Opinión

Las convenciones de los partidos: dinero contra poder

Dos trabajadoras de la campaña de Hillary Clinton posan con algunos de los globos arrojados al final de la Convención Nacional Demócrata en Filadelfia.
Dos trabajadoras de la campaña de Hillary Clinton posan con algunos de los globos arrojados al final de la Convención Nacional Demócrata en Filadelfia. AP

La Convención Nacional Republicana de la semana antepasada tuvo una nota interesante y fue que Trump la dirigió de manera dictatorial, del mismo modo que se cree él o le hace creer al pueblo que puede dirigir al país. Pues una cosa es una convención de un partido y otra lo es el país entero, con congresistas, senadores, militares y jueces. Y no se olvide, el cuarto poder, el de la prensa.

No pudo conseguir a muchos edecanes que le florearan su festejo en honor a él solito todo el tiempo, y buscó a todos sus cuatro hijos mayores (como en la canción) y a su tercera esposa legal --que cada día son más jóvenes--, a todos los cuales tiene empleados y a quienes obviamente mantiene. Es la fuerza del dinero.

Las palabras que dijeron fueron tan objetivas y tan redactadas, leídas todas en las pantallas frente a ellos, que hasta cometieron una barrabasada el primer día, con Melania Trump describiéndose a sí misma al igual que lo hizo Michelle Obama años atrás. Una modelo eslava escapando del comunismo, y una abogada de Harvard, negra y de la clase media de Chicago. A ver, ¿qué tenían de iguales estas supuestas adversarias?

De los representantes del Partido Republicano que combatieron contra él se destacaron Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey, disgustado con no haber sido escogido como vicepresidente y que arremetió contra Hillary, y los dos cubanoamericanos que subieron a las cimas en la contienda contra Trump, Marco Rubio y Ted Cruz, pero que le hicieron el número ocho. Rubio no fue a la convención, aunque envió un video, y Cruz no apoyó la candidatura, aunque sí dio tremendo discurso, por lo que Trump llevó a su propia claque para que lo abucheara desde la platea.

Sin embargo, la fuerza principal fue el discurso de Trump, en el que pintó a unos Estados Unidos en ruinas, y a sí mismo como el único capaz de salvarlo. La CNR demostró que lo único que salvará a Estados Unidos es seguir los métodos de Trump para ahorrar dinero, que se destruya la OTAN, que se rompan todos los acuerdos internacionales y que se fabrique una muralla entre este país y México, pero que la paguen los mexicanos. Un personaje fanfarrón de corte shakesperiano con nueva onda, la del “reality TV show”.

La Convención Nacional Demócrata también tuvo su drama al principio y con una mujer, la ahora ex presidenta del Comité Nacional Demócrata, Debbie Wasserman Schultz, representante al Congreso por la Florida. Se descubrieron correos electrónicos demostrando favoritismo por Clinton y contra Bernie Sanders, su contrincante. Se especuló que fue al servicio de los rusos, porque Putin querría que ganara Trump, lo cual no le favoreció al candidato. Pero reaccionando de manera típica para obtener publicidad, Trump pidió a Putin públicamente que espiara los correos borrados de Hillary Clinton. Todo esto ocasionó la renuncia de Schultz.

Pero la CND siguió con un ritmo que demostró lo bien planeada que estaba y con una fuerza que se basó en la habilidad de la candidata para reunir gente de poder, más importante aún que el dinero. La primera noche fue de los llamados izquierdistas, con Sanders a la cabeza, y su movimiento de jóvenes aplaudiendo a rabiar y llorando ante las cámaras, porque perdió la candidatura. Pero no perdió en la plataforma del Partido, que en el discurso final la señora Clinton prometió cumplir. A la verdad que decir que en este país se pide que haya un salario decoroso para todo el mundo es acabar con la pobreza. Nadie vive con $7 la hora. Y querer que nuestros hijos y nietos vayan a la universidad gratis no es comunismo. Esto sucede en Latinoamérica y Europa. Querer que haya salud para todos es justicia social. Por tanto, los discursos de Sanders y de Elizabeth Warren, su seguidora, no me asustaron, solo que no dijeron cómo iban a pagar los gastos. Luego ese aspecto lo respondió la candidata Hillary en su discurso. Porque nadie habló de la inmensa deuda de este país.

Noche tras noche, la primera mujer candidata a la presidencia en Estados Unidos tuvo a gente poderosa: Michelle Obama, que conmovió con su discurso que no escribió ella, valga decirlo, sino Sarah Hurwitz. Lo más importante fue que dijo lo contrario de cuando comenzó su jornada hace ocho años, ya no habló de que era la primera vez que estaba orgullosa de América, sino que este es el país más grande que hay. Y ese fue el tono de esta CND, donde hablaron hispanos, como Adriano Espalliat, senador por el estado de Nueva York, Linda Sánchez, Eva Longoria, y otros, además de gente de todas las razas y religiones incluyendo los musulmanes.

Tuvo el respaldo de la extraordinaria oratoria del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, que aún tiene gran popularidad, de artistas, como Meryl Streep y Carole King, de su esposo Bill Clinton, que sigue siendo un gran expositor, pero que repitió lo mismo que ha dicho en su autobiografía de 2004 sobre su enamoramiento con ella. Y en los negocios nada menos que tuvo el respaldo del ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, quien calificó a Trump como un negociante en el que no se puede confiar, porque no paga a sus deudores.

El vicepresidente escogido por Trump, Mike Pence, es anodino y contrario a sus ideas, mientras que el escogido por Hillary, Tim Kaine, es muy simpático y muy afín. Y una gran sorpresa en ambas convenciones fueron las hijas, Ivanka y Chelsea. Quisiera Hillary poder hablar con ese candor y proyección musical que tiene su hija. Porque en el final, el discurso de la candidata, que cubrió todos los ángulos de su programa, necesitaba otra musicalidad, otra forma de proyectarlo, con más empatía, con más humor.

Pero lo que más resaltó en ambas convenciones fueron los dardos que se tiraron cada candidato. Lo cual demostró una verdad pública: este año lo que valdrá a la hora de votar será contra quien se vota, y no por quién.

olconnor@bellsouth.net

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