Opinión

FIU se estrella contra una pared

“Este lugar –la Universidad Internacional de la Florida (FIU)—¡es imparable!” exclamó Stanley Fish, un conocido intelectual público, durante la ceremonia de convocación del claustro en 2006. Se refería al ascenso meteórico de FIU a la clasificación más alta como universidad dedicada a investigaciones en el 2000, solo 28 años después de haber abierto sus puertas. Ahora, sin embargo, una de las principales instituciones del Sur de la Florida confronta una pared de ladrillos y se está tambaleando.

El descarrilamiento comenzó en el 2013 cuando la Universidad de la Florida (UF) y sus apasionados partidarios lograron que los legisladores estatales crearan una nueva categoría de universidades estatales “elite”, llamadas “flagship” o “preeminentes”.

Los requisitos estaban inclinados a favor de UF. De los 12, UF cumplía con 12. FIU, 0.

Se eliminaron fondos estatales para la única universidad pública de Miami dedicada a investigaciones, mientras que $12 millones adicionales se enviaron anualmente a Gainesville, como recompensa por su estatus de “preeminente”. Otros $12 millones se destinaron a Universidad del Estado de la Florida (FSU), que se unió al club elite gracias, en gran parte, a sus conexiones políticas.

Como parte de las nuevas políticas, la Junta de Gobernadores creó entonces una fórmula para el financiamiento de las universidades estatales, otra vez diseñada para favorecer a las escuelas residenciales más antiguas en contraste con las más nuevas, en zonas urbanas, como la Universidad del Sur de la Florida (USF), la Universidad Central de la Florida (UCF) y FIU.

Los residentes de nuestra área, tienen que estar informados sobre otra nueva iniciativa legislativa que ha creado un impedimento más en el camino de FIU.

Este año, la Legislatura estableció otra categoría adicional de universidades estatales. Esa vez, fue USF la que presionó a favor de una designación nueva – la de universidades “preeminentes emergentes”, las que alcanzan la mitad de los requisitos, y recibirían $5 millones anuales de financiamiento adicional. UCF espera alcanzar pronto ese criterio y subirse a ese tren.

Esta nueva iniciativa dejaría a FIU entre los “siete enanitos” del sistema de universidades estatales, con ningún acceso al financiamiento especial para universidades preeminentes o emergentes, y con un sistema de financiamiento inclinado en contra nuestra.

Resultado: clases con más alumnos y profesores mal pagados que resultan en peores opciones educacionales para los estudiantes del Sur de la Florida.

¿Qué puede hacerse para sacarnos de este bache?

Podríamos apelar a nuestros legisladores para que cambien la fórmula de financiamiento para que refleje adecuadamente la misión especial de las nuevas universidades urbanas, en contraste con las instituciones residenciales más antiguas. Esto permitiría que más fondos se destinaran proporcionalmente a FIU, ayudándonos a alcanzar el estatus de “preeminente emergente”.

O podríamos endurecernos, encarar el reto, alcanzar el “estatus de emergente” y seguir adelante.

Esto es lo que nosotros proponemos que se haga – está estrechamente relacionado con atraer, matricular y ayudar a mejores estudiantes.

El renglón más importante de la nueva fórmula de financiamiento es la tasa de graduación en seis años, que posee una correlación allegada e indudable con las calificaciones en los exámenes de SAT para ser admitido a la universidad. Las notas de los SAT de los estudiantes matriculados en FIU este otoño son las más bajas en 10 años. La mayoría de las clasificaciones más prestigiosas, tales como la de U.S. News & World Report, también utilizan las notas de admisión de SAT para calificar a las 200 universidades mejores del país. FIU no está en esa lista.

Sencillamente tenemos que mejorar nuestra eficacia en este renglón y atraer a estudiantes que se desempeñan mejor en los exámenes SAT. Reducir un 20% de la matrícula de FIU lograría mejorar la tasa de retención de estudiantes de primer año. En la actualidad, FIU admite 3,000 estudiantes de primer año anualmente. Esta cifra se reduciría por 600.

La matrícula y el financiamiento estatal de 600 estudiantes suma aproximadamente 5 millones de dólares al año. Es más a menos la misma cantidad que recibiríamos por alcanzar el estatus segundo de las nuevas categorías. Sin embargo, lograrlo podría tardar algunos años.

Este corte en financiamiento sería doloroso, pero varias instituciones locales han sufrido cortes similares, incluyendo Miami Dade College y la Universidad de Miami. Más recientemente, la Universidad Atlantica de la Florida (FAU) endureció los requisitos de admisión y los estándares académicos para mejorar el desempeño de la institución y tuvo resultados exitosos.

Si no hay dolor no hay ganancia. FIU debe tomar el doloroso paso de reducir el número de estudiantes que admite anualmente para convertirse en una prestigiosa universidad de investigaciones.

Otra oportunidad para que FIU mejore las notas de los exámenes SAT de admisión es duplicar gradualmente el tamaño de su Honors College, cuyos estudiantes tienen un promedio en los SAT de 200 a 300 puntos más que los estudiantes de primer año que se matriculan. Atraer 200 a 400 estudiantes de honor aumentaría el promedio de los resultados de los SAT de los nuevos estudiantes por hasta 30 puntos.

La Florida debe sentirse orgullosa de que la única universidad prestigiosa de investigaciones en el país, con una mayoría hispana está en Miami. Por el contrario, las políticas de la legislatura, una comunidad poco informada y una adormecida Junta de Fideicomisos han permitido que se haya interrumpido la trayectoria de la que fue una estrella de creciente luz en el campo de la educación superior. Incluso si las cosas no cambian, FIU podría relegarse a un estatus de tercera categoría en el sistema de universidades estatales. Es momento de actuar.

Modesto A. Maidique es profesor de Administración de Empresas y Presidente Emérito de FIU.

Brian Peterson, profesor de Historia en FIU durante 43 años, se jubiló el mes pasado.

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