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Opinión

¿Autoodio en la masacre de Orlando?

Foto sin fecha de Omar Mateen, el autor de la masacre de un club nocturno gay en Orlando, Florida. El individuo abrió fuego la madrugada del domingo 12 de junio del 2016 matando a docenas de personas antes de ser abatido por agentes SWAT.
Foto sin fecha de Omar Mateen, el autor de la masacre de un club nocturno gay en Orlando, Florida. El individuo abrió fuego la madrugada del domingo 12 de junio del 2016 matando a docenas de personas antes de ser abatido por agentes SWAT. AP

El terrorismo, las guerras, las limpiezas étnicas, el racismo, el nacionalismo, el antisemitismo u otra manifestación de xenofobia, son inspirados por el odio hacia aquellos que profesan distintas creencias religiosas o ideológicas, hablan otros lenguajes, tienen rasgos fisionómicos particulares, o habitan allende la frontera.

Algunos pensadores atribuyen esta violencia milenaria a la teoría de la aversión instintiva, que hace del rechazo al diferente una cuestión de índoles biológica y genética. Obvio que los optimistas preferimos creer que la animosidad no es intuitiva en la especie humana, sino socialmente condicionada.

La más cruenta matanza a tiros en la historia norteamericana parecía, en un principio, adscribirse a esta interpretación evolutiva. Omar Mateen había jurado lealtad al Estado Islámico y, por lo tanto, el atentado en una discoteca gay en Orlando fue ligado al fanatismo religioso. Pero el asesino –declaró su padre– albergaba un patente odio antigay. Entonces se apuntó a la homofobia como cimiento de su macabro motivo.

En días recientes, sin embargo, se plantea un tercer escenario hipotético, pues han salido a la luz testimonios de testigos acerca de la habitual presencia del atacante en el club donde disparó a mansalva, y sobre su presunto uso de aplicaciones móviles de citas románticas en las que buscaba compañía de hombres. Incluso su exesposa aseguró que el sujeto mostraba “propensiones homosexuales”.

¿Pudo haberlo empujado a perpetrar la masacre, en parte, su aversión extrema sobre su identidad oculta? ¿El desprecio a sí mismo, a su sexualidad, lo llevó a aborrecer a otros como él?

Incursionamos en el campo de un sentimiento que las ciencias sociales denominan autoodio, la asunción como propia de la inferioridad que grupos dominantes atribuyen a hombres y mujeres pertenecientes a culturas minoritarias e infravaloradas. Quienes padecen de esta terrible opresión interna absorben esas creencias basadas en prejuicios institucionalizados, y las admiten como verídicas. Una forma de esclavitud mental.

Un ejemplo manifiesto son las personas de tez oscura que emplean artículos de cosmética y hasta se someten a procedimientos médicos para blanquear la piel. O los individuos que disimulan rasgos distintivos de sus orígenes étnicos con tal de asemejarse a la etnia dominante. O los extranjeros que reniegan de la lengua espontánea de sus labios aspirando a la aceptación del resto de la sociedad. O los creyentes que cambian de religión y luego adoptan duras posturas contra sus otrora correligionarios.

Algunos en el colectivo bajo el arcoíris LGBT incorporan, en su concepto de sí mismos, las percepciones negativas, el estigma y estereotipos asociados con la homosexualidad. La llamada homofobia internalizada, caracterizada por complejo de inferioridad, vergüenza y sentimiento de culpa, provoca en ellos actitudes desdeñosas hacia las minorías sexuales. A todas luces, son los hombres que buscan, consciente o inconscientemente, la invisibilidad de su orientación sexual quienes más agreden, insultan y hacen bromas pesadas sobre los gays.

Es la secuela del bombardeo de mensajes críticos y peyorativos que recibimos desde temprana de familiares, compañeros de escuela, maestros, pastores, así como de los medios de comunicación y las instituciones religiosas.

La idea de la homosexualidad como castigo divino y pecado de pena capital, predicada por los fundamentalistas islámicos y de otros credos, influyó, indudablemente, en la selección de un club gay como blanco del ataque terrorista. Lo que queda por descubrir es si dicho tergiversado concepto cultivó el miedo, el rechazo sistemático y el odio hacia los homosexuales en la mente del homicida, o si fomentó, encima, la homofobia internalizada.

A todos los que constituimos parte de una minoría –o varias– “de estatus inferior” alguna vez nos ha tocado atravesar por un proceso de aceptación, ya sea de la raza, la nacionalidad, la cultura, la fe religiosa, la orientación sexual, la condición socioeconómica, las limitaciones físicas. En lugar de escondernos y asimilarnos a grupos predominantes que nos rechazan, es más saludable honrar nuestros orígenes… y defender nuestro futuro.

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista del acontecer de Miami.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de junio de 2016, 10:43 a. m. with the headline "¿Autoodio en la masacre de Orlando?."

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