SERGIO MUÑOZ BATA: Humildad en vez de triunfalismos
En estos tiempos en los que se asesina y tortura en nombre de Dios, el tema del discurso del presidente Barack Obama durante el desayuno del Día Nacional de Oración celebrado el jueves pasado en Washington D.C. parecía apropiado. Apropiado si olvidamos por un momento que Estados Unidos es un país en el que teóricamente existe una separación entre Iglesia y Estado, y que este es un evento en el que políticos, empresarios y autoridades religiosas se han reunido desde hace 63 años, para orar bajo los auspicios de una organización cristiana.
La intención de Obama en este discurso era mostrar que el fanatismo pervierte los principios religiosos tanto de musulmanes como de cristianos, que las acciones de un grupo minoritario de terroristas no deben servir de pretexto para condenar al Islam, recordarle a la gente que en nombre de la religión se han cometido atrocidades terribles. En pocas palabras, para decirles a todos los presentes que no se debe criticar al prójimo sin revisar las conductas propias.
Por más que nos horroricen los brutales crímenes del Estado Islámico, dijo Obama, en la historia de la humanidad siempre ha habido “una pecaminosa tendencia a pervertir y distorsionar nuestra fe”, y estas no son las primeras fechorías cometidas por un grupo de fanáticos religiosos ni, muy probablemente, las últimas. En nombre de la religión, dijo el Presidente, se han cometido abusos, guerras de conquista, asesinatos y arbitrariedades y puso como ejemplos a las Cruzadas, y los juicios y torturas de la Santa Inquisición. En Estados Unidos, continuó Obama, también en nombre de Dios se decretó la esclavitud y luego se condenó a una raza a vivir segregada y en condiciones inferiores.
Estos son hechos históricos irrefutables pero a pesar de la veracidad de sus palabras y de sus buenas intenciones, sus comentarios provocaron lamentables y enconadas reacciones como la del ex gobernador de Virginia Jim Gilmore, quien acusó al Presidente de “haber ofendido a todos los cristianos en Estados Unidos”.
Otros críticos del discurso han dicho que no cabe la comparación porque no hay “equivalencia moral” entre lo que pasó hace 500 o mil años y lo que está pasando ahora. La historia de las Cruzadas es una historia “centenaria y complicada”, escribió un comentarista conservador, mientras que lo que hace hoy el Estado Islámico son actos terroristas.
Tampoco faltaron quienes dicen que el Presidente debería enfocarse en los enemigos de Estados Unidos y no en la culpa propia, y este es el meollo de la crítica a Obama. A los nacionalistas les cuesta mucho trabajo reconocer los errores y las partes más oscuras de su historia. Siguen creyendo que en la prisión de Abu Ghraib, en Irak y en Guantánamo, Cuba, se hicieron “interrogatorios ásperos” completamente justificables y que no se torturó a nadie. Siguen justificando las invasiones norteamericanas a países de América Latina. Argumentan que el golpe de estado de 1953 en Irán fue políticamente necesario y moralmente justificable.
Aseguran que las invasiones a Irak y Afganistán fueron nobles intentos de Estados Unidos para instaurar la democracia en la región. Juran que Dios le ha otorgado a Estados Unidos un papel excepcional en la historia humana y no toleran que Obama cuestione los mandatos divinos y practique la autocrítica como lo hizo en el discurso que pronunció en El Cairo en 2009.
Concedo que aceptar los yerros de un país no es fácil ni frecuente. El gobierno turco sigue negando su responsabilidad y culpa en el genocidio armenio en el que murieron más de un millón y medio de personas. La derecha japonesa y el gobierno del primer ministro Shinzo Abe tampoco aceptan que sus militares hayan forzado a la prostitución a miles de mujeres coreanas y quieren revertir la disculpa hecha en 1993 por el gobierno en turno. Los austriacos prefieren verse como víctimas de los nazis que como los entusiastas admiradores de Hitler que se muestran en las fotografías que documentan la entrada del Führer a Viena.
Yo coincido con Obama cuando nos recuerda que el triunfalismo estadounidense frecuentemente impide hacer una evaluación seria de lo que hay que hacer para cumplir con la propia imagen del país, y que solo admitiendo estas deficiencias en la historia nacional se pueden solucionar los problemas y el país puede avanzar.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de febrero de 2015, 0:00 p. m. with the headline "SERGIO MUÑOZ BATA: Humildad en vez de triunfalismos."