Responde, Francisco
Lo juro por mi vida que yo nunca imaginé que tendría que escribir sobre el papa Francisco con desaliento y decepción. No voy a hacer ahora la historia del seguimiento que he hecho de este hombre extraordinario desde que fue electo al pontificado, de sus palabras y pasos ante la injusticia, la corrupción, la violencia en la Tierra; ante la necesidad de recuperación de la dignidad del ser humano, de la alegría del evangelio, su intenso llamado a la Iglesia a ser más madre que jueza; a muchos –demasiados– en el clero los confrontó llamándolos por su nombre: corruptos y trepadores, más interesados en alcanzar posiciones de poder que dedicarse a la misión que debía ocuparlos: el anuncio del evangelio, la llegada del Reino de Dios. Como toda limpieza real comienza por casa, sacudió al Vaticano como a un árbol del cual caen las frutas podridas, así transformó la Curia, la Iglesia católica se venía abajo. Desde su firme conducta ante el calentamiento global, su incesante llamado a la paz, hasta el clamor universal a la misericordia, Francisco nos ha enseñado que sí vale la pena vivir con esperanza, que se puede lograr un mundo mejor, y que en nuestro corazón sí hay cabida para la renovación del amor.
¿Cómo es que entonces Francisco no ha hecho lo que ha debido hacer, de acuerdo con mi conciencia cristiana: expresarse públicamente sobre la situación que, a pesar de sus esfuerzos y negociaciones, se vive en Cuba?
Sabemos bien que el papa medió para que se restablecieran las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, algo que me hizo inmensamente feliz a medida que iba observando las reuniones que se llevaban a cabo.
No es que Francisco no se haya expresado con claridad ante la vida injusta que se vive en Cuba, lo ha hecho. En su primer discurso junto a Raúl Castro, a su llegada, habló en contra de las dinastías y en la misa en la Plaza de la Revolución criticó fuertemente las ideologías: “Nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas”. En un magnífico encuentro con jóvenes en el centro cultural Padre Félix Varela, el Papa advirtió que “no sirven las lecturas parciales o ideológicas, que deforman la realidad para que entre en nuestros pequeños esquemas preconcebidos, provocando siempre desilusión y desesperanza”. Y en su viaje por tres países de Sudamérica, Francisco había criticado las ideologías por considerar que pueden degenerar en totalitarismos.
En el Centro Cultural Padre Félix Varela, Francisco quedó impresionado por las palabras que le dirigió Leonardo Fernández Otero en nombre de los jóvenes cubanos, diciéndole que a ellos los unía “la esperanza en un futuro de cambios profundos y donde Cuba sea un hogar para todos sus hijos, piensen como piensen y estén”. Y le pidió al papa “en esta compleja realidad que nos tocó vivir” que los ayude a “ser jóvenes que sepamos acoger y aceptar al que piense diferente”.
Pero llegó agosto de 2016, y hay un cristiano llamado Guillermo Fariñas que se está muriendo por pensar diferente, por expresarse pública y pacíficamente en contra de las ideologías y a favor de la democracia. Comenzó una huelga de hambre el 19 de julio, hace hoy un mes, pidiéndole a Raúl Castro en una carta firmada ese mismo día que cesen los golpes y las torturas contra los disidentes, que lo haga público en el periódico del Partido Comunista de Cuba, Granma, y que su gobierno se reúna con una representación de la oposición para velar por el cumplimiento del pedido de libertad. “Es nuestro derecho, reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pensar diferente… “Los hago a usted y a su gobierno responsables de mi vida a partir de este momento”, dice Fariñas en la carta. “Esta huelga es hasta las últimas consecuencias, incluida la muerte”, ha dicho repetidas veces. Fariñas fue golpeado y arrestado ese 19 de julio que decidió escribirle a Castro y declararse en huelga de hambre.
Si el papa Francisco sabe que Castro no le ha dado libertad a los cubanos, y que Estados Unidos sí ha ido cumpliendo con todo lo que Cuba ha ido exigiendo, ¿por qué no interviene, en esta situación extrema, para salvar a Guillermo Fariñas? Él sabe la respuesta de Fariñas a su pedido de que depusiera la huelga de hambre, un representante del Vaticano le llevó el mensaje del papa.
Algo incómodo y doloroso me dice que no solo Castro sería responsable de la muerte de este hombre justo, también lo sería Su Santidad.
Escritora cubana.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de agosto de 2016, 2:24 p. m. with the headline "Responde, Francisco."