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Opinión

La humanidad es un gran arco iris

Una mujer coloca un arcoiris hecho con globos de colores atados cerca del club gay Pulse, en Orlando, el 19 de junio.
Una mujer coloca un arcoiris hecho con globos de colores atados cerca del club gay Pulse, en Orlando, el 19 de junio. Getty Images

Según ciertas culturas, aquellos que desprecian y agreden a otras personas por determinados rasgos o condiciones que los diferencian de ellos, tendrán como destino nacer en otra vida con esas particularidades que tanto odiaron. Así, los racistas del Ku Klux Klan nacerían de raza negra en la vida siguiente, y los homofóbicos, homosexuales, pues nadie puede escoger su raza ni su orientación sexual. De esta manera, puestos en los zapatos de aquellos que tanto repudiaron, sabrán cómo se siente cuando se es víctima de semejantes prejuicios discriminatorios. Tal creencia me parece con mayor sentido que cualquier otro destino escatológico que pudieran concebir los cristianos, ya que abolieron la creencia de la reencarnación en el siglo IV durante el Concilio de Nicea, convocado y presidido por el emperador Constantino. Me parece más propio de la sabiduría y la misericordia divina, esta forma de corregir esa estrechez de mente, mediante este procedimiento educativo que los haría mejores y no arder para siempre en las llamas del infierno. Eso es la vida, un aprendizaje de convivencia. Y la principal lección es la del amor.

No obstante, hay reportes de que el terrorista de Orlando que mató a 49 personas e hirió gravemente a otras tantas en un club gay, frecuentaba el lugar desde mucho antes, lo que pone en duda su orientación sexual. Sea cierta o no la sospecha, el hecho nos recuerda a quienes por prejuicios morales o religiosos no sólo esconden una condición que ellos mismos rechazan, sino que se niegan a aceptarla, y el odio que inconscientemente sienten por sí mismos lo proyectan hacia el exterior contra todos aquellos que le recuerdan lo que ellos en el fondo son. Con mayor razón, estas personas tendrían que regresar a este mundo con la misma condición hasta que aprendan a aceptar su verdadera naturaleza. Los indicios de que el genocida estaría actuando bajo la influencia de ISIS, el cual castiga con la muerte cualquier manifestación que se desvíe de la heterosexualidad, parece confirmar esta suposición.

Pero no sólo se trata de ISIS. Hace poco escuché a un pastor evangélico afirmar que no se compadecía de las víctimas porque se trataba de abominables pecadores. Recuerden que estas religiones del Levante –cristiana, judaica e Islam– nacieron en plena época de reafirmación patriarcal, un paradigma civilizatorio donde sólo los varones tienen derechos, una cultura que ya empieza a resquebrajarse en Occidente, y por muy avanzadas que fueran las enseñanzas de los grandes maestros del pasado, ciertos aspectos no acordes con la época eran silenciados o tergiversados. Y si lo dudan, busquen en los cuatro evangelios canónicos –es decir, los únicos aceptados hoy por el cristianismo– un solo pensamiento de Jesús condenando las relaciones homosexuales. No lo hallarán. Si no les basta, lean también los evangelios no reconocidos hoy por la cristiandad, como el de Tomás o el de María Magdalena. No se guíen por lo que diga nadie más por muy profeta o apóstol que sea, pues incluso algunos apóstoles eran remisos a aceptar algunas de las enseñanzas de Jesús, como el propio Pedro, quien se escandalizaba por las atribuciones que el Maestro permitía a María Magdalena. Esto es, la discriminación por motivos sexistas debe ser rechazada venga de la religión que venga. La enseñanza más importante de Jesús que resume todo su pensamiento es la del amor, y si dos hombres se aman o dos mujeres se aman, ¿cómo va a ser esto pecado?

Lo mismo sucede con otras formas de discriminación, como la condición económica y social, la nacionalidad, la religión o la ideología. El mundo todo es una infinita diversidad, y los seres humanos no escapamos a esa incontable multiplicidad de diferencias. Si bien el movimiento gay adoptó al arco iris como bandera de su causa, el símbolo se ajusta más para representar a todo tipo de diferencias. La humanidad es un gran arco iris. El propio autor de este artículo fue encarcelado por escribir un libro crítico sobre el sistema político-económico imperante en Cuba y sentenciado a 8 años de prisión. “Y en cuanto a sus obras, destrúyanse mediante el fuego”. De los 8 cumplí siete, pero no culpo ni odio a nadie, porque… ¿no estaría yo purgando actos intolerantes de un pasado ya olvidado?

Escritor e historiador.

concordiaencuba@outlook.com

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de junio de 2016, 0:00 a. m. with the headline "La humanidad es un gran arco iris."

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