¿Hasta cuándo?
Cuántos inocentes más deben morir porque los gobiernos de Occidente no quieren admitir que tienen un enemigo común el cual tienen que combatir porque es una guerra de la que no pueden escapar?
El enemigo no siempre está en el campo de batalla, gracias al mundo tecnológico en el que vivimos. Internet prepara a muchos de los que nos atacan. Miles de jóvenes desilusionados con sus vidas, casi siempre solos o en pequeños grupos, se dejan llevar por un ideal torcido, lleno de odio, sin escrúpulos y sin compasión.
Aunque muchos se dejan llevar por un fervor religioso no siempre es así. El propio Omar Mateen, el asesino del club gay Pulse en Orlando, Florida, el 12 de junio, solía visitar la mezquita de vez en cuando y no se asociaba con otros miembros del lugar, pero mató a 49 e hirió a 53 personas que bailaban en el club. El padre dijo que lo había hecho porque vio dos hombres besándose frente a su hijo en una visita a Bayside, en Miami, pero muchos dijeron verlo visto en varias ocasiones en el club con otros hombres. Tal vez lo hizo por no poder vivir su vida libremente al estar atado a una esposa, un hijo y una religión que odia a los gays.
En San Bernardino, California, el 2 de diciembre del 2015, el matrimonio de Syed Rizwan Farook y Tashfeen Malic mataron a 14 e hirieron a 22 personas que los habían invitado a una fiesta de entrenamiento y a la vez de Navidades. Ambos se escaparon y perecieron en un enfrentamiento con la policía cuatro horas después. Los dos se radicalizaron durante años en el Internet pero también viajaron a Arabia Saudita años antes y dejaron en su casa grandes cantidades de armas y material para fabricar bombas, según el FBI.
En Boston, Massachusetts, el 15 de abril del 2015 los hermanos Tamerlan y Dzhokhar Tsarnev plantaron 2 bombas en ollas de presión que mataron a 3 e hirieron a más de 260 personas que se hallaban disfrutando del final del maratón de Boston. Dzhokhar vino con sus padres en el 2002 y su hermano un año después. Dzhokhar era un excelente estudiante en la universidad de Dartmouth, y el mayor, Tamerlan, un fracasado aspirante a boxeador. Procedían de Daguestán, parte de Rusia. Ambos estudiaron y se criaron en este país y luego se radicalizaron con un odio irracional en contra de un país que los acogió y les dio nuevas oportunidades.
El 5 de noviembre del 2009, Nidal Hasan, un psiquiatra y mayor del ejército de Estados Unidos, abrió fugo contra sus compañeros, mató a 13 e hirió a más de 30. Aunque su acción primero fue clasificada como un acto de violencia en el trabajo, en el 2015 fue reclasificada como un acto terrorista por sus comunicaciones de email con el religioso Anwar al-Awlaki, quien ayudó a su radicalización.
La lista es larga con casos tan leves como algunos que se lanzan a la calle con un cuchillo y en el nombre de Alá comienzan a matar o herir a todos en su paso, o como los antes mencionados que lo hacen en altos números.
No todos pueden estar locos, no todos son pobres o desdichados que se dejan arrastrar por la ideología radical. Los 19 terroristas de Al Qaeda responsables de los ataques del 11 de septiembre, donde perecieron 2,996 personas y hubo más de 6,000 heridos, causando más de $10 billones en daños a la propiedad, en su mayoría eran de familias ricas de Arabia Saudita (15), Emiratos Árabes Unidos, (2) Egipto (1) y el Líbano (1). El pez más gordo, Osama bin Laden, era multimillonario.
Estos guerreros modernos se encuentran en todas partes como hemos visto aquí y como han visto en Europa en los últimos años, Francia, España, Gran Bretaña, Dinamarca, Bélgica, Bulgaria, Italia, Alemania, Finlandia, etc. Se comunican a través del Internet y se desplazan por fronteras porosas por donde pasan con armas y malas intenciones. No necesitan uniformes ni cañones, solo el Internet para educarlos y un poco de dinero para comprar armas. La desilusión de sus vidas, apañada por la inefectividad de sus gobiernos al no querer poner fin a los grupos que a diario los alientan por sus computadoras, nos tienen aterrorizados.
Si bien estas son las cosechas de años de colonización por parte de los europeos y años de sistemas globalistas y socialistas que no han funcionado, creo que es hora de cortar por lo sano y unirse para poner fin a los terroristas por Internet.
Europa tiene que ponerse los pantalones y atacar por todos los frentes a quienes quieren su destrucción y empezar por quitar las cortes sharia que se han dejado implantar porque los intereses de la sharia son contrarios a los intereses de Occidente.
Aquí tenemos un presidente que piensa que ignorando los ataques y nombrándolos con otros nombres nos dejarán de atacar, que tirando besos y flores a nuestros atacantes no querrán más. Lo cierto es que cuando salga del poder, seremos mucho más débiles pues nuestro ejército está reducido al mínimo. Si tuviéramos que atacar para defendernos tomaría meses entrenar apropiadamente a nuevos soldados. Al presente hay aviones que son reparados con partes de aviones que se encuentran en museos. Los centros de inteligencia no se comunican con los cuerpos de policías locales, y el pueblo está cada vez más separado política y socialmente, pero esa es otra columna.
Artista y escritora residente en Miami.
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Esta historia fue publicada originalmente el 15 de julio de 2016 a las 6:08 p. m. con el titular "¿Hasta cuándo?."