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Opinión

El morbo es rentable

El candidato republicano Donald Trump, junto a su esposa, Melania, ofrece una conferencia de prensa en el Trump National Golf Club en Briarcliff Manor, Nueva York, el 7 de junio.
El candidato republicano Donald Trump, junto a su esposa, Melania, ofrece una conferencia de prensa en el Trump National Golf Club en Briarcliff Manor, Nueva York, el 7 de junio. AP

Nunca hemos tenido una campaña presidencial como la que este año nos ocupa: aparatosa, estridente, rabiosa, divisiva y plagada de ordinariez. Menudas elecciones que tendremos. Y todo gracias a la índole de uno de los candidatos: Donald Trump. Pero sobre todo, gracias al tiempo y espacio excepcionales que la prensa le viene dedicando al magnate republicano (cosa aparte son los trapos sucios de Hillary). Porque en materia de ratings —según los gurús de la televisión— no hay rival que infle tanto los índices de audiencia como él. Todo está fríamente calculado: tantos espectadores de pantalla o clics de computadora equivalen a número de anunciantes. Dinero —dicen— llama dinero. De manera que rara es la tele que por estos días se aventura a difundir un noticiero omitiéndolo de sus titulares, con su melena a lo Presley, envalentonando adeptos y desacreditando adversarios, con una constancia y furor abrumadores.

Eso explica por qué ninguna de las grandes cadenas suele cortar (salvo para las pausas publicitarias, por supuesto) sus inflamadas peroratas. La política del espectáculo en todo su esplendor. Nada se compara al fenómeno Trump. Ni siquiera toda la excitación de los comicios de 1988, cuando para todos los reporteros que cubríamos la campaña era mucho más factible ver con certeza la sucesión de Ronald Reagan por George H. W. Bush que imaginar a este perdiendo ante un aburrido Michael Dukakis. Tampoco en 2008, cuando a los periodistas les hechizaba la posibilidad de que ocupara la Casa Blanca el primer presidente negro del país. Todo el mundo, especialmente los reporteros querían ser partícipes del momento histórico. En suma, que a estas alturas, con todo lo que ha sucedido en la contienda electoral: insultos, riñas, amenazas… ya no quedan incrédulos frotándose los ojos, y nadie puede rebatirlo: jamás hubo un candidato como Trump con tan alta valía para el entretenimiento. Dicho como es: para el recreo malsano.

Han pasado los meses. Unos lo aman y otros lo odian, todos con locura. Los periodistas se desgañitan por entrevistarlo, aunque sus respuestas sean las mismas, una y otra vez, y el tratamiento que le dan, muy generoso, salvo excepciones muy contadas. Él controla quién hace las preguntas. Los periodistas que consiguen un mano a mano con él rehúsan vapulearlo. Apelan al ten con ten. De modo que la preferencia es siempre tratarlo amigablemente, con delicadeza, no desafiarlo, porque los bravucones pueden ser intimidantes, muy desagradables y hasta desfachatadamente evasivos. Así fue, no hace mucho, cuando en una entrevista con CNN, Trump declinó rechazar el apoyo que le brindaron supremacistas blancos alegando que necesitaba “investigar más” sobre el Ku Klux Klan antes de condenarlo.

La prensa no creó a Donald Trump; han sido el país y sus circunstancias. Pero, exprofeso o inadvertidamente, sí ha sido su aliada, dando rienda a un morbo mayor incluso del que está dispuesta a reconocer. La ovación o el abucheo de las multitudes tiene un precio en dólares. Y no es de extrañar que en muchas juntas editoriales de grandes cadenas de televisión y de diarios envidien la cuenta de Twitter del multimillonario republicano, que tiene ocho millones y medio de seguidores, más que poderosos medios como el Washington Post, NBC News y Los Angeles Times. Luego uno ata cabos y razona: algo está pasando que la incitación a la rebeldía, los escarnios, los comentarios misóginos y racistas, las groserías de un aspirante a la presidencia no lo hayan invalidado de una vez. Y ese algo es lo que realmente aterra. No tanto lo que se ve, como lo que está por ver.

Periodista y escritor cubano.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2016, 6:29 a. m. with the headline "El morbo es rentable."

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