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Opinión

Un gran gobierno demócrata

Hemos entrado en la arena política sin remedio a medida que nos acercamos a las elecciones. Imposible no ser arrastrada por el torrente de los medios en su bombardeo noticioso imparable sobre los candidatos, sus mutuos ataques y toda la suciedad que vemos surgir. La mierda nos llega al cuello, pero no nos ahogaremos, porque algo siempre llega para reanimarnos. Fue algo fascinante lo que sucedió en estos días de pantalla televisiva “en candela” perturbadora.

“Si el pueblo norteamericano no me quiere, sus descendientes lo harán”, dijo Lyndon B. Johnson, el 36° presidente de EEUU (1963-1969). Y de pronto esa frase me sacó de esta contienda y tuvo para mí absoluta validez.

¿Por qué de pronto? Porque no fue hasta el sábado, cuando vi el estreno de la película All the Way, en HBO, interpretada por Bryan Cranston, el inolvidable Walter White de Breaking Bad, una de las más grandes series de televisión de todos los tiempos, que pude apreciar el carácter, los conflictos, el mandato de LBJ, mis recuerdos de aquellos tiempos, que viví en mi adolescencia y juventud implicada –me iniciaba en este proyecto de vida sin saberlo– en lo social y lo político, la búsqueda de la verdad, la justicia y la paz. Pero como la mayoría de los jóvenes rebeldes de esa histórica era, sólo veía el horror de la guerra: Viet Nam, los 60, experiencias que junto a otras cambiaron al país para siempre.

Entonces no tenía la valorización que dan los años. El título de la película está tomado del lema de campaña de Johnson para las elecciones de 1964: “All the Way with LBJ”. Y la trama se centra en el tumultuoso primer año de su presidencia, cuando siendo vicepresidente, tuvo que ocupar el cargo de presidente después del asesinato de John F. Kennedy en noviembre de 1963. Johnson enseguida se puso a trabajar obsesivamente para que se aprobara la histórica Ley de Derechos Civiles, que puso fin a la segregación racial y prohibió la discriminación en los centros de trabajo por motivos de raza, religión, sexo u origen nacional. La ley es considerada uno de los logros legislativos cumbres del movimiento de derechos civiles, pero sin la astucia política de Johnson no hubiera pasado.

El proyecto de ley fue propuesto por el presidente Kennedy, sobrevivió bajo Johnson a la fuerte oposición de los congresistas del Sur y luego se convirtió en ley por la magistral legislación de Johnson. Hay que ver la película. All the Way la siguen poniendo en HBO, y todo interesado en la política dura, cruda, real, y en ver una obra maestra del séptimo arte, no se la debe perder. Ha ganado seis Oscar y varios Globos de Oro, entre otros premios. Muy apropiada para ver en estos tiempos.

La Ley de los Derechos Civiles también declaró ilegal la aplicación desigual en lo que respecta a los requisitos de registro de los votantes y todas las formas de segregación racial en las escuelas, como ya dijimos en los empleos, y también en los servicios públicos.

Pero el presidente Johnson hizo mucho más de lo que trata la película. Su visión de lo que llamó “la Gran Sociedad”, ha sido ejemplo para generaciones de demócratas. El programa se convirtió en la prioridad de Johnson en enero de 1965, y se basaba en declarar una guerra a gran escala contra la pobreza y el racismo, una sobresaliente ayuda a la educación, incluyendo la creación de Head Start, un programa preescolar diseñado para ayudar a los niños pobres que llegaban en desventaja al kindergarten. Pero que después de pasar sus 4 y 5 años de edad en Head Start, estaban listos para aprender, con una formación vital en la edad en que, según Jean Piaget, uno de los grandes sicólogos del desarrollo del conocimiento en la niñez, considera entre los más importantes para la formación básica del ser humano.

Uno de los magnánimos logros de la Gran Sociedad fue la creación del Medicare, para proporcionar un seguro de salud a las personas mayores de 65 años. Se creó también Medicaid, seguro de salud para los pobres. Y el Children’s Health Insurance Program (CHIP), que hoy sirve a más de 31 millones de niños necesitados.

La nueva sociedad se promovió por LBJ –y sus extraordinarios poderes de persuasión– y sus compañeros demócratas en el Congreso en los años 1960 y siguientes. En su gran alcance social, la Gran Sociedad se pareció al New Deal de Franklin D. Roosevelt, creador del Seguro Social.

Los mejores gobiernos que ha tenido Estados Unidos han sido demócratas. Como el de Barack Obama, de un gran legado en política doméstica.

Es el que quieren establecer, pero aun más radicalmente, Hillary Clinton y Bernie Sanders. Que así sea.

Escritora cubana.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de mayo de 2016, 6:34 a. m. with the headline "Un gran gobierno demócrata."

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