Lo que Trump no supo decir sobre los orígenes de ISIS
Una vez más la mezcla de ignorancia y mitomanía incontrolable ha llevado a Donald Trump a difamar a su rival Hillary Clinton y al Presidente Barack Obama, al tiempo que desperdicia una oportunidad para criticar con verdades dañinas a Clinton y Obama. Al afirmar que el presidente Obama y la candidata demócrata “fundaron el Estado Islámico” (ISIS por sus siglas en inglés) Trump ha ido más allá de sus mentiras habituales. Por medio de esta falsedad denigra y sataniza a Clinton y Obama presentándolos como terroristas creadores de un grupo que tiene entre sus propósitos la destrucción de los Estados Unidos. Así los extirpa del llamado cuerpo político estadounidense tratándolos no como adversarios merecedores de respecto en unas elecciones democráticas sino como enemigos traidores en un guerra sin cuartel.
Ignoro el número de estadounidenses que creen estas infamias peligrosas. Estoy seguro que miles de trumpistas entregados a la ira, el complejo de persecución y el odio hacia Clinton y Obama aceptan las barrabasadas de Trump. ¿Por qué no? En un entorno adicto a irracionales teorías conspirativas de todo tipo, tildar al presidente y a Clinton de fundadores de ISIS se ajusta a la visión deformada, apocalíptica del “establishment” político que muchas de estas personas cultivan. En efecto, la mentira difamatoria de Trump pertenece a un submundo de delirios paranoicos que incluyen otras fábulas sobre los orígenes de ISIS. Por ejemplo, hay oligofrénicos que le echan la culpa a Israel, a Bill Gates, a los Iluminados y hasta a una orden de asesinos musulmanes procedentes del siglo 10 que han viajado al presente en una máquina del tiempo inventada por laboratorios secretos controlados por los Rockefeller.
¿Cuál es la verdad sobre los orígenes de ISIS? Algunos demócratas fanatizados todavía responsabilizan a la administración de George W. Bush. Señalan la sarta de errores, mentiras, corruptelas y despropósitos que signaron una ocupación de Irak que, entre otras cosas, desbarató el ejército de Saddam Hussein propiciando la creación del grupo terrorista sunita precursor de ISIS, Al Qaeda en Irak (también conocido como el Estado Islámico de Irak) dirigido por el psicópata Abu Mus‘ab al-Zarqawi. Este tipejo fue abatido en el 2006, más o menos el año en que Estados Unidos instrumenta una política ideada por el General David Petraeus que consiguió cautivar a la dirigencia tribal sunita y neutralizar a Al Qaeda en Irak. Fueron los años del llamado “surge” de efectivos estadounidenses combinado con el “Despertar de Anbar”.
Pero con la llegada de Obama a la Casa Blanca, los demócratas no pueden seguir inculpando a Bush por la gestación del Estado Islámico. La calamitosa decisión obamista de retirar casi todas las tropas de EEUU de Irak mientras apoya al corrupto gobierno sectario del chiita Nuri Al-Maliki (sometido a Irán) y abandona los sunitas que Petraeus logró seducir, contribuyen decisivamente al nacimiento y a las victorias de la primera encarnación de ISIS. La Casa Blanca le regaló sofisticados equipos militares a Al-Maliki e intentó inflar de una maltrecha credibilidad las coartadas y medias verdades que empleaba el presidente iraquí para explicar la violencia confesional en su país. Al-Maliki alegaba, y los obamistas ratificaban su historia oficial, que el conflicto con ISIS y otros sunitas era una suerte de onda expansiva causada por la guerra civil siria, la cual supuestamente infestó a Irak con una plaga de yihadistas sunitas que intentan derrocar el gobierno de Bagdad. Pero aunque la matanza en Siria exacerbaba la guerra civil iraquí la administración de Obama ignoró que el propio Al-Maliki había sido el mayor responsable de la lucha a muerte que enfrenta a chiítas y sunitas en Irak. Para colmo la administración de Obama subestimó la fuerza de ISIS aún cuando estos terroristas y las milicias tribales sunitas que en otra época respaldaron a las fuerzas armadas de Estados Unidos, se apoderaban de grandes trechos de la provincia provincia sunita de Al -Anbar, y se hacían fuertes en Ramadi, Faluya y Mosul derrotando un ejército armado y entrenado por Estados Unidos que se encontraba al borde de la disolusión.
Si Trump se limita a formular esta crítica fundamentada de las políticas obamistas que facilitaron la creación y los éxitos iniciales de ISIS, hubiese sido imposible reprochárselo. Pero parece que el candidato republicano entiende muchos argumentos coherentes y sustanciados como manifestaciones de debilidad en el marco de una campaña electoral democrática que Trump ha confundido con una guerra imaginaria.
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de agosto de 2016 a las 6:16 p. m. con el titular "Lo que Trump no supo decir sobre los orígenes de ISIS."