Ya vienen las convenciones
Luego de las primarias más bulliciosas e imprevisibles de la historia reciente del país, llegó la hora de las convenciones presidenciales. Los dos grandes partidos coronarán a sus ganadores con un ánimo que simulará el optimismo y el triunfalismo pero que en realidad no será ninguna de las dos cosas. No puede haber auténtico optimismo en momentos en que vivimos una sicosis de violencia armamentista, miedo al terrorismo y graves tensiones raciales. Las convenciones deberían ser un foro para debatir ampliamente estos retos y posibles remedios. Pero lo más probable es que mantengan la tradición de buscar la unidad partidista a toda costa, con un mínimo de disonancia interna, en aras de perseguir el objetivo final que es la conquista de la Casa Blanca por los próximos cuatro años.
La búsqueda de unidad, sin embargo, no resultará fácil ni en la convención nacional republicana, que tendrá lugar en Cleveland, Ohio, a partir del lunes, ni en la convención nacional demócrata, que se celebrara en Filadelfia, Pensilvania, a partir del 25 de este mes. Con su comportamiento narcisista, chabacano y pendenciero, Donald Trump se ha encargado de frustrar la mayoría de los esfuerzos que han realizado los líderes del GOP por llegar unidos a Cleveland. La semana pasada arreglaron un encuentro en el Capitolio entre el virtual nominado y los legisladores del partido para limar asperezas. En lugar de ello, Trump reprochó a los senadores republicanos Mark Kirk, de Illinois, y Jeff Flakes, de Arizona, que le hubieran criticado. Flakes le respondió que, con esa actitud, se arriesga a perder Arizona. Y varios legisladores le recordaron que marcha a la zaga en todas las encuestas a excepción de la Rasmussen, de clara inspiración conservadora.
Enemigos jurados de Trump dentro del partido amenazan con secuestrar el proceso de nominación en Cleveland para negarle la candidatura. Sería una maniobra desesperada y temeraria que difícilmente prosperaría. Nada tan drástico ocurrirá en Filadelfia, donde los demócratas consagrarán a la primera mujer candidata a la presidencia de su partido. Pero Bernie Sanders y sus acólitos lucharán hasta el último momento para que la convención partidista no sea business as usual y adopte reformas tanto en la manera en que el partido selecciona a sus candidatos como en su plataforma política. “Buscaremos un compromiso de Hillary Clinton para fortalecer al país y crear una economía que funcione para todos los norteamericanos”, me dijo una miembro de la campaña de Sanders. La ex secretaria de Estado y sus asistentes parecen haberse resignado a algunas de las exigencias importantes del senador de Vermont. A cambio éste comenzó hacer campaña por Clinton esta semana.
Las convenciones partidistas pondrán de manifiesto el gran dilema que enfrentaremos los votantes en noviembre: el de escoger entre dos candidatos problemáticos que, de alcanzar la presidencia, difícilmente lograrían unir a un país polarizado política, social y racialmente. Como aspirante a la Casa Blanca, Clinton es muy vulnerable y vencible debido a la enorme trastienda que arrastra. El reciente veredicto que sobre ella emitió el director del FBI, James Comey, es solo un ejemplo de esa trastienda. Pero el rival de Clinton, Donald Trump, es tan atorrante que hasta su propio partido duda que pueda derrotarla. A los votantes no nos quedará otro remedio que hacer de tripas corazón, estudiar bien las fallas de carácter y el historial nebuloso de los dos candidatos y tratar de escoger al que menos daño pueda hacerle a nuestro bienestar y a nuestra convivencia.
Tal vez exageraba Maquiavelo cuando advertía que “la política no guarda relación con la moral”. Pero no cabe duda que muchos políticos se comportan como sugirió el pensador florentino. Van dejando una estela de acciones turbias y equivocaciones injustificadas que a menudo nos impiden ver cualquier contribución positiva que hayan hecho en el pasado. Cuando a los políticos les falla la decencia, a los votantes no les queda otro remedio que aportarla. ¿Pero cómo? En algunos casos, como el que hoy nos presentan Clinton y Trump, escogiendo al que sea potencialmente menos nocivo para el país. La democracia también es eso: la posibilidad de votar por el candidato menos malo.
Periodista cubano.
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Esta historia fue publicada originalmente el 13 de julio de 2016, 3:27 p. m. with the headline "Ya vienen las convenciones."