Opinión

CARLOS DUGUECH: La impunidad en los magnicidios

No es ocioso traer –luego de tantas décadas– lo que representa en los términos de administrar justicia el famoso Informe Warren que determinó que no había una conspiración en el asesinato del presidente John Kennedy. Todavía subsisten serias y fundadas dudas de que tal informe tapó por razones de seguridad nacional el crimen. Similar en torno al asesinato del líder por los derechos civiles de los negros en EEUU, Martin Luther King. País en el subsisten sectores racistas que avalarían ese mismo crimen. Tantas las controvertidas versiones sobre autoría material e intelectual (en paralelo con el caso Kennedy) que hoy nadie está verdaderamente informado de la realidad.Así podrían citarse otros ejemplos que tienden a consolidar una idea que se hace carne en la conciencia de la gente de a pie: los magnicidios, aunque se los vea en TV y en directo, siempre ocultan bajo una pesada alfombra su verdadera razón; el rostro y los nombres de los autores intelectuales que planificaron y ordenaron el hecho. De los que bajaron el pulgar, sin complejos porque en ello mismo les iba su propia suerte.

El caso de la “muerte dudosa” (calificación judicial) del fiscal argentino Roberto Nisman, a pocas horas de dar a conocer en la Cámara de Diputados de la Nación su informe acusatorio de la presidente argentina Cristina Fernández de Kirchner, su ministro de Exteriores y otras personas más por “encubrir” a los prófugos iraníes acusados de la voladura de la mutual judía AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), es gravísimo. Abre en Argentina un espacio de zozobras, entredichos, interpretaciones, acusaciones veladas y de toda estirpe.

Debe tenerse en cuenta para una evaluación más cercana a la realidad el caso origen: el atentado a la AMIA en julio de 1994, en Buenos Aires, que segó la vida de 85 personas e hirió a otras 300, que todavía sigue impune. No sólo los judíos –que son una colectividad importante en Argentina– sino, ahora, más que nunca antes, claman por justicia desde todos los sectores.

Veinte años después del hecho trágico todo hace suponer que cada vez ese aleja más el imperio de la justicia. El magnicidio se produce en circunstancias harto especiales para el país, ansioso de saber si el fiscal Nisman mentía o tenía las pruebas que decía tener para involucrar nada menos que la máxima autoridad de la Nación y a otros altos funcionarios en el encubrimiento de la tragedia de la AMIA en la que están formalmente acusados por la justician argentina funcionarios iraníes de la embajada de su país en Argentina en los tiempos del atentado) y hasta con solicitud formal a la Interpol para la captura de los imputados. A pocas horas de explicar lo suyo ante una comisión del parlamento argentino, el tremendo impacto de la muerte del fiscal Nisman.

Dadas las circunstancias y analizados los antecedentes como los magnicidios en Estados Unidos que se mencionaron y otros similares, se puede estar más cerca de acertar si se piensa que nunca se sabrá la verdad. Mientras se investiga aparecerán pruebas, testimonios comprometedores, hechos y a la vez testimonios prefabricados, testigos que no lo son, defectos en la custodia del lugar del hecho, extravío de pruebas, pericias mal hechas, recusaciones de jueces y fiscales, etc.

Casi es una regla del hampa: en los magnicidios es necesario urdir un muy complejo sistema de entrecruzamientos de datos y rastros, de motivaciones y de sectores que pudieran estar interesados en el hecho producido para que finalmente nada se concrete. Y el crimen, impunidad total. Esto, tomado como regla general que, por serlo, se cumple. Contra vientos y mareas: en los magnicidios nunca se termina de precisar la autoría ni se dictan, en consecuencia, sentencias condenatorias.

Concurre, en Argentina, un factor predominante que ahondará esta desgraciada característica de los magnicidios: estamos en tiempo de elecciones generales, con recambio de presidente, gobernadores, legisladores nacionales y de provincias y otros funcionarios. Eso complica hasta el accionar de la propia justicia, que se esforzará por ser y parecer todo lo independiente que se necesita y exige la constitución argentina, en mucho inspirada en la de Estados Unidos.

Columnista argentino.

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