Vicios de la política
Respeto a la gente apasionada. Admiro la entereza con la que defiende sus puntos de vista, la exaltación con la que expresa sus ideas. Cierto que llegado a un punto tienden a ser propensos a que los consuma la ira. Pero es tanta la emoción que destilan y suelen mostrarse tan seguros de sí, que por lo general consiguen que uno los tome en cuenta por segunda vez. Yo tengo una lectora así. Se firma María. Y se incomodó mucho con mi más reciente columna, en la que deslicé una frase a todas luces políticamente incorrecta sobre la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton: “la señora transpira desconfianza”. Créame que mi intención no fue enfadarla. Simplemente, apliqué el refrán: si camina, grazna y nada como pato, pato es.
Con todo respeto —como le decía— he vuelto a leer la columna, El país al revés, lamento su malestar y la cito: “Que Pena sr Casin que usted pierda toda la credibilidad usando falsos argumentos para tartar de connected de que Trump es la mejor option [sic] …”. Nadie puede asegurar que Trump sea lo que necesita el país. Lo que sí se sabe es que una firma tan reputada como Gallup dio por hecho en una encuesta (publicada por The Washington Post) que uno de cada cinco estadounidenses cree que Clinton es deshonesta, mentirosa o no se puede confiar en ella, razón por la cual incluso algunos demócratas se manifestaron contra la señora durante la convención del partido el mes pasado en Filadelfia, vociferando y portando carteles de “Enciérrenla”.
En los dos bandos hay tela por donde cortar. Trump abogó por mayor control de las armas de fuego, ahora se opone; también modificó su posición respecto a la subida del salario mínimo; negó haberse burlado de un reportero discapacitado del New York Times, y sí lo hizo. Clinton estuvo a favor de los tratados comerciales, en la actualidad los cuestiona; objetó el matrimonio de homosexuales, ahora los defiende; apoyó la guerra en Irak, hoy la reprueba. La política es un juego en el que todos los participantes cambian de opinión según gira el viento, y todos, en mayor o menor grado, faltan a la verdad. El asunto es que la señora ha mentido en el ejercicio de cargos públicos con perseverancia y destreza profesional: sobre la salida de ella y su esposo de la Casa Blanca “arruinados” y “llenos de deudas”, sobre su conducta cuando el ataque terrorista al consulado de EEUU en Bengasi, y sobre el escándalo de sus emails. Todas las mentiras no cabrían en el espacio de esta columna.
De modo que después de haber oído al presidente Obama decir que nunca ha existido un hombre o mujer “más capacitado que Hillary Clinton para ser Presidente de EEUU”, me veo forzado a hacer una ligera digresión histórica y retroceder al 2008, cuando el propio Obama disputaba a Hillary Clinton la nominación por los demócratas a la Casa Blanca, y entre los asesores de su campaña circuló un memorando —revelado por la revista The New Yorker— en el que se describía a Clinton de una manera muy diferente.
“A ella la mueve el cálculo político, no la convicción (…) habitualmente se retira y cambia de posiciones (…) está obsesionada con derrotarlos (a los republicanos) más que unificar al país y edificar consenso para conseguir que se hagan las cosas (…) se enorgullece de trabajar con el sistema, no cambiarlo…”. En pocas palabras. Cualquier parecido entre la Clinton de entonces y la de hoy puede verse como algo puramente fortuito. Pero no lo es. Son vicios de la política a los que, lamentablemente, ya puede que estemos acostumbrados. Y por los que seguimos pagando, una y otra vez.
Periodista y escritor cubano.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de agosto de 2016 a las 3:42 p. m. con el titular "Vicios de la política."