La juventud marca la pauta
Hay un ángulo pesimista y otro promisorio para reflexionar sobre el mundo que estamos dejando a nuestros descendientes, que son los dueños del mañana.
La recesión económica de la cual todavía nos recuperamos estremeció los cimientos de lo que parecía un entramado social seguro, donde el esfuerzo personal en consonancia con el funcionamiento de los sectores sociales, económicos y políticos, nos hacían pensar que la oportunidad pertenecía a quienes se esforzaran.
Las novísimas generaciones, sin duda, se espantaron del daño que podía ocasionar la ambición desmedida, la corrupción y la indiferencia de instituciones que se crearon para amortiguarlas o encausarlas.
Se instauró una desconfianza y cierto cinismo ante las explicaciones de lo sucedido. Muchos de los causantes de la crisis recibieron salvavidas mientras las víctimas hipotecaban sus casas y se iban a la bancarrota.
Por lo pronto, los milenios se han atrincherado en el hogar de sus padres como no se veía desde hace poco más de 100 años. Según un estudio del Pew Research Center, el porcentaje que vive con sus padres ha aumentado del 20% en 1960 al 31.1% en el año 2014.
A este temor ante lo que le pueda deparar el mundo fuera de las cómodas y seguras fronteras domésticas se suma la desconfianza política.
La socióloga Belén Barrero abunda sobre el tema: “A muchos de los jóvenes se les ha privado de las oportunidades que debían haber tenido, situándolos en los márgenes, incluso excluyéndolos. A la vez, la revolución tecnológica los ha dotado de herramientas para compartir frustraciones, así como para definir nuevas identidades. Los jóvenes han emprendido un proceso de diferenciación forzado y lo están haciendo de forma colectiva, esto es, como generación”.
Como educador, tengo que lidiar diariamente con los milenios y sin entrar ni en encuestas ni investigaciones, puedo llegar a la conclusión de que, no obstante los accidentes históricos que han debido experimentar, estamos en buenas manos cuando se habla de futuro.
Hay una suerte de seguridad en su comportamiento y capacidad de respuesta, dentro de la incertidumbre social que nos rodea en general. No se trata de una manifestación robótica, impelidos por los artilugios tecnológicos y científicos con los que han crecido, sino una dominación humanista de los mismos. Se desvanecen las razas, emerge el altruismo y se entroniza un sentido de solidaridad que ojalá hubiera marcado a anteriores generaciones.
En Miami Dade College nos empeñamos mucho por crear las condiciones idóneas del futuro de los Estados Unidos. Pienso que es una gran responsabilidad. Hoy por hoy a los cientos de programas educacionales que ofrecemos en las más diversas disciplinas, se suman 16 licenciaturas que responden directamente a necesidades específicas de la fuerza laboral en nuestra comunidad.
En la pasada década, 5,000 estudiantes se han diplomado con licenciaturas, a precios sumamente asequibles, que no los agobian con deudas.
Los resultados son ostensibles y estoy seguro que contribuirán a recuperar la confianza y despejar el pesimismo de las nuevas generaciones.
El 92% de los que se recibieron en el año 2014 con una licenciatura en MDC obtuvieron empleo durante el primer año, en comparación con graduados del sistema universitario estatal con un 88%.
El salario inicial de los graduados en ese mismo sistema de educación superior en el año mencionado fue de $38,860 al año, mientras los egresados de licenciaturas en MDC subieron la cifra a $49,996.
En la refriega electoral presidencial que padecemos este año me gustaría ver una aproximación realista al porvenir de los Estados Unidos que son estos jóvenes vitales que observo por los pasillos del College en busca de la mejoría que merecen.
Presidente del Miami Dade College.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de julio de 2016, 11:54 a. m. with the headline "La juventud marca la pauta."