinión

ARMANDO GONZÁLEZ: El Estado de la Unión, 2015

Analizar el discurso del presidente Obama el pasado martes 20 requiere hacer una admisión sincera de mis sentimientos. El pasado diciembre 17, el presidente anunció su iniciativa para reanudar relaciones diplomáticas con el régimen de Raúl Castro. La reacción en el país ha sido dividida, pero en lo que respecta a este cubano, y como dije en una columna anterior, la acción del presidente constituye una traición a nuestra causa. Es por eso que, al analizar su discurso sobre el estado de la Unión debo ser cuidadoso de mantener objetividad a pesar de que mi opinión sobre el presidente es altamente negativa. Pero concentrémonos en el discurso.

Como mucha gente, encontré el discurso tedioso y altamente politizado. Pero esto no es nuevo para mí, yo encuentro los discursos sobre el estado de la Unión cansones y repetitivos, particularmente cuando tienen lugar en una presidencia avanzada. Es aún más así porque es tan hipócrita. Es una cosa decir, como candidato, que va a luchar contra el cinismo cuando se es un político joven. Es otra cosa comenzar el sexto año de presidencia tentando a la oposición con propuestas que, él sabe, no van a pasar el Congreso. Obama dice que quiere gobernar con los republicanos pero vetará cualquier iniciativa significativa que le remitan. Obama promete toda clase de cosas gratis, pero entonces insiste en que tiene que subir los impuestos para pagar por eso. Así que no es gratis después de todo. Obama expresa su bien ensayada ira a la noción que el salario mínimo no es suficiente para mantener una familia, cuando en realidad, el salario mínimo no se concibió para eso.

“Pasemos la página” dijo Obama, citando todo lo que luce bien en el estado actual de la economía. “La sombra de la crisis ha pasado y el estado de la Unión es fuerte”. Esto es cierto porque, en términos relativos, ¿qué nación en el planeta está mejor que nosotros? Europa permanece en crisis. China apenas avanza y está arrestando a miles. Rusia es un imperio falso. En Japón murieron más japoneses el año pasado que los que nacieron, una peligrosa espiral demográfica. Aquí, nuestra economía está creciendo, el precio del petróleo baja dramáticamente, la confianza del consumidor se eleva y, si usted tiene un 401(k), se siente bien por primera vez en años porque la bolsa de valores luce saludable.

Políticamente, la página que Obama pasó el pasado noviembre fue la página en que los demócratas tenían mayoría en las legislaturas. La página no fue simplemente “pasada”, fue arrancada del libro, estrujada y tirada al cesto de basura. Los republicanos tomaron control del Senado con un margen decisivo. Aumentaron su liderazgo en la Cámara con la mayoría más grande en 80 años. De las 99 legislaturas estatales, los republicanos tienen mayoría en 68. Es interesante que, en su discurso, el presidente ignorara estos resultados.

Es interesante porque en el principal discurso de los últimos tiempos, ha llevado su presidencia a iniciativas que no tienen la menor oportunidad en el Congreso. En cuanto a “pasar la página”, ¿qué diría el presidente de nuestra presencia en Irak? El año pasado, en su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente alardeó que estaba retirando nuestros ejércitos de Irak. ¿Y ahora? Le pidió al Congreso que le diera una nueva autorización para la guerra contra el Estado Islámico. Una guerra que está teniendo lugar en… Irak.

¿Y si pasamos la página a Irán? El presidente dijo que las negociaciones con Irán sobre su esfuerzo de convertirse en una potencia nuclear han detenido el progreso de su programa nuclear y reducido el inventario de material nuclear. Esto es, simplemente, mentira. Irán ha seguido enriqueciendo uranio y está construyendo nuevos reactores.

El problema en este asunto de “pasar la página” es que ni Obama ni Estados Unidos tienen el poder para, unilateralmente, detener esto. Hay otra gente en el mundo escribiendo el libro. Irán es un coautor, como lo es ISIS y Rusia.

Aquí en casa, a los republicanos se les ha encargado por el electorado con, al menos, controlar los deseos del presidente de escribir y reescribir la historia como a él le gusta. Y, ni siquiera uno de esos planes que describió en su discurso serán jamás convertidos en ley, él lo sabe y todo el que esté al día también lo sabe.

Los republicanos deben poner en la mesa una agenda conservadora para mejorar las condiciones de vida de los estadounidenses de forma clara y tangible. Y deben hacerlo aun cuando convertir esa agenda en leyes requerirá esperar por y trabajar por un presidente mejor.

AGonzalez03@live.com

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