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Opinión

Hillary Clinton y el rechazo machista

Yahveh, el dios del judaísmo, es varón; Alá, el dios del islamismo, es varón; y, consecuentemente, el dios de los cristianos también es varón, o sea, los dioses de las tres religiones monoteístas son varones, y como dioses representan figuras de poder y autoridad. Las culturas de los pueblos descendientes de cualesquiera de estas religiones se caracterizan por tener también como figuras de poder y autoridad a varones, a hombres. Son culturas patriarcales. La mujer es un objeto de segunda categoría y no tiene los mismos derechos y privilegios que el hombre. Desde luego, en los países occidentales la mujer, poco a poco, ha ido conquistando muchos de los derechos que tradicionalmente ostentaban solamente los hombres, pero le ha costado mucho esfuerzo y luchas.

Marie Curie (1867-1934), polaca de nacimiento y de ciudadanía francesa, recibió dos premios Nobel, el de Física en 1903 y el de Química en 1911, por sus trabajos sobre dos elementos químicos: el radio y el polonio, respectivamente. Sin embargo, los hombres –figuras de autoridad y poder– que pertenecían a la Academia de Ciencias de Francia, ninguno de ellos la podían igualar en conocimientos y aporte a la humanidad, nunca le permitieron su filiación en la Academia. ¿Discriminación?, ¿complejo de inferioridad?, ¿machismo?

Desde que Estados Unidos se fundó con George Washington como primer presidente hasta la fecha, ha tenido 44 presidentes, siendo este último Barack Obama. Como presidentes del país son figuras de poder y autoridad. Siempre ha sido así. Pero, para las elecciones número 45 se ha postulado por primera vez una mujer, Hillary Rodham Clinton, rompiendo la vieja costumbre y tradición.

Si bien en estos momentos, Hillary Clinton tiene un porcentaje elevado de intención de voto, por encima de su rival Donald Trump, se puede observar en parte del electorado, no en todo, cierto rechazo a su persona. Teniendo en cuenta lo escrito en los primeros párrafos y conociéndose que muchas veces los seres humanos actúan y se comportan motivados por conductas sociales que forman parte del inconsciente colectivo, cabría preguntarse si en la sociedad en que se vive, tradicionalmente patriarcal y machista, ese rechazo pudiese estar motivado por un comportamiento machista.

Jesús Lázaro

Miami

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de agosto de 2016 a las 7:50 p. m. con el titular "Hillary Clinton y el rechazo machista."

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