Opinión

JORGE FAMILIAR: Hora de desatar el potencial energético del Caribe

La seguridad energética es una máxima prioridad de los líderes caribeños y lo ha sido por mucho tiempo.

Dado que el costo promedio de la electricidad es cuatro veces más alto que en países ricos como Estados Unidos, los elevados costos de la energía no solo constituyen una dificultad cotidiana para los habitantes del Caribe, sino también uno de los principales obstáculos para destrabar el crecimiento económico y la prosperidad en la región.

Si bien la reciente caída de los precios del petróleo alivia parcialmente la situación, también representa una oportunidad para considerar estrategias que permitan aumentar la seguridad energética en la región. Esto significa invertir en energías limpias y ahorrar energía mediante el aumento de la eficiencia en la producción y el consumo.

Con el fin de contribuir a esta transformación, los líderes de los países caribeños y destacados aliados del sector acordaron elaborar un marco regional conjunto para el desarrollo energético durante la Cumbre sobre Seguridad Energética del Caribe, celebrada esta semana en Washington.

La mayoría de los países caribeños pequeños, especialmente los del Caribe Oriental, dependen casi totalmente del petróleo para cubrir sus necesidades de energía eléctrica. Para ellos el gasto en petróleo y gas constituye entre el 7 y el 20 por ciento del producto interno bruto.

La región ha alcanzado un nivel de electrificación casi universal, y prácticamente todos los hogares están conectados a la red, salvo en Haití. Después del terremoto que devastó Puerto Príncipe, la capital de Haití, hace cinco años, la disponibilidad y la fiabilidad de los servicios energéticos modernos siguen siendo cruciales para la recuperación y el desarrollo sostenible del país, donde solo el 28 por ciento de la población cuenta con suministro regular de electricidad.

Al recorrer ahora las calles de Puerto Príncipe o de Basseterre, en Saint Kitts y Nevis, se puede observar que gran parte del alumbrado público se alimenta de energía solar. La región del Caribe tiene un gran potencial para desarrollar diversas energías renovables, que incluyen no solo la solar, sino también eólica, geotérmica, marina y de biomasa. Aunque la energía solar y la eólica son intermitentes, se pueden usar en combinación con la geotérmica renovable o con la energía limpia proveniente del gas natural.

En un estudio reciente del Banco Mundial se mostró que siete países del Caribe Oriental tienen posibilidades de generar energía geotérmica, lo que contribuiría a reducir los costos de su sector eléctrico, dependiente del petróleo. En la isla de Guadalupe, la planta de La Bouillante ya está generando 15 megavatios mediante energía geotérmica. En Dominica, Granada, Monserrat, Santa Lucía, Saint Kitts y Nevis, y San Vicente y las Granadinas se están realizando perforaciones exploratorias y tareas de preparación.

Sin embargo, el petróleo y el gas continuarán siendo la principal fuente de generación de energía durante un tiempo. Otra prioridad acordada por los gobiernos del Caribe durante la Cumbre consiste en reducir las ineficiencias de sus sistemas energéticos mediante el ahorro y la disminución del desperdicio. Esto conlleva modernizar las empresas de distribución y los sistemas de redes eléctricas, pero también, del lado del consumidor, aumentar la eficiencia energética de los edificios y reemplazar equipos y electrodomésticos antiguos, por ejemplo, mediante el uso de aparatos de aire acondicionado altamente eficientes y bombillas de LED.

Hoy en día, casi la mitad de los hogares de Barbados usan calentadores de agua solares. Se pueden ver paneles y calentadores de agua solares por toda la isla, conectados a edificios gubernamentales, hospitales, empresas y miles de casas de vivos colores. La industria de la energía solar se ha convertido en una fuente importante de empleos ecológicos en el país, como consecuencia del liderazgo de las empresas caribeñas en la fabricación de calentadores de agua solares en la región.

Este movimiento verde también está cobrando impulso en otras islas, como Aruba, donde el gobierno trabaja en colaboración con la industria hotelera e invierte en tecnologías más eficientes y limpias. Para finales de año, casi el 50 por ciento de la energía usada en Aruba será renovable, y su objetivo es llegar al 100 por ciento para 2020.

El Grupo Banco Mundial colabora con los gobiernos del Caribe y los apoya en sus esfuerzos por modernizar el sector energético mediante inversiones y cambios regulatorios referidos tanto a la generación de energía como a la eficiencia energética, con el fin de reducir las tarifas al público, aumentar la fiabilidad del suministro mediante la diversificación y el uso de combustibles renovables y brindar mejores servicios.

Estas reformas son esenciales para mejorar el clima empresarial. Por ejemplo, el año pasado, Jamaica escaló 27 puestos en el indicador de Doing Business, en parte como consecuencia del abaratamiento de la electricidad debido a la disminución de los costos de conexión externa.

Muchos donantes e inversores están apoyando estas reformas y, por este motivo, durante la Cumbre de esta semana también se propuso la Red de Inversiones en Energía para el Caribe, con la que se desarrollará una nueva estructura de cooperación para la seguridad energética en la región.

Esta nueva red no solo promovería una mayor cooperación ente las diversas islas y entre los gobiernos, los donantes, las instituciones financieras internacionales y los inversionistas, sino que también contribuiría a determinar las medidas concretas que pueden adoptar los países del Caribe y los asociados en el desarrollo a fin de atraer inversiones para iniciativas energéticas sostenibles.

Con este encuentro y con el acuerdo alcanzado para desarrollar una plataforma común, los países del Caribe y sus socios demostraron su compromiso de establecer un sector energético más eficiente, sostenible y ecológico. Se trata simplemente de un primer paso para desatar el potencial energético del Caribe. Ahora tenemos que aprovechar el impulso.

Vicepresidente para América Latina y el Caribe del Banco Mundial.

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