Las dificultades en crear prosperidad
En esta época de decisión pre-elecciones, los que escribimos sobre la actualidad nos dejamos llevar por la vorágine de noticias sobre las campañas políticas y ponemos detrás otros temas interesantes e importantes pero que quedan a la sombra de la actividad política.
Es por eso que, esta vez, voy a tocar otro tema completamente diferente con una narración basada en hechos reales sobre los problemas que encontraron empresarios colombianos al tratar de vender pieles de ganado vacuno en el afluente mercado de Estados Unidos.
El primer paso fue contratar a expertos en mercadotecnia, en este caso, The Monitor Company, uno de cuyos ejecutivos describió, más tarde, sus experiencias en el proyecto, que ilustran las frustraciones de productores y vendedores así como las dificultades de trabajar en sociedades que no están a la par con el primer mundo. El ejecutivo que escribió sobre una de sus experiencias, Michael Fairbanks, lo describió así: “La Compañía Monitor trabajó para el gobierno y líderes del sector privado de Colombia para estudiar y ofrecer recomendaciones de cómo los productos de piel de Colombia pudieran mejorar su negocio de exportaciones a Estados Unidos. Comenzando en la ciudad de Nueva York, Monitor hizo contacto con compradores al por mayor de carteras de piel para mujeres en todo el mundo y conversaron con representantes de más de 2,000 tiendas a través de Estados Unidos. La información era extensa y compleja pero establecía claramente el problema: los precios de las carteras de piel de Colombia eran muy altos y la calidad dejaba mucho que desear”.
Monitor retornó a Colombia a preguntarles a los fabricantes de carteras de piel qué afectaba la calidad de sus productos y por qué tenían que cobrar altos precios. La respuesta que obtuvieron: “No es culpa nuestra”. El problema radicaba en las tenerías locales que les suministraban las pieles. Las tenerías tenían una tarifa de protección de 15% del gobierno colombiano que hacía que el precio de pieles de Argentina fuera demasiado caro y no competitivo.
Monitor viajó a las áreas rurales a entrevistar a los dueños de las tenerías. La respuesta: “No es culpa nuestra, es culpa de los mataderos. Ellos nos proveen pieles de baja calidad porque pueden vender la carne de las reses por más dinero y con menos esfuerzo. Ellos no se preocupan por el daño a las pieles”.
Monitor continuó su investigación en las tenerías que, como ya habían oído anteriormente, contestaron: “No es culpa nuestra, es culpa de los rancheros. Ellos marcan las reses exageradamente para tratar que las guerrillas no se las roben. El número exagerado de marcas arruina las pieles”.
Finalmente, Monitor llegó a los ranchos. Habían llegado al final de la investigación porque ya no quedaba nadie más por entrevistar. Los rancheros repitieron la respuesta original: “No es culpa nuestra Es culpa de las vacas. Las vacas son estúpidas. Se frotan la piel con el alambre de púas de las cercas para rascarse de las picadas de los insectos de la región”.
Monitor había llegado al final de un largo y azaroso proceso de investigación. Sus conclusiones eran firmes pero embarazosas de explicar. Los empresarios de pieles de Colombia no podían competir en el atractivo mercado de Estados Unidos porque sus vacas eran estúpidas.
¿Qué podemos concluir? Nada se gana con reacciones extremas. Un país que ha desarrollado exitosamente muchas otras industrias podrá, seguramente, desarrollar esta otra industria si los empresarios son libres de actuar en su propio beneficio.
La libertad para la empresa privada quizás le suene simplista a algunos. Pero es la respuesta correcta.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de junio de 2016, 6:27 p. m. with the headline "Las dificultades en crear prosperidad."