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Opinión

Perú: Perder por una décima

La política tiene no pocas veces el reto de lo grande y, muchas, la conformidad de las minucias. Apenas concluida la campaña del 2011 y habiendo reconocido la victoria de Ollanta Humala, Keiko Fujimori revisó lo ocurrido y entendió que, más que el ex comandante, había perdido ante el antifujimorismo. Razonó que al adjudicarle Humala el pasivo del gobierno de su padre, Alberto Fujimori –los delitos contra los derechos humanos, la corrupción rampante, el autoritarismo, la crisis ética, etc.– se ganó ella la aversión de los que la ven como su heredera, lo que a su vez generó una movilización de la sociedad civil organizada que le cerró el paso.

Cinco años le tomó darle forma a Fuerza Popular (FP), recorriendo toda región y provincia del país. Administradora de Empresas, en cada visita creó comités de base, seleccionó líderes locales y estructuró su aparato para alcanzar el poder. Aprovechó una invitación del Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller de la Universidad de Harvard, el 2015, para reconocer tanto los errores paternos como el aporte de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que investigó lo actuado durante la violencia terrorista y halló un accionar delictivo por parte del fujimorato.

Tal discurso motivó discrepancias del ala dura –“albertista”– del fujimorismo, lo que le importó poco a la lideresa, que acto seguido, y pese a la oposición por escrito de Alberto Fujimori desde la cárcel donde purga condenas por delitos de corrupción y contra los derechos humanos, decapitó a los más conspicuos escuderos de este. Así, se presentó a las elecciones del 2016 con su renovado FP, con líderes sin prontuario político, un discurso conciliatorio y un sólido 30% de la intención del voto. Pasó la primera vuelta, el 10 de abril, sin mayor problema –hubo, es cierto, marchas antifujimoristas en Lima y algunas provincias, pero nada preocupante– y enrumbó hacia la segunda cita con las urnas, el 5 de junio.

Ha sido ampliamente divulgado que los dos grandes baches que obstruyeron su expedito camino hacia el triunfo los cavaron sus propios lugartenientes. Así, se culpa al oscuro secretario general de FP, Joaquín Ramírez, y al candidato a la vicepresidencia, José Chlímper, de la debacle electoral de Keiko, quien manejó erradamente ambos casos. Lo peor fue que al darse visos de corrupción y falta de escrúpulos, se repetía la primera premisa del 2011.

La segunda se dio de inmediato: el electorado suspicaz, atento a cualquier asomo del fujimorismo original, tomó las calles reclamando “cerrar el paso” a la candidatura de Keiko, aunque eso conllevara –en muchos casos a su pesar– votar por Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio, PPK, derecha liberal). La conclusión forzosa del silogismo fue una lucha recia, cuchillo en boca y sin recoger heridos, una contienda que se hizo cada vez más farragosa y donde la impensable derrota de Keiko empezó a ser factible. Tras cuatro angustiosos días, la ONPE (Oficina Nacional de Procesos Electorales) dio a conocer una mínima diferencia entre ambos candidatos, de 0.24, a favor de PPK.

Sin embargo, a despecho del conteo de votos, en el entorno de Kuczynski se susurra que Fujimori no perdió por dos décimas sino por una. El domingo 29 de mayo, durante el primer debate entre los candidatos, a Keiko, quien iba ganando por sucesivos knockdowns a un apagado y cuasi lipotímico PPK, se le ocurrió darle el uppercut final y le espetó: “La distancia entre el amor y el odio es solo una elección; en el 2011 usted no solo me dio su apoyo sino que incluso elogió mis cualidades. Cómo has cambiado, pelona”. Era una frase de las muchas memorizadas durante el coaching para rematar el debate, pero, dicen, fue el principio del fin.

A PPK le pareció de muy mal gusto y ciertamente desleal que su opositora le enrostrara su apoyo en el 2011. Además, le molestó la frase, que en un principio no entendió bien pero que le sonó ofensiva. Cómo has cambiado, pelona es una de las décimas más conocidas del fallecido poeta e investigador del folklore afroperuano Nicomedes Santa Cruz, que incide en una crítica a quienes cambian por conveniencia o cálculo. “Cómo has cambiado, pelona,/cisco de carbonería./Te has vuelto una negra mona/con tanta coquetería”, es el primer cuarteto.

El hecho es que el ex ministro de Economía estaba furioso al término del debate y decidió aceptar un plan al que hasta entonces había sido renuente: guerra total contra Fuerza Popular. Había que denostar a sus líderes (“existe el peligro de un narcoestado”), identificar a Keiko con el fujimorismo albertista (“debemos evitar el regreso del autoritarismo y la corrupción”), atacar directamente a la candidata (“el hijo de un ratero será ratero”) y, en fin, enmarcar la pugna electoral “entre la democracia y la amenaza de una dictadura”. En una conjunción de efectismo con efectividad, y a diferencia de la difusión de los puntos de su plan de gobierno –en lo que se encontraba abocado hasta entonces PPK– tales ideas-fuerza eran de fácil comprensión por parte del electorado y prendieron.

Fue una semana en la que PPK sorprendió con una energía casi pletórica, que culminó con el segundo debate entre los candidatos, al que llegó un Kuczynski distinto. Respondió todos los ataques –aun cuando era notorio que en su caso era una conducta impostada– y dejó no pocas veces tocada a su antagonista. La canela del pisco sour llegó a minutos del término de la polémica, cuando se trataba el tema de la corrupción y manejo del Estado: “Usted me dijo la semana pasada: ‘Cómo has cambiado, pelona’; yo le digo ahora: ‘Tú no has cambiado, pelona, sigues siendo la misma’ ”. Muy pronto, la respuesta se hizo viral en las redes sociales, con el consiguiente brote de memes y tweets.

Hay analistas que dicen que hasta antes de la mención de la décima por parte de Keiko, hace dos semanas, a PPK se le veía desmotivado. Algunos aseguran que, a la vista de los 4 o 6 puntos en contra en las encuestas, parecía vencido. ¿Fue la décima con la que la candidata Fujimori pretendió darle un broche burlón al debate lo que enfureció a PPK y le llevó a aceptar el plan B, ponerse a la cabeza del movimiento antifujimorista y con ello cambiar la campaña? La respuesta será historia. Es lo que hay.

Periodista y editor.

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de junio de 2016, 5:55 p. m. with the headline "Perú: Perder por una décima."

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