Una pobre opción electoral
Las convenciones de ambos partidos, afortunadamente, ya han tenido lugar. Ahora tenemos por delante tres meses de cacareos partidistas, cientos de millones de dólares echados por la borda, y todo para elegir entre dos candidatos que presentan una de las opciones electivas más pobres en la historia de la nación americana.
O Hillary o Trump. La diferencia entre el mejor resultado y el peor resultado será estrecha. A tres meses de las elecciones, las encuestas nos dicen que ninguno de los dos candidatos tiene una ventaja decisiva, pero las elecciones presidenciales no las gana necesariamente quien gana el voto popular sino quien gana el voto del Colegio Electoral. Eso nos polarizaría aún más de lo que estamos. Recordémonos de las elecciones presidenciales del 2000 cuando George W. Bush ganó el voto electoral y Al Gore el voto popular, con el agravante que, en Florida con varios millones de votantes, la diferencia de unos 500 votos y los reconteos que tuvieron lugar demoraron el resultado oficial cerca de un mes, al cabo del cual el país se polarizó como nunca antes y los perdedores más recalcitrantes nunca aceptaron el triunfo de Bush.
Yo estimo que ese fue el inicio de la polarización que vivimos hoy. Y la elección del próximo noviembre pudiera traernos resultados similares. Si los demócratas pierden esta elección, sería una derrota convencional, y los demócratas se reagruparían para hacerle frente a la próxima elección. Pero si los republicanos pierden puede ser mucho más serio para ellos y para el país. Hillary inspira desconfianza. Trump inspira disgusto, aún entre muchos republicanos. Si Trump pierde, mancillará al Partido Republicano y podría costarle la mayoría en el Senado.
Recordemos que en Noviembre, de los 34 escaños senatoriales en juego, los republicanos arriesgan 24 y los demócratas arriesgan 10. El arrastre de los candidatos presidenciales, los llamados “coattails”, serán decisivos. Aún si Trump desaparece del panorama político, sus desagradables expresiones verbales vivirán en innumerables videos y podrán ser usados por años para mancillar a los republicanos como el partido que pudo escoger a este megalomaníaco como candidato a la presidencia de Estados Unidos. Un presidente Trump puede hacer aún más daño o podría alcanzar madurez con las responsabilidades de la presidencia. Pero alguien que no ha madurado en 70 años no es de esperar que madure en los próximos 4.
Como dije en mi columna anterior, Hillary con mayoría demócrata en el Senado puede cambiar el perfil ideológico de la Corte Suprema por el próximo cuarto de siglo.
Mucho se ha hablado de la “experiencia” de Hillary en política. Pero esa ha sido una experiencia de haber estado equivocada una y otra vez. Como senadora se opuso a la ofensiva del General Petraus (the surge) en Iraq que contuvo el avance terrorista. Como Secretaria de Estado, Hillary tomó decisiones que causaron múltiples problemas de política exterior, en Egipto, Libia, Iraq, Irán, Ucrania, Corea del Norte, China. Esta es la clase de “experiencia” que no necesitamos repetir. Votar por un megalomaníaco como Donald Trump es como jugar a la ruleta rusa con el futuro del país. Votar por alguien con el récord de Hillary Clinton es como ponerse una escopeta en la cabeza y apretar el gatillo. Y no votar es, simplemente, rendirse.
Nadie ha dicho que ser un buen ciudadano es fácil.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de agosto de 2016, 7:04 p. m. with the headline "Una pobre opción electoral."