Opinión

UVA DE ARAGÓN: La visión del presidente Barack Obama

Los Estados Unidos tienen como fundamento el principio de la igualdad de oportunidades. El sueño americano es el resultado de la movilidad social, o la capacidad de cualquier individuo de progresar gracias a sus propios esfuerzos.

Ese sueño está en peligro. El problema interno mayor en el país actualmente –y así lo reconocen ambos partidos– es la desigualdad. Las propuestas que ofreció el presidente Barack Obama en su discurso del Estado de la Unión el pasado día 20 tienen como objetivo eliminar o disminuir esa desigualdad. Estudiar gratis dos años de community college –lo que en algunos países se llamaría el preuniversitario–, aumento del jornal mínimo, igualdad salarial a las mujeres por un trabajo de igual valor que el de los hombres, son medidas que ayudarían a la clase media. Ha sido la más perjudicada pese a la recuperación económica porque los sueldos no han aumentado en los últimos años. El Presidente considera una prioridad rescatar la movilidad social de esta clase y la de sus hijos.

La discriminación contra personas de la raza negra y los inmigrantes pone en peligro la igualdad ante la ley, otro de los pilares de la democracia estadounidense. Obama señaló el conflicto y esbozó soluciones posibles.

Para pagar por estos programas, el primer mandatario propone una reforma en el código de recaudación de impuestos. Intenta que las grandes corporaciones que se valen de loopholes o subterfugios para evadir la ley y no abonar las cantidades debidas, contribuyan más al fisco, y por tanto al bien común.

El Presidente se mostró triunfante, y según algunos, hasta altanero, cuando hace apenas unos meses los republicanos ganaron las elecciones parciales y han alcanzado la mayoría en ambas cámaras. Incluso lo más probable es que muy pocas o quizás ninguna de sus propuestas pueda convertirse en ley. Sin embargo, los pronósticos agoreros de sus opositores hace seis años no se han cumplido. Por el contrario, el país ha salido de la recesión y muestra mejoras en muchos de los índices económicos. Obama desea que el pueblo americano esté consciente del éxito de sus políticas financieras. El discurso era para los ciudadanos, no para el Congreso. Tuvo efecto, porque de inmediato su índice de popularidad subió varios puntos.

El Presidente se refirió a aspectos de política exterior en un momento en que el mundo no puede estar en una situación más enmarañada. Quizás simplificó conflictos serios, porque prefirió mantener un tono optimista. De todas formas, en muy pocas ocasiones –la reelección de George W. Bush fue una– los votantes eligen al Presidente basándose en temas internacionales. Lo que cuenta es el bolsillo. Y a Obama le interesa asimismo preparar el camino para las elecciones del 2016, aunque, como dijo, ya él no tenga más campañas pendientes.

El Presidente también desea establecer su legado histórico, aunque en definitiva sólo el tiempo será el que lo determine. Sus críticos lo acusen de “politiquero”, pero él asumió la postura de un estadista y nos ofreció una síntesis de la visión del futuro que desea para el país.

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