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Opinión

El guion

Después de la controversia causada durante las dos últimas semanas por las declaraciones de Donald Trump sobre el juez Gonzalo Curiel, los líderes del Partido Republicano comenzaron a “distanciarse” de su candidato. Escribo “distanciarse” entre comillas, porque me parece cuando menos peculiar, la forma en que lo han hecho.

El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, dijo que las declaraciones de Trump son, por manual, la definición de racismo. Pero que él continuaba dándole su apoyo. ¿En qué convierte esto a Ryan? Si no en un racista, al menos en alguien a quien no le importa ni el racismo, ni que este sea vociferado en las tarimas.

Pero más llamativas me parecieron las palabras del senador Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado, quien dijo que Trump no era un candidato normal, y que de ahora en adelante debía ajustarse a un guion. Un guion. Así que de eso se trata. Se puede ser racista pero no decirlo. Pero, ¿no sería ese mismo racista, ajustado a un guion, quien siendo presidente tomaría decisiones trascendentales para el futuro del país? ¿Sería entonces el presidente del guion o el presidente de sus principios?

Todo esto me lleva a preguntarme qué es McConnell, ¿un senador del guion o un senador que cree en los principios que rigen a esta nación? Y la pregunta va a muchos miembros de su partido (afortunadamente no a todos). Pues cuando Donald Trump comenzó con el tema del lugar de nacimiento de Obama, brillaron por su silencio. Cuando la desastrosa administración de su anterior presidente culminó con que millones perdieran sus casas y el desempleo escalara a más del 12%, fueron iniciativas de gobernadores y senadores estatales de este partido, las leyes antinmigración HB-56 de Alabama y SB1070 de Arizona.

Leyes que no tienen otro nombre que racistas. Y han sido también los miembros de este partido los que se opusieron con más vehemencia a una reforma migratoria. Entre los que más se destacaron en este renglón estuvo el senador Ted Cruz, un ciudadano estadounidense nacido en Canadá e hijo de un inmigrante cubano.

Trump comenzó su campaña acusando a México de exportar violadores, asesinos y mafiosos a los Estados Unidos, razón por la cual, de llegar a la presidencia, se disponía a construir un muro. Pues el ciudadano estadounidense Gonzalo Curiel tiene en su hoja de vida haber sido como fiscal uno de los más valientes perseguidores de estas mafias. Gracias a él, cientos de estos maleantes han sido encarcelados y desmembradas sus estructuras criminales. Tal fue su eficacia que, durante casi un año, le tocó permanecer oculto, bajo la protección del gobierno. Pero como “osó” acoger las denuncias sobre el fraude que es la Trump University, entonces el ofendido candidato se va lanza en ristre contra el juez, quien, según Donald, es culpable de ser hijo de sus padres.

En la política se ven todo tipo de contradicciones, pero la de nuestro senador por la Florida, Marco Rubio, me parece un completo sinsentido. Rubio dijo que no confiaría a Trump los códigos nucleares, pero va a votar por éste en noviembre. ¿Hay algo más importante que no confiar en la persona que tendría en sus manos la posible extinción de la raza humana? En un invierno nuclear, el resto de temas no importan, pues todos estaremos muertos o moribundos, sufriendo los estragos de la radiación. Y el que quede vivo tendrá que contentarse con encontrar comida.

Qué paradoja, el gran capitalista podría dejarnos en una situación mucho peor que Cuba o Venezuela, o de cualquier país africano que sufre de hambrunas.

Escritor colombiano.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de junio de 2016, 0:50 p. m. with the headline "El guion."

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