Obama, ¿destructor?
El presidente Obama ha destruido el país”. Esta frase se escucha con frecuencia. Si se refiere a la economía, carece de fundamento. Estados Unidos, desde el punto de vista económico, es la envidia de las naciones.
Si es fiable el informe de 24/7 Wall Street que señala a Miami como la peor ciudad del país, hemos de concluir que las mejores son paradisíacas. La metrópolis sudfloridiana se presenta como urbe próspera. Se están dando los últimos toques a la faraónica conexión entre el Palmetto y el Dolphin Expressway. Muchas vías van siendo reasfaltadas. Por ellas circulan miles de automóviles de reciente manufactura. Se construyen nuevas viviendas y rascacielos. Los restaurantes, supermercados y tiendas rebosan de oferta y de clientes. Se leen por doquier avisos de “Now hiring”, ofreciendo empleo.
No se niega que haya pobres, que Miami sea cara y que haya desigualdad en ingresos. Es cierto que las pensiones de los jubilados no suben al ritmo de la inflación, algo que sucede en casi todos los países. De ahí que muchas personas, incluso de modestos recursos, se preparen para la vejez alimentando cuentecitas de ahorro o haciéndose de algún apartamentico para luego alquilar. También hay jubilados que no se retiran del todo, sino que trabajan algunas horas en plan de “part time job”. Y por supuesto que no faltan hijos generosos que velen por el bienestar de sus padres ancianos. Bajo todas las administraciones ha habido pobres y siempre los habrá. Hasta la Biblia lo dice: “Los pobres los tendrán siempre con Ustedes” (Jn 12,8). No puede, por tanto, afirmarse que Obama deje un país económicamente destruido al abandonar la presidencia.
Sin embargo, su legado sí tiene aspectos destructivos, especialmente en lo que toca a la familia, al matrimonio y a la sexualidad. En ese campo el presidente puede declararse en bancarrota moral. A él lo posible le parece moralmente admisible. De ahí la simpatía con que ve las uniones más aberrantes de parejas. Choca sobre todo su insensibilidad ante el exterminio de seres humanos nonatos mediante el criminal aborto. Así como el presidente evita llamar musulmanes a ciertos terroristas aunque ellos se declaren adoradores de Alá, también Obama hace malabarismos para evitar la palabra aborto, y prefiere hablar de los derechos de la mujer en el campo de la salud. ¿Es enfermedad el embarazo? ¿Por ventura puede el ser humano en proceso de gestación equipararse a un tumor maligno que deba extirpársele a la madre?
Menos mal que la mayoría de los estadounidenses no actúa en asuntos tan personales como el matrimonio y la reproducción por lo que digan los políticos, sino por los principios morales adquiridos en sus familias e iglesias. La recta conciencia moral de muchos norteamericanos amortigua los efectos deletéreos de la filosofía demócrata en el campo de la familia. En materia de moral familiar, Obama deja una mancha indeleble en su legado.
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de julio de 2016, 3:53 p. m. with the headline "Obama, ¿destructor?."