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Opinión

Paralelismos

El más famoso de todos los dictadores de la historia no llegó al poder por un golpe de Estado sino por elecciones libres, elegido por un pueblo cansado de los políticos tradicionales que no resolvían los problemas fundamentales, en medio de una crisis económica tras la devastación de una guerra. Por entonces la mayor parte del pueblo alemán echaba la culpa de los problemas internos a los judíos, como mismo gran parte del electorado que hoy apoya a Trump echa la culpa a los inmigrantes. En los últimos años Estados Unidos ha encabezado dos guerras, la de Afganistán y la de Irak, ha sufrido en su propia carne ataques foráneos y ha atravesado una gran crisis sólo comparable a la del crack del 29, un panorama muy similar a la que precedió al triunfo del nazismo y la Segunda Guerra Mundial.

La afinidad de Trump con figuras relevantes del movimiento neonazi o de supremacistas blancos se ha destacado más de una vez, como su demora en rechazar el apoyo público que le brindara David Duke, de reconocidos vínculos con el Ku Klux Klan, o el nombramiento para delegado en la Convención Republicana de California, de William Johnson, quien propone la expulsión de Estados Unidos de todas las etnias que no sean americanos blancos, sin importar si son ciudadanos o no. Todos los demás, afuera, incluyendo los negros y los hispanos blancos. Trump ha propuesto legalizar la tortura, prohibir la entrada de musulmanes a Estados Unidos, vigilar estrechamente las mezquitas y obligar a los musulmanes residentes a llevar una tarjeta donde se identifique claramente su religión, medidas con las que empezó Hitler su política antijudía que culminara en los tenebrosos campos de concentración. El antisemitismo regresa.

Pero el mal no está en los inmigrantes, pues si así fuera, tendrían los indios americanos el derecho a exigir también la devolución de todas sus tierras robadas y el regreso de los blancos a Europa de donde procedieron sus antepasados, y si está en los musulmanes porque algunos de ellos realizaron actos terroristas, entonces también estaría en todos los americanos blancos, porque uno o varios de esos supremacistas fueron los responsables del primer gran acto terrorista de nuestra época, como lo fue el edificio federal de Oklahoma. El mal donde realmente está es en un sistema donde la inmensa mayoría de los trabajadores mal vive con salarios que apenas les alcanzan para pagar una vivienda que nunca será realmente suya sino de los bancos, mientras los grandes corporativos ganan en un día (y eso siendo conservadores) lo que ellos perciben en un mes, donde la República, en vez de ser del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se está convirtiendo –como expresara el premio Nobel Joseph Stiglitz– en otra: “del 1 por ciento, por el 1 por ciento, para el 1 por ciento” ; en un sistema que convierte a la política en una profesión y a los políticos en una clase privilegiada que ve en los cargos públicos un medio de enriquecimiento, un negocio más, en vez de una oportunidad para servir a la patria y al pueblo. Y entonces, como remedio al mal, se dice: “Pues si la política es un negocio, busquemos a un experto en negocios”. Y no se percatan de que lo que hacen es la magnificación del mal.

Y ya hasta el establishment republicano se inclina hoy, finalmente, a dar su apoyo a Trump. Según el historiador Alan Bullock, la principal responsabilidad del ascenso del nazismo al poder en Alemania fue de la derecha, que “renunció al verdadero conservadurismo” al asociarse con Hitler en una coalición de gobierno.

Vivimos tiempos peligrosos.

Escritor e historiador.

concordiaencuba@outlook.com

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de mayo de 2016, 10:34 a. m. with the headline "Paralelismos."

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